{"id":659,"date":"2020-03-24T19:52:23","date_gmt":"2020-03-24T19:52:23","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=659"},"modified":"2020-03-24T19:52:23","modified_gmt":"2020-03-24T19:52:23","slug":"las-ventanas-de-la-mansion-de-bly","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2020\/03\/24\/las-ventanas-de-la-mansion-de-bly\/","title":{"rendered":"Las ventanas de la mansi\u00f3n de Bly"},"content":{"rendered":"<p>A finales del XIX la novela de fantasmas, la \u2018ghost story\u2019, se convirti\u00f3 en un producto literario muy demandado por los lectores anglosajones. Henry James no le prest\u00f3 atenci\u00f3n en sus primeras obras, que iban en paralelo a sus experiencias de norteamericano trasplantado en Europa. Pero a partir de 1870 comenz\u00f3 a publicar cuentos de ambiente sobrenatural, a los que alud\u00eda como \u201cla forma m\u00e1s aceptable del cuento de hadas\u201d. Cuando se instal\u00f3 en 1896 en Lamb House, una casa que compr\u00f3 en el condado de Sussex, cerca de Londres, sinti\u00f3 una soledad y una inquietud nueva. \u201cVeo fantasmas por todas partes\u201d, escribi\u00f3 a un amigo. Llevaba tiempo interesado por temas paranormales, y segu\u00eda los testimonios de personas afectadas por ellos que recog\u00eda la Society for Psychical Research, de la que su hermano William James, eminente psic\u00f3logo, era presidente en Estados Unidos. En esos testimonios los fantasmas se caracterizaban por rasgos que nada ten\u00edan que ver con las novelas g\u00f3ticas que triunfaban: eran visibles de d\u00eda o de noche, con cualquier luz, y rodeados de silencio. Teniendo muy en cuenta esas indicaciones, en el oto\u00f1o de 1897 Henry James dict\u00f3 a su mecan\u00f3grafo lo que luego ser\u00eda \u2018Vuelta de tuerca\u2019.<\/p>\n<p>Lo que llam\u00f3 pronto la atenci\u00f3n sobre esa obra no fue solamente el abandono de la espectacularidad sobrenatural que te\u00f1\u00eda el g\u00e9nero, lo que daba al relato una inquietante proximidad con la realidad cotidiana. Henry James se apoy\u00f3 tambi\u00e9n en sus reflexiones sobre la enunciaci\u00f3n, sobre el punto de vista que la organizaba. M\u00e1s all\u00e1 del narrador omnisciente y su transparencia ante los hechos, la escritura de James se configura desde un v\u00e9rtice observador sin capacidad totalitaria: \u201cLa casa de la narrativa no tiene una sola ventana, sino un mill\u00f3n\u201d, se\u00f1alaba en el pr\u00f3logo a \u2018El retrato de una dama\u2019. La voz de \u2018Vuelta de tuerca\u2019 pertenece a uno de sus protagonistas, la institutriz de unos ni\u00f1os en la mansi\u00f3n de Bly. Pero habla desde un manuscrito que refiere unos hechos de bastantes a\u00f1os atr\u00e1s, y que ella entrega a otra persona antes de morir. A ese manuscrito se da lectura en una velada navide\u00f1a, y es el centro, aunque no exclusivo, de la obra. En esta cadena de intermediarios entre los hechos y el lector se va desperdigando la subjetividad de lo narrado, lo que dificulta a\u00fan m\u00e1s la respuesta a las preguntas decisivas. \u00bfSon reales los fantasmas, o son producto de la mente perturbada de la narradora? \u00bfSon inocentes los ni\u00f1os, o perversos? El texto no es capaz de doblegar esa ambig\u00fcedad que tanto inquieta al lector, convirti\u00e9ndose en su atractivo principal, en su temblor profundo.<\/p>\n<p>A pesar de sus riesgos y novedades, las artes esc\u00e9nicas se ocuparon de la novela. En 1950 se estren\u00f3 una versi\u00f3n teatral de William Archibald. Benjamin Britten dio forma oper\u00edstica en 1954 a un libreto de Myfanwy Piper, \u2018The Turn of the Screw\u2019. Pero ha sido el cine quien se encandil\u00f3 repetidamente con esa novela de Henry James, m\u00e1s que con cualquier otra. El n\u00famero de adaptaciones supera la quincena. Las inaugur\u00f3 Jack Clayton en 1961, con bastante fidelidad a la obra original: \u2018The Innocents\u2019, que en Espa\u00f1a recibi\u00f3 el absurdo t\u00edtulo de \u2018Suspense\u2019. Tambi\u00e9n se apunt\u00f3 al disparate del t\u00edtulo \u2018Los \u00faltimos juegos prohibidos\u2019, \u2018The Nightcomers\u2019 en la adaptaci\u00f3n de Michael Winner de 1971, que indagaba en la vida anterior de los fantasmas. Entre otras versiones, olvidables en su mayor\u00eda, dos espa\u00f1olas: la apreciable \u2018El celo\u2019, de 2000, \u00fanica pel\u00edcula dirigida por el mallorqu\u00edn Antoni Aloy, que trasplanta a la isla la mansi\u00f3n de la campi\u00f1a inglesa. Y la desma\u00f1ada de Eloy de la Iglesia en 1985, que cambia a la institutriz por un jesuita exclaustrado. Las versiones llegan hasta ahora mismo: en abril se espera el estreno de \u2018The Turning\u2019, de Flora Sigismondi.<\/p>\n<p>El problema fundamental que debe afrontar cualquier traslaci\u00f3n al cine es esa ambig\u00fcedad que James inocul\u00f3 en el coraz\u00f3n del relato al confiarlo a la voz de la institutriz. Y es que el cine cojea de voz o punto de vista subjetivo, salvo en planos concretos y epis\u00f3dicos. En nuestro lenguaje natural basta con una elecci\u00f3n del tiempo verbal para saber qui\u00e9n est\u00e1 detr\u00e1s del texto. El cine, privado de esa marca personal de la gram\u00e1tica, intenta ensayar alguna que la sustituya: por ejemplo, la voz de un narrador, que de todas formas no ci\u00f1e con suficiencia la vida propia de las im\u00e1genes. Cabe tambi\u00e9n una apuesta m\u00e1s fuerte y cinematogr\u00e1fica: ceder el punto de observaci\u00f3n a los ojos de un protagonista, colocar la c\u00e1mara en ellos. Pero esa exclusividad nunca funciona, deja una monoton\u00eda visual y dram\u00e1tica contraria a los intereses de un relato. El balance no tiene rev\u00e9s: los juegos de subjetividad, esa ambig\u00fcedad que convierte el cuento de James en un sutil hilo de terror con el que envuelve al lector, no tiene correlato directo en el cine. Aun as\u00ed la adaptaci\u00f3n de Clayton, la primera y sin duda la mejor, es consciente de esa carencia y explora procedimientos indirectos para mitigarla. As\u00ed, todas las escenas cuentan con la presencia de la institutriz, que se convierte en el testigo indispensable, casi en emanante de los hechos. Se potencia tambi\u00e9n el ambiente enfermizo de la mansi\u00f3n, una atm\u00f3sfera delirante que contagia lo que la c\u00e1mara muestra, aunque sea a costa de introducir recursos g\u00f3ticos que James elud\u00eda cuidadosamente. Y adem\u00e1s la pel\u00edcula de Clayton se muestra muy s\u00f3lida en aspectos decisivos para el resultado: fotograf\u00eda, puesta en escena, interpretaci\u00f3n. Pero siempre queda la a\u00f1oranza de esa pluralidad de ventanas que Henry James abre, o cierra, sobre la mansi\u00f3n de Bly y sus indecidibles fantasmas.<\/p>\n<p>(publicada en La sombra del cipr\u00e9s, suplemento cultural de El Norte de Castilla, el viernes 6 de marzo)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A finales del XIX la novela de fantasmas, la \u2018ghost story\u2019, se convirti\u00f3 en un producto literario muy demandado por los lectores anglosajones. Henry James no le prest\u00f3 atenci\u00f3n en sus primeras obras, que iban en paralelo a sus experiencias de norteamericano trasplantado en Europa. 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