{"id":617,"date":"2019-06-11T15:30:25","date_gmt":"2019-06-11T15:30:25","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=617"},"modified":"2019-06-11T15:30:25","modified_gmt":"2019-06-11T15:30:25","slug":"dos-crateres-en-la-luna","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2019\/06\/11\/dos-crateres-en-la-luna\/","title":{"rendered":"Dos cr\u00e1teres en la luna"},"content":{"rendered":"<p>Alice Munro abarca en sus relatos espacios amplios de vida, de tiempo. Sus protagonistas no precisan de excesivos detalles para aterrizar en las p\u00e1ginas. Su anonimato discurre silenciosamente, abriendo con discreci\u00f3n alguna singularidad que ning\u00fan final absolver\u00e1. \u201cLa vida de la gente es suficientemente interesante si t\u00fa consigues captarla tal cual es, mon\u00f3tona, sencilla, incre\u00edble, insondable\u201d, declara la autora. Y la geograf\u00eda canadiense que suele elegir es la misma que recorre su biograf\u00eda: pueblos del sur de Ontario rodeados de bosques y lagos, los alrededores de Vancouver, o la capital de la isla de enfrente, Victoria. Sin embargo el \u00faltimo relato de su pen\u00faltimo libro, con el que comparte el t\u00edtulo, \u2018Demasiada felicidad\u2019, se centra en una matem\u00e1tica rusa del siglo XIX, Sofia Kovalevski. El cambio obliga a la autora a introducir una nota final de \u201cAgradecimientos\u201d donde deja constancia del descubrimiento casual de esa mujer hojeando la Enciclopedia Brit\u00e1nica, y de las fuentes que utiliz\u00f3. \u00bfQu\u00e9 fue lo que atrajo su atenci\u00f3n hacia esa matem\u00e1tica de siglo y medio atr\u00e1s?<br \/>\nSiempre ha tenido muy presente Alice Munro su condici\u00f3n de mujer para enfrentarse al quehacer literario. No solo porque elige dicha condici\u00f3n para bastantes de sus protagonistas, sino tambi\u00e9n porque la propia materialidad de su escritura qued\u00f3 penetrada por la parcela de vida dom\u00e9stica que rescataba para ejercerla: solo emprend\u00eda relatos cortos, el vuelo amplio de una novela quedaba fuera del tiempo de que dispon\u00eda en su organizaci\u00f3n familiar. Y siempre como una actividad orillada, una expansi\u00f3n \u00edntima que llevaba al cuarto de planchar para aislarse de la algarab\u00eda de sus hijas peque\u00f1as. Muchos a\u00f1os despu\u00e9s, cuando recibi\u00f3 el premio Nobel en 2013, una foto la retrataba en lo que ella llamaba su estudio: un sof\u00e1  en un peque\u00f1o rinc\u00f3n del sal\u00f3n. La habitaci\u00f3n propia nunca lleg\u00f3. Confesaba en una de las m\u00faltiples declaraciones que hizo cuando le concedieron el Nobel: \u201cRecuerdo una reciente entrevista al escritor irland\u00e9s William Trevor. El periodista cont\u00f3, como si tal cosa, c\u00f3mo la mujer de Trevor entr\u00f3 con una bandeja con t\u00e9 y pastitas mientras ellos escrib\u00edan la nota. \u00a1Ese ego\u00edsmo es para m\u00ed impensable! Yo escribo en un costado de la mesa, atiendo el tel\u00e9fono si suena. Supongo que para tu generaci\u00f3n ser\u00e1 distinto, pero para la m\u00eda, esa parte de la mente del hombre, esa seguridad en que lo que hace es importante, siempre va a ser inalcanzable\u201d.<br \/>\nEn Sofia Kovalevski seguramente Alice Munro encontr\u00f3 el ejemplo de una mujer empe\u00f1ada en desarrollar sus inclinaciones, y de esa chispa surgi\u00f3 una escritura que la obligaba a romper sus rutinas, a viajar a otra \u00e9poca y empaparse del mundo de las matem\u00e1ticas. El acceso a la universidad rusa en la segunda mitad del siglo XIX estaba prohibido a la mujer, salvo con f\u00f3rmulas especiales como las que se implantaron en San Petesburgo, donde organizaban cursos para \u201cesposas educadas\u201d. Solo quedaba la opci\u00f3n de estudiar en el extranjero. La primera mujer rusa en doctorarse en medicina, Nedezhda Suslova, lo hizo en Zurich, en 1867. Pero para cruzar la frontera era necesario un permiso del padre, o del esposo. Sofia, que no se resignaba a abandonar las matem\u00e1ticas, se acogi\u00f3 a un truco que pon\u00edan en pr\u00e1ctica los nihilistas, un movimiento al que estaba cercana: el \u201cmatrimonio ficticio\u201d. Un tal Vladimir Kovalevski se ofreci\u00f3 a casarse con ella, y con la ayuda de su pasaporte pudo llegar a Berl\u00edn.<br \/>\nLa vida de Sofia fue demasiado amplia e intensa como para reducirla a un cuento o narraci\u00f3n breve. Y de hecho lo que recoge \u2018Demasiada felicidad\u2019 es casi una novela, una novela corta que duplica en p\u00e1ginas a los dem\u00e1s relatos del libro. La narraci\u00f3n se ve obligada a fragmentarse en pinceladas biogr\u00e1ficas en las que es dif\u00edcil reconocer el aliento org\u00e1nico que gobierna habitualmente la prosa de Munro. Un personaje decisivo en la formaci\u00f3n de Sofia Kovalevski fue el matem\u00e1tico alem\u00e1n Karl Weierstrass, que le abri\u00f3 su casa para las clases que no pod\u00eda recibir en la universidad de Berl\u00edn, tambi\u00e9n cerrada para las mujeres. El teorema m\u00e1s famoso que ha quedado de este matem\u00e1tico, el titulado como Bolzano-Weierstrass,  necesita de los conceptos de funci\u00f3n continua y  conjunto compacto. Precisamente lo continuo y lo compacto se escurren y diluyen en la prosa de Munro, fascinada por la batalla incesante de Sofia Kovalevski para que ninguna puerta cerrase sus investigaciones. Una batalla que se disgrega en demasiados frentes hasta quitar ritmo a la narraci\u00f3n, al tiempo que enferma a su protagonista. Ella est\u00e1 en la cumbre de su carrera, acaba de recibir el premio Bordin en Par\u00eds y su amante Maksim le propone un matrimonio que respeta su dedicaci\u00f3n cient\u00edfica. Pero se arrastra sobre un cuerpo castigado y enfermo que se derrumba. \u201cDemasiada felicidad\u201d, musita Sofia antes de cerrar definitivamente los ojos. Un cr\u00e1ter lleva su nombre en la luna, anota lac\u00f3nicamente Munro para cerrar la narraci\u00f3n. No estar\u00e1 muy lejos del que tambi\u00e9n recibi\u00f3 su maestro Weierstrass. En la luna de aulas abiertas nadie les impedir\u00e1 juntarse para hablar de integrales el\u00edpticas, o de los anillos de Saturno, visibles desde los cr\u00e1teres donde se alojan.<br \/>\n(publicado en <em>La sombra del cipr\u00e9s <\/em>el viernes 7 de junio de 2019)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alice Munro abarca en sus relatos espacios amplios de vida, de tiempo. Sus protagonistas no precisan de excesivos detalles para aterrizar en las p\u00e1ginas. 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