{"id":709,"date":"2020-11-19T16:10:48","date_gmt":"2020-11-19T16:10:48","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=709"},"modified":"2020-11-19T16:10:48","modified_gmt":"2020-11-19T16:10:48","slug":"el-personaje-dickens","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2020\/11\/19\/el-personaje-dickens\/","title":{"rendered":"El personaje Dickens"},"content":{"rendered":"<p>Charles Dickens titul\u00f3 algunas de sus novelas m\u00e1s conocidas con el nombre de su protagonista: \u2018Oliver Twist\u2019, \u2018David Copperfield\u2019, \u2018Martin Chuzzlewit\u2019 o \u2018Nicholas Nickleby\u2019. Eran personajes que de alguna manera entraron en sus novelas despu\u00e9s de rozarle con sus vidas y poner en marcha su portentosa imaginaci\u00f3n. Siempre atento a lo que suced\u00eda ante sus ojos, Dickens fue labrando sobre sus espaldas, sin darse cuenta, el personaje que podr\u00eda ser suma y a la vez intersecci\u00f3n de todos los que iba maquinando: \u00e9l mismo, con su desparramada biograf\u00eda. Afortunadamente para este fil\u00f3n narrativo, vivi\u00f3 en un pa\u00eds, Inglaterra, en el que los hechos no se ahogan en su acaecer. Por una tradici\u00f3n cultural y social largamente respetada, correspondencias, anotaciones, testimonios, diarios, peri\u00f3dicos\u2026 cualquier soporte de memoria es conservado y puesto a disposici\u00f3n de los investigadores. Al poco de morir Dickens, su colaborador y amigo m\u00e1s cercano, John Forster, public\u00f3 en tres vol\u00famenes \u2018Vida de Charles Dickens\u2019. Su agente George Dolby anot\u00f3 sus recuerdos en \u2018Charles Dickens tal como lo conoc\u00ed\u2019. Y la lista de indagaciones biogr\u00e1ficas fue creciendo hasta culminar con dos colosales obras: la que le dedica Peter Ackroyd en 1990, y la de Claire Tomalin en 2011. Tras esa vida tejida en palabras, el novelista es uno m\u00e1s entre sus personajes, como figura en el c\u00e9lebre cuadro que le dedic\u00f3 Robert William Buss.<\/p>\n<p>La existencia de Charles Dickens estuvo siempre marcada por la inestabilidad. Vivi\u00f3 en multitud de casas, corri\u00f3 de un pa\u00eds a otro, ensay\u00f3 m\u00faltiples oficios, se enred\u00f3 en l\u00edos amorosos que agujereaban la r\u00edgida moral victoriana. Esa variedad inacabable de gentes, lugares y sentimientos fue la fuente de inspiraci\u00f3n principal para su escritura. Ten\u00eda una capacidad de atenci\u00f3n extrema, y una gran memoria. Como anota Peter Ackroyd, \u201clleg\u00f3 a comparar su cerebro con un archivador o con una placa fotogr\u00e1fica capaz de captar hasta las m\u00e1s nimias impresiones\u201d. En cierta ocasi\u00f3n repar\u00f3 en un anuncio en \u2018The Times\u2019 en el que se solicitaban donativos para una escuela. Sin pensarlo mucho, se acerc\u00f3 al lugar, una casa en ruinas en la que el hedor impidi\u00f3 a su acompa\u00f1ante acceder, y en la que un grupo de chavales mugrientos se rio de su aspecto impecable. Al cabo de pocas semanas hab\u00eda terminado \u2018Canci\u00f3n de Navidad\u2019, en donde introduce a dos ni\u00f1os inspirados en los de aquel antro. Para ampliar la riqueza de lo que capturaban sus ojos, Dickens dispon\u00eda de una herramienta aprendida en sus a\u00f1os de periodista de juicios y debates pol\u00edticos: la taquigraf\u00eda, con la que anotaba al vuelo expresiones y giros populares que daban m\u00e1s verosimilitud a las situaciones.<\/p>\n<p>Frente al clich\u00e9 del escritor retirado y aislado sobre su pluma y sus folios por rellenar, Dickens vivi\u00f3 en permanente mudanza. En su infancia su familia cambiaba sin cesar de residencia por los traslados profesionales de su padre, un empleado de la Pagadur\u00eda de la Armada siempre endeudado, hasta acabar en la c\u00e1rcel cuando Dickens ten\u00eda 12 a\u00f1os y hab\u00eda comenzado a trabajar en una f\u00e1brica de bet\u00fan. Ni siquiera el primer triunfo literario con \u2018Papeles p\u00f3stumos del Club Pickwick\u2019 le fij\u00f3 en ning\u00fan sitio. Alquilaba casas sin cesar, aposentos, pasaba noches en hoteles, cruzaba el Estrecho para escribir en Boulogne y volv\u00eda a los tres d\u00edas urgido por la revista que dirig\u00eda, caminaba kil\u00f3metros y kil\u00f3metros.\u2026 En 1856 escrib\u00eda a su amigo Forster: \u201cEn cuanto a la tranquilidad, algunos desconocemos el significado de esa palabra\u201d. Un a\u00f1o cualquiera, 1844: con 32 a\u00f1os Dickens, casado desde hace ocho y con varios hijos a su cargo, se enamora de una joven de 18 a\u00f1os; lucha para acabar \u2018Martin Chuzzlewit\u2019; est\u00e1 harto de su mujer y sus embarazos;\u00a0 \u201cMe veo en la m\u00e1s negra ruina\u201d, confiesa; compra una diligencia para trasladarse con su familia a G\u00e9nova; alquila all\u00ed el Palazzo Peschiere, donde permanecer\u00e1 casi un a\u00f1o con viajes por toda Italia&#8230; As\u00ed se enhebran sus d\u00edas, dejando una biograf\u00eda apasionante con episodios tan destacados como sus viajes a Estados Unidos, o sus giras de varios meses dando lecturas p\u00fablicas de sus obras ante miles de entusiasmados oyentes, o el descarrilamiento del tren en las cercan\u00edas de Dover en 1865, del que se repuso malamente. Este accidente sac\u00f3 a la luz a su acompa\u00f1ante, la joven Ellen (Nelly) Ternan, la que hab\u00eda encendido los celos de Catherine, mujer de Dickens hasta su divorcio en 1860, con la que tuvo diez hijos.<\/p>\n<p>Fue, adem\u00e1s, el escritor m\u00e1s famoso de su tiempo. Sus novelas, construidas por entregas mensuales o semanales, eran esperadas con avidez por el p\u00fablico. En Estados Unidos su popularidad fue a\u00fan mayor que en Europa. Cuando lleg\u00f3 a Boston en su segundo viaje un peri\u00f3dico aseguraba: \u201chasta por dos veces en tan solo veinticuatro horas se hab\u00edan barrido las calles de un extremo a otro de la ciudad\u201d. Para asistir a sus lecturas se formaban colas en las que la gente llevaba colchones, comida y tabaco. Nadie estaba a su altura. Thomas Hardy, entonces estudiante de arquitectura antes que novelista c\u00e9lebre, le tuvo a su lado en un caf\u00e9 de Charing Cross: \u201cConfiaba en que alzara los ojos, reparase en el joven estrafalario que ten\u00eda a su lado e hiciera alg\u00fan comentario, aunque no fuera m\u00e1s que acerca del tiempo\u201d. Unos meses antes de morir, en marzo de 1870, la reina Victoria le recibi\u00f3 en el palacio de Buckingham. Hablaron de los problemas del servicio, del precio de la carne, del asesinato de Lincoln. Se rumore\u00f3 que la reina le hab\u00eda ofrecido el t\u00edtulo de \u2018sir\u2019, incluso el de \u2018lord\u2019. No importaba demasiado, \u00e9l ya era Charles Dickens.<\/p>\n<p>(publicado en <em>La sombra del cipr\u00e9s<\/em>, suplemento cultural de <em>El Norte de Castilla<\/em>, el 13 de noviembre de 2020)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Charles Dickens titul\u00f3 algunas de sus novelas m\u00e1s conocidas con el nombre de su protagonista: \u2018Oliver Twist\u2019, \u2018David Copperfield\u2019, \u2018Martin Chuzzlewit\u2019 o \u2018Nicholas Nickleby\u2019. Eran personajes que de alguna manera entraron en sus novelas despu\u00e9s de rozarle con sus vidas y poner en marcha su portentosa imaginaci\u00f3n. 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