{"id":725,"date":"2021-10-14T16:59:14","date_gmt":"2021-10-14T16:59:14","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=725"},"modified":"2021-10-14T16:59:14","modified_gmt":"2021-10-14T16:59:14","slug":"desnudo-y-unico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2021\/10\/14\/desnudo-y-unico\/","title":{"rendered":"Desnudo y \u00fanico"},"content":{"rendered":"<p>En uno de los estudios con los que Miguel Casado ha ido ci\u00f1endo las ediciones de la poes\u00eda de Antonio Gamoneda, se afirmaba: \u201cLa obra y el transcurso de la obra han llegado a ser lo mismo. Y no ya como materia la una del otro, sino como una materia \u00fanica: la escritura es la vida\u201d. Esta certeza necesit\u00f3 a veces para su rastreo y edificaci\u00f3n de esfuerzos hermen\u00e9uticos acordes con la complejidad del hacer po\u00e9tico del autor. Y se refrend\u00f3, y en cierta manera se ilumin\u00f3 y allan\u00f3, cuando Antonio Gamoneda se empe\u00f1\u00f3 en una tarea memorialista expl\u00edcita, que por ahora se ha conformado en dos vol\u00famenes: \u2018Un armario lleno de sombra\u2019, de 2009, y \u2018La pobreza\u2019, que vio la luz la primavera pasada.<\/p>\n<p>El arranque del primero ilustra esa mutua dependencia entre la escritura y la vida. A\u00f1os despu\u00e9s de la muerte de su madre, Antonio Gamoneda abre el armario en el que ella guardaba ropas y objetos personales. La oscuridad de su interior se va iluminando cuando el tacto, los aromas o el orden presentido van devolviendo sensaciones y vivencias que el poeta encaja en p\u00e1rrafos minuciosos. De la oscuridad sale la luz, del olvido all\u00ed encerrado surgen los recuerdos con los que teje una escritura que sacude lo inerte hasta acercarlo a la vibraci\u00f3n existencial: \u201cY entonces ocurri\u00f3 algo que me envolvi\u00f3 en su realidad f\u00edsica: sent\u00ed el olor de mi madre. Viva\u201d. El armario es met\u00e1fora de su cabeza, de su cuerpo y de su biograf\u00eda. Solo hay que abrirlo y dejarse caer en su interior, sin defensas ni m\u00e1s esperanzas de captura que las que segreguen las sombras del pasado. El resultado son esos dos tomos en los que se trenza, sin imposiciones cronol\u00f3gicas, una experiencia personal y un tiempo que la envuelve. Un tiempo que arranca en el ni\u00f1o de la guerra y de la posguerra que Gamoneda fue, con la cercan\u00eda de las cuerdas de presos, de los cad\u00e1veres en las charcas, del fr\u00edo y de la miseria. Y que con paciencia se eleva hacia su formaci\u00f3n autodidacta, lejos del colegio de agustinos que le humilla, para arribar a la entrada en el mundo laboral a los catorce a\u00f1os que cierra el primer volumen. En el segundo veremos expandirse ese sufriente destino de auxiliar bancario hacia la poes\u00eda, al amparo inicial de los fundadores de \u2018Espada\u00f1a\u2019; hacia la militancia pol\u00edtica en la clandestinidad, y hacia otros puestos y actividades m\u00e1s acordes con su vocaci\u00f3n literaria.<\/p>\n<p>En ese largo trayecto Gamoneda consigue el milagro que siempre debe ser horizonte de cualquier recuento de memorias: que los avatares personales abandonen su particularidad para engarzarse en una representaci\u00f3n superior del tiempo y la sociedad en que se desenvuelven. Las sangres b\u00e9licas y los gritos de los represaliados que llegan al ni\u00f1o Gamoneda, o el sometimiento y la vulgaridad que penetra la sociedad leonesa, se convierten en su prosa en un testigo amplificado de lo que suced\u00eda en cualquier rinc\u00f3n de Espa\u00f1a en esos a\u00f1os de penitencia, como los llam\u00f3 Carlos Barral. Y no solo por su capacidad de observaci\u00f3n y s\u00edntesis, sino sobre todo por el florecimiento de una escritura que deslumbra mientras ajusta los hechos. Una tormenta en la carretera de Carbajal se puede convertir en un gran fresco pict\u00f3rico, el despiste en las cuevas de Valporquero en una entrada en el delirio visionario, o la procesi\u00f3n del Corpus en un ajuste de cuentas con el franquismo y la iglesia. De propina, una curiosa veta de humor que florece sobre todo en las descripciones. Valga la de Luis Rosales: \u201cBeb\u00eda con reposada avaricia\u201d.<\/p>\n<p>Y, en el otro extremo del ni\u00f1o Gamoneda, la muerte. La muerte de todos y de cada uno, cerrando cada p\u00e1rrafo en el que la memoria ha dejado entrar el recuerdo de aquel que pas\u00f3 a su lado. Muri\u00f3, ha muerto, acaba de morir, habr\u00e1 muerto\u2026, conjuga el texto una y otra vez. El poeta es un superviviente longevo, y sus memorias, su escritura, en cierta manera justifican la excepci\u00f3n de su vitalidad. El espejo final en el que se mira son esos cientos de p\u00e1ginas en las que se va dibujando mientras dibuja a otros, una imagen reconocible y a la vez extranjera, suma de amigos y contrarios, de pensamientos y alucinaciones: \u201cReunirme, desnudo y \u00fanico, con un yo mismo que, a la vez, es un extra\u00f1o\u201d.<\/p>\n<p>(Publicado en <em>La sombra del cipr\u00e9s<\/em> el 21 de mayo de 2021)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En uno de los estudios con los que Miguel Casado ha ido ci\u00f1endo las ediciones de la poes\u00eda de Antonio Gamoneda, se afirmaba: \u201cLa obra y el transcurso de la obra han llegado a ser lo mismo. 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