{"id":642,"date":"2019-10-30T09:18:37","date_gmt":"2019-10-30T09:18:37","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=642"},"modified":"2019-10-30T09:18:37","modified_gmt":"2019-10-30T09:18:37","slug":"una-estetica-de-pliegos-de-cordel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2019\/10\/30\/una-estetica-de-pliegos-de-cordel\/","title":{"rendered":"Una est\u00e9tica de pliegos de cordel"},"content":{"rendered":"<p>Pilar Mir\u00f3 fue siempre una rareza, un ser distinto que quebraba normas y prudencias en los primeros a\u00f1os del posfranquismo. En la esfera p\u00fablica lleg\u00f3 a ostentar cargos importantes en cine y televisi\u00f3n. Y en lo privado su fr\u00e1gil independencia sentimental fue continuamente atendida por la prensa del coraz\u00f3n. Cargaba con esa rareza, y era consciente de ella, como declaraba en una larga entrevista en \u2018Dirigido por\u2019 a principios de 1980: \u201cLa popularidad es una frivolidad en la que te ves metida aunque trates de que no sea as\u00ed, lo que pasa que en mi caso no me he podido librar nunca del sambenito de ser la primera y de que siempre surja como ejemplo de lo que sea, siempre soy el ejemplo de algo, pero a m\u00ed eso me entristece bastante\u201d. La singularidad de su car\u00e1cter sin embargo no tuvo un correlato art\u00edstico a parecida altura. De su filmograf\u00eda poco queda que merezca la pena revisar. Las palabras que dedic\u00f3 en esa entrevista a sus trabajos en televisi\u00f3n tal vez valgan como marco general para su obra: \u201cYo nunca he hecho nada ni lo suficientemente malo para que se diga que es malo, pero tampoco lo suficientemente bueno para crear un mito\u201d. Salvo que pongamos en un mismo plato arte y populismo, creaci\u00f3n y oportunidad. Desde esa estrategia h\u00edbrida desembarcamos en el \u00e9xito de\u00a0 \u2018El crimen de Cuenca\u2019.<\/p>\n<p>La pel\u00edcula se inicia con un ciego que recita versos que historian un crimen, mientras un ni\u00f1o recorre con un puntero las vi\u00f1etas que ilustran la cantinela. Luego vender\u00e1 unas hojillas, parientes impresas de los antiguos pliegos de cordel. La escena es importante, pues en ella aparece entre la concurrencia El Cepa, el supuesto asesinado que narran las coplas, lo que obliga a abrir la narraci\u00f3n en un amplio flash back que recorra los hechos desde el principio. Pero lo es tambi\u00e9n porque ese marco de los cantares de ciego imprime a la pel\u00edcula una vocaci\u00f3n popular que exige un realismo directo en la puesta en escena. Se trata de que todo sea reconocible de forma inmediata: el mundo pueblerino, las plazas y callejuelas, la manera de hablar un tanto deformada. Y como la producci\u00f3n es modesta y sin tiempo para los matices, el atrezo de los personajes se queda en el clich\u00e9, con ropas demasiado nuevas hasta en los m\u00e1s humildes. Los rostros pertenecen a extras que no conocieron las carencias alimenticias o medicinales de principios de siglo. El conjunto arroja un aire conocido de eficacia r\u00e1pida, aumentada por una planificaci\u00f3n ajustada a la dramaturgia, con muchos primeros planos. En resumen, una est\u00e9tica televisiva, coherente con la formaci\u00f3n de Pilar Mir\u00f3: entr\u00f3 en televisi\u00f3n con poco m\u00e1s de veinte a\u00f1os, y pronto dirigi\u00f3 su primer proyecto, \u2018Lili\u2019, por una concesi\u00f3n especial del que en 1966 era el director de programas, Adolfo Su\u00e1rez.<\/p>\n<p>Pero el realismo chato de la producci\u00f3n coge otro vuelo si se cruza con el aire del cantar de ciego: \u201cY no contentos con eso \/ en vi\u00e9ndole la cabeza \/ la noble parte del hombre \/ se la cogen con las manos \/ se la cascan con dos piedras. \/ Morcillas all\u00ed parecen \/ las carnes del pobre Cepa\u201d. Ahora el realismo asciende a naturalismo, con fases de truculencia. Si el crimen no se puede mostrar, porque no hubo tal crimen, no se escatiman las torturas que la Guardia Civil aplica a los acusados para obtener su confesi\u00f3n. Toda una colecci\u00f3n de suplicios, desde el b\u00e1sico de los golpes en grupo a los sofisticados que comprometen el pene, que imponen la sed, que arrancan los pelos del bigote, y que, \u00a1agggh!, revientan las u\u00f1as. Servidos en primer\u00edsimos planos centrados en el sufrimiento. Y como fondo dram\u00e1tico una esquem\u00e1tica contraposici\u00f3n entre buenos y malos. Buenos que son pobres, y adem\u00e1s inocentes, y tambi\u00e9n explotados. Malos que son poderosos, y ambiciosos en mantener su poder, y carentes de escr\u00fapulos; jueces, curas, guardias civiles. El espectador, a poco que se logre la verosimilitud de lo narrado, queda atrapado en el juego de opuestos, con el aliciente inconfesable de la pulsi\u00f3n por ver esas vejaciones inauditas, tal vez alojadas en el inconsciente de cualquier ciudadano atento a los usos policiales del franquismo.<\/p>\n<p>Pilar Mir\u00f3 es capaz de gobernar con tino esa vieja f\u00f3rmula del manique\u00edsmo popular y escatol\u00f3gico, e incluso la abrillanta con escenas como la del encuentro final. Adem\u00e1s la direcci\u00f3n de actores es impecable, con matr\u00edcula de honor para H\u00e9ctor Alterio, y para Guillermo Montesinos, que sabe poner la fealdad de su cuerpo al servicio de El Cepa. Para que se redondease la taquilla solo quedaba el regalo de una tormenta pol\u00edtica que traspasase a la realidad la lucha entre poderosos y oprimidos. Y sucedi\u00f3. Con la ayuda de los \u00faltimos coletazos del franquismo, sucedi\u00f3.<\/p>\n<p>(publicado en<em> La sombra del cipr\u00e9s<\/em> el 4 de octubre de 2019)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pilar Mir\u00f3 fue siempre una rareza, un ser distinto que quebraba normas y prudencias en los primeros a\u00f1os del posfranquismo. En la esfera p\u00fablica lleg\u00f3 a ostentar cargos importantes en cine y televisi\u00f3n. Y en lo privado su fr\u00e1gil independencia sentimental fue continuamente atendida por la prensa del coraz\u00f3n. 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