{"id":648,"date":"2019-12-13T18:41:15","date_gmt":"2019-12-13T18:41:15","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=648"},"modified":"2019-12-13T18:41:15","modified_gmt":"2019-12-13T18:41:15","slug":"enfurecete-ante-la-muerte-de-la-luz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2019\/12\/13\/enfurecete-ante-la-muerte-de-la-luz\/","title":{"rendered":"Enfur\u00e9cete ante la muerte de la luz"},"content":{"rendered":"<p>\u201cAntes mir\u00e1bamos hacia arriba buscando qu\u00e9 lugar ocupar\u00edamos entre las estrellas. Ahora miramos hacia abajo angusti\u00e1ndonos con qu\u00e9 lugar ocuparemos entre el polvo. Es como si hubi\u00e9ramos olvidado qui\u00e9nes somos: exploradores, pioneros, no cultivadores\u201d. Es la queja con la que arranca \u2018Interestelar\u2019 en boca de su protagonista, un antiguo piloto de viajes espaciales que tras la crisis que derrumba su sociedad avanzada debe preocuparse por cultivar la tierra para poder comer. Las tormentas de polvo arruinan las cosechas, y en unas escenas que evocan \u2018Las uvas de la ira\u2019 los granjeros emigran en busca de sustento. En los a\u00f1os 30 del siglo XX la epopeya escrita por John Steinbeck y filmada por John Ford se sub\u00eda a la caravana de hambrientos que vagaba de un estado a otro. Bastantes d\u00e9cadas despu\u00e9s, el personaje de la pel\u00edcula de Christopher Nolan busca los caminos salvadores en el cielo de planetas y estrellas. El viaje, terrestre o c\u00f3smico, es el motor de una promesa de redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>La b\u00fasqueda de nuevas fronteras, el paso hacia tierras in\u00e9ditas, ha ido pegada al cine desde su nacimiento. Al poco de registrar su invento los hermanos Lumi\u00e8re enviaron operadores con c\u00e1mara y pel\u00edcula virgen a destinos cada vez m\u00e1s alejados de Par\u00eds. El invento constru\u00eda una nueva forma de exploraci\u00f3n, era en s\u00ed mismo la propuesta de un viaje hacia lo desconocido. En un par de a\u00f1os Georges M\u00e9li\u00e8s incorpor\u00f3 la otra gran veta indagatoria: la imaginaci\u00f3n. Bajo su impulso los fondos submarinos o la superficie lunar fueron aterrizando en la pantalla. La c\u00e1mara alcanzaba las fronteras y confines que la sociedad demandara: pod\u00eda contar la mitolog\u00eda norteamericana de la conquista del Oeste, habitar las profundidades de la selva africana o rehacer a conveniencia distintos conflictos b\u00e9licos. Detr\u00e1s de esas decisiones estaban las angustias y las esperanzas del p\u00fablico que luego las reconocer\u00eda frente a la pantalla. Con ese enganche sociol\u00f3gico es f\u00e1cil hermanar al protagonista de \u2018Interestelar\u2019 con el espectador actual: su civilizaci\u00f3n en ruinas est\u00e1 en nuestro horizonte, tal vez su pesadilla sea la que les espera a nuestros nietos. De esas predicciones pesimistas ha ido surgiendo el g\u00e9nero cinematogr\u00e1fico de un viaje cuyas coordenadas ficcionales son el tiempo futuro y un espacio que desborda necesariamente, por caduco y limitado, el del planeta terrestre.<\/p>\n<p>El asentamiento de ese g\u00e9nero tiene un canon n\u00edtido e indiscutible: \u20182001: una odisea del espacio\u2019. Un t\u00edtulo de aires hom\u00e9ricos en el que solo se agosta la fecha, anotada sin margen previsor en el guion de Arthur C. Clarke. La pel\u00edcula que firma Stanley Kubrick en 1968 labra una est\u00e9tica del cosmos y las naves que lo surcan que cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s se muestra imbatible, prolongada en numerosos ep\u00edgonos. Su columna vertebral es un viaje de investigaci\u00f3n antropol\u00f3gica, una b\u00fasqueda de explicaci\u00f3n para un misterioso monolito de geometr\u00eda plat\u00f3nica localizado en otro planeta. Y la prueba central que debe superar el tripulante para hacerse merecedor del destino es la larga pelea que le enfrenta al robot rebelde, el inolvidable HAL, la m\u00e1quina que presiente su propia muerte. Tras la victoria se abrir\u00e1 la puerta de una cuarta dimensi\u00f3n c\u00f3smica para engendrar un nuevo ser humano. Un final ambicioso y desbordado en el que se dejan ver las costuras f\u00edsicas de la teor\u00eda de la relatividad.<\/p>\n<p>Desde entonces el cine no ha dejado de embarcarse una y otra vez en esa prospecci\u00f3n del futuro. Andr\u00e9i Tarkovski le dio raigambre metaf\u00edsica en \u2018Solaris\u2019 (1972), mientras que Ridley Scott introdujo en la nave espacial de \u2018Alien\u2019 (1979), con soltura hollywoodense, el peligro del monstruo informe y desconocido. Pero ha sido en estos \u00faltimos a\u00f1os de nubarrones ecol\u00f3gicos y clim\u00e1ticos cuando se han generado con m\u00e1s energ\u00eda nuevas b\u00fasquedas espacio-temporales. \u2018Gravity\u2019 (2013), de Alfonso Cuar\u00f3n, inyecta humanismo a un vagabundeo solitario en el espacio. Ridley Scott traslada en \u2018Marte\u2019 (2015) la epopeya did\u00e1ctica de Robinson Crusoe a la superficie del planeta rojo. La ciencia tambi\u00e9n aporta ideas: los agujeros negros de la f\u00edsica te\u00f3rica marcan el final del trayecto de Claire Denis en \u2018High Life\u2019 (2018).<\/p>\n<p>Tal vez la historia m\u00e1s pegada a nuestros fantasmas sea la que propone \u2018Interestelar\u2019 (2014). Se ubica en un tiempo tan avanzado que los viajes espaciales son recordados como falsas antiguallas. En la escuela se explica que la llegada a la Luna no fue m\u00e1s que una mentira estrat\u00e9gica ideada para buscar la ruina de los competidores sovi\u00e9ticos. En ese ambiente colectivo de derrota el protagonista descubre un peque\u00f1o reducto secreto de la NASA que no acepta el fin de las exploraciones espaciales. Unos versos de Dylan Thomas gu\u00edan la rebeld\u00eda del grupo: \u201cEnfur\u00e9cete, enfur\u00e9cete ante la muerte de la luz\u2026\u201d. El viaje que parte en pos de nuevos planetas donde rehacer la vida humana se construye con explicaciones cient\u00edficas, no siempre f\u00e1ciles de asimilar, sobre agujeros negros y agujeros de gusano. Pero la f\u00edsica te\u00f3rica redime su potencial narrativo con la explotaci\u00f3n de la paradoja del tiempo relativista: para los que viajan a velocidades cercanas a la de la luz el tiempo transcurre sin concordancia con el de los que se quedan en tierra. Una hora en la nave son d\u00e9cadas aqu\u00ed, y as\u00ed llega el gran desgarro de que un padre vigoroso reencuentra a su hija ya centenaria en el lecho de muerte.<\/p>\n<p>Siempre hay que pagar un precio por el viaje. Dejar\u00e1 heridas, p\u00e9rdidas, pero tambi\u00e9n sembrar\u00e1 experiencia, sabidur\u00eda. En la \u00faltima obra relevante de este nutrido g\u00e9nero, \u2018Ad Astra\u2019 (2019), el astronauta ideado por James Gray rompe toda disciplina para llegar a la misi\u00f3n donde su padre se aisl\u00f3 treinta a\u00f1os atr\u00e1s. Viaja tan lejos para rehacer el cord\u00f3n umbilical \u2013la sonda espacial que les une-, estrecharse las manos y mirarse a los ojos antes de desaparecer. \u201cNo s\u00e9 qu\u00e9 futuro me espera. Pienso vivir y pienso amar\u201d, confiesa el astronauta a su vuelta. La paz. No es bot\u00edn escaso.<\/p>\n<p>(publicado en La sombra del cipr\u00e9s el viernes 6 de diciembre)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cAntes mir\u00e1bamos hacia arriba buscando qu\u00e9 lugar ocupar\u00edamos entre las estrellas. Ahora miramos hacia abajo angusti\u00e1ndonos con qu\u00e9 lugar ocuparemos entre el polvo. Es como si hubi\u00e9ramos olvidado qui\u00e9nes somos: exploradores, pioneros, no cultivadores\u201d. 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