{"id":727,"date":"2021-10-14T17:02:37","date_gmt":"2021-10-14T17:02:37","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=727"},"modified":"2021-10-14T17:02:37","modified_gmt":"2021-10-14T17:02:37","slug":"dylan-a-la-manera-de-scorsese","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2021\/10\/14\/dylan-a-la-manera-de-scorsese\/","title":{"rendered":"Dylan a la manera de Scorsese"},"content":{"rendered":"<p>El pasado 24 de mayo Bob Dylan cumpli\u00f3 80 a\u00f1os. Una cifra que seguramente habr\u00eda celebrado en el auditorio azaroso en el que le hubiera emplazado su Gira Interminable, la inaudita sucesi\u00f3n de conciertos -ochenta, cien al a\u00f1o- cuyo origen se data oficialmente en el lejan\u00edsimo 1988. Solo esta funesta pandemia ha podido detener el vagabundeo musical del Dylan casi autista de los \u00faltimos a\u00f1os. Tras el par\u00f3n de a\u00f1o y medio por fin se ha dejado ver en la pel\u00edcula-concierto <em>Shadow Kingdom<\/em>, estrenada en julio en cadenas de pago. Con ocasi\u00f3n del cumplea\u00f1os uno de sus seguidores m\u00e1s atentos, el periodista Diego A. Manrique, recordaba en <em>Dylan cumple a\u00f1os enfrentado al mundo<\/em> la imposibilidad de dar coherencia a los jirones de su biograf\u00eda. C\u00f3mo encajar en un mismo individuo la voz juglaresca de principios de los sesenta que grab\u00f3 <em>Blowin\u2019 in the Wind<\/em>, al m\u00fasico electrificado y anfetam\u00ednico de su trilog\u00eda mercurial \u2013 <em>Bringing It All Back Home<\/em>, <em>Highway 61 Revisited<\/em>, <em>Blonde on Blonde<\/em>-, al padre de familia grabando en el campo neoyorquino con sus amigos de <em>The Band<\/em> en el s\u00f3tano \u2013<em>The Basament Tapes<\/em>-, al cristiano fundamentalista de <em>Slow Train Coming<\/em> que encrespaba al p\u00fablico con sermones entre canci\u00f3n y canci\u00f3n, en fin, al tipo hura\u00f1o e inaccesible que mand\u00f3 a una atolondrada Patti Smith a recogerle el premio Nobel de Literatura. Una biograf\u00eda imposible de enhebrar, pero tan pegada a la inspiraci\u00f3n de su obra musical que se cruza sin remedio y se hace necesaria para cualquier acercamiento al artista.<\/p>\n<p>La bibliograf\u00eda que le circunda creci\u00f3 hasta ser inabarcable, sin obras de referencia que aseguren un acercamiento s\u00f3lido, un guion de consenso. El propio artista public\u00f3 en 2004 lo que parec\u00eda ser el comienzo de su autobiograf\u00eda, <em>Cr\u00f3nicas-Volumen I<\/em>, poco trascendente y anegada por mil detalles sin una mirada superior e integradora. No hay noticias de pr\u00f3ximos vol\u00famenes. En busca de luz tal vez sea mejor el acercamiento a trav\u00e9s del cine, con el premio de la concisi\u00f3n, la escasez de propuestas y el a\u00f1adido de las bandas sonoras del propio artista. De la \u00e9poca mercurial se ha hecho cl\u00e1sico el breve documental <em>Don\u2019t Look Back<\/em>, firmado por D. A. Pennebaker. En clave imaginativa, Todd Haynes despedaz\u00f3 al artista en seis protagonistas distintos en su ambiciosa <em>I\u2019m Not There<\/em> en 2007. Mejor olvidar la fallida <em>An\u00f3nimos<\/em>, de Larry Charles, escrita al alim\u00f3n con Dylan en 2003. Para ir al coraz\u00f3n cinematogr\u00e1fico del asunto, un nombre se hace imprescindible: Martin Scorsese. Su filia dylaniana se puede rastrear en ese momento sublime de <em>Historias de Nueva York<\/em> en que su protagonista, un pintor a la manera de Jackson Pollock, machacado por una ruptura sentimental, sube el sonido de <em>Like a Rolling Stone<\/em> y embadurna furiosamente un gran lienzo. Tambi\u00e9n se ocup\u00f3 en 1978 en <em>El \u00faltimo vals<\/em> de rodar la despedida de <em>The Band<\/em>, el grupo soporte de Dylan en muchos conciertos. Pero son los dos extensos documentales dedicados por Scorsese en exclusiva al artista los que configuran un dibujo realmente atractivo: <em>No Direction Home<\/em>, de 2005, y <em>Rolling Thunder Revue<\/em>, de 2019.<\/p>\n<p>El primero de ellos suma la considerable extensi\u00f3n de tres horas y media, y tiene como n\u00facleo central uno de los giros impredecibles de la biograf\u00eda de Bob Dylan, tal vez el m\u00e1s c\u00e9lebre de los muchos que ha protagonizado. La fama del artista vino adherida a su posici\u00f3n de cantor de las nuevas sensibilidades sociales y pol\u00edticas que despertaban despu\u00e9s de las tensiones posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Bob Dylan estaba guitarra en mano junto a Martin Luther King el d\u00eda que el l\u00edder lanz\u00f3 el c\u00e9lebre \u201cI have a dream\u201d, encabezaba las listas de \u00e9xitos con su <em>Blowin\u2019 in the Wind<\/em>, su voz promet\u00eda respuestas del viento y lluvias que anegar\u00edan la vieja sociedad. Era el portavoz, el l\u00edder art\u00edstico del cambio que demandaban muchos sectores estadounidenses y occidentales. Sin embargo Dylan no estaba c\u00f3modo en ese puesto: \u201cTen\u00eda muy poco en com\u00fan con la generaci\u00f3n a la que se supon\u00eda que daba voz, y la conoc\u00eda aun menos (\u2026) Me acribillaban a preguntas, y yo no dejaba de repetir que no era portavoz de nada ni de nadie, solo un m\u00fasico\u201d, apunta en sus <em>Cr\u00f3nicas<\/em>. El desajuste acab\u00f3 en fuga y estallido musical: Dylan comenz\u00f3 a electrificar sus conciertos, las letras se acercaron m\u00e1s a Rimbaud que a Woody Guthrie, y las protestas del p\u00fablico llegaron a su cima en dos momentos claves que se erigen en centro e interrogaci\u00f3n de <em>No Direction Home<\/em>: su actuaci\u00f3n en el festival de Newport de 1965 con guitarras el\u00e9ctricas que escandalizan al mism\u00edsimo Pete Seeger, y la gira por Inglaterra en mayo de 1966 en la que una voz le grita \u201c\u00a1Judas!\u201d desde el estrado, a lo que Dylan responde con un \u201cEres un mentiroso\u201d para a continuaci\u00f3n pedir a su banda que den ca\u00f1a en una versi\u00f3n tremenda de <em>Like a Rolling Stone<\/em>. Hacia ese n\u00facleo explosivo se dirige la narraci\u00f3n de Scorsese, con dos l\u00edneas de atenci\u00f3n: el buceo en los comienzos de Dylan desde testimonios y materiales de gran riqueza y variedad, y la mirada atr\u00e1s desde el presente de la pel\u00edcula, en el que toma la palabra directora el mism\u00edsimo Dylan. El resultado es un discurso lleno de matices, con mon\u00f3logos del artista plenos de serenidad, en los que subraya una y otra vez la autonom\u00eda de su discurso, su validez estrictamente musical, el equ\u00edvoco que se produjo cuando se le aup\u00f3 a un pedestal social o pol\u00edtico que no deseaba ni se conjugaba con sus aspiraciones. \u201cTen\u00eda que perseverar y llegar todo lo lejos que pudiera\u201d, sentencia al final de la primera parte. La narraci\u00f3n resta\u00f1a la herida biogr\u00e1fica, disimula la cicatriz, alcanza la explicaci\u00f3n racional a la que aspira un buen documental. Todos contentos.<\/p>\n<p>Por fortuna, Martin Scorsese nunca da por cerrado un asunto, sea cinematogr\u00e1fico o musical. Desde que fue asistente del director en el rodaje de <em>Woodstock<\/em> conoce la capacidad de la imagen y el sonido para elaborar un rastro imperecedero a partir de unos minutos pasajeros de actuaci\u00f3n. Y despu\u00e9s ha sido capaz de producir las siete partes de la monumental <em>The Blues<\/em> \u2013con direcci\u00f3n de Wim Wenders, Clint Eastwood o Mike Figgis-, o encargarse del documental <em>Shine\u00a0 a Ligth<\/em> sobre los Rolling Stones. Cuando quince a\u00f1os despu\u00e9s de montar <em>No Direction Home<\/em> encontr\u00f3 la posibilidad de trabajar con un material casi in\u00e9dito rodado en una extra\u00f1a gira de Bob Dylan, concibi\u00f3 un proyecto que no contin\u00faa ni complementa el anterior. M\u00e1s bien le da la vuelta a la seriedad y a la coherencia en busca de la iron\u00eda y la independencia. El material daba para muchas indagaciones. Hab\u00eda sido preparado por el equipo de Dylan en el rodaje de la gira <em>Rolling Thunder Revue<\/em> de 1975 y principios de 1976, nutrida de actuaciones en peque\u00f1os lugares y en la que el m\u00fasico y sus acompa\u00f1antes \u2013Joan B\u00e1ez, Joni Mitchell, el poeta Allen Ginsberg, el escritor Sam Shepard\u2026- sal\u00edan a escena con la cara pintada y disfraces extravagantes. Dylan se empe\u00f1\u00f3 en sacar de ah\u00ed una pel\u00edcula de m\u00e1s de cuatro horas de duraci\u00f3n, <em>Renaldo and Clara<\/em>, que apenas si se proyect\u00f3, para ir cambiando de montaje hasta desaparecer del inter\u00e9s de Dylan y de la industria exhibidora. Una obra maldita, otro agujero inexplorado, o inexplicado, en la trayectoria del m\u00fasico. Sobre ese material casi in\u00e9dito se pone a trabajar Scorsese, y de nuevo encuentra la generosa aportaci\u00f3n de Dylan. Pero todo ser\u00e1 distinto.<\/p>\n<p>Las se\u00f1ales del cambio llegan desde el mismo t\u00edtulo: <em>Rolling Thunder Revue: A Bob Dylan Story By Martin Scorsese<\/em>. La gira se transforma en una historia, con un protagonista, Bob Dylan, y un narrador, Martin Scorsese. Una historia: una narraci\u00f3n, un relato. Y para dejar bien clara su naturaleza y alcance, Scorsese la abre con unas im\u00e1genes que solo pueden entenderse como manifestaci\u00f3n metodol\u00f3gica: <em>Escamoteo de una dama<\/em>, el corto de menos de un minuto de duraci\u00f3n en el que Georges M\u00e9li\u00e8s incorpora por primera vez su truco de <em>parada de c\u00e1mara<\/em>, que permite transformar la r\u00edgida realidad en una sucesi\u00f3n de cuerpos vaporosos. O, le\u00edda en clave de la fecha de su estreno, 1896, apartarse de la cartograf\u00eda documental del mundo que inician los hermanos Lumi\u00e8re el 28 de diciembre de 1895 para adentrarse en el reino de la ficci\u00f3n y la metamorfosis. Scorsese se pone del lado de M\u00e9li\u00e8s. As\u00ed que pronto empiezan a desfilar los prestidigitadores, con la iron\u00eda de meter a Richard Nixon, <em>el tramposo<\/em>, para abrir boca. O los <em>players<\/em>, como se les llama a todos los intervinientes en los cr\u00e9ditos finales. Algunos, como Sharon Stone contando su relaci\u00f3n con Dylan desde ni\u00f1a, no necesitan un metatexto que descubra su entronque con la imaginaci\u00f3n. Otros s\u00ed, como el supuesto organizador de la gira, un tal Stefan van Dorp que nunca existi\u00f3, y que habla y habla con total verosimilitud. En fin, el propio Dylan ya no es el tipo juicioso de <em>No Direction Home<\/em>. M\u00e1s bien parece haber salido de una larga siesta, con pocas ganas de hablar: \u201cEsto pas\u00f3 hace 40 a\u00f1os, pas\u00f3 hace tanto tiempo que yo no hab\u00eda nacido\u201d. Aun as\u00ed deja unas cuantas perlas que alientan el relato: \u201cEn la vida no se trata de encontrarte, ni de encontrar otra cosa. Se trata de crearte. Y de crear cosas\u201d. Y \u00e9l se crea ese personaje enmascarado y seductor que hace de ch\u00f3fer del autob\u00fas de la gira, y para el que se reserva la paradoja del mentiroso, tan cercana al <em>Fake<\/em> de Orson Welles: \u201cCuando uno usa m\u00e1scara, te dir\u00e1 la verdad. Cuando no la usa, es poco probable que la diga\u201d. Para no deslizarse hacia la solemnidad Dylan hace al final un balance de lo que qued\u00f3 de la gira: \u201cNada. Solo cenizas\u201d. Y por si acaso, el metraje se cierra con una escena expl\u00edcita de enmascaramiento extra\u00edda de un film de Marcel Carn\u00e9 de los a\u00f1os cuarenta. Todo es un juego, una reinterpretaci\u00f3n con <em>players <\/em>de las im\u00e1genes originales. Un juego sobre un juego de m\u00e1scaras, un vaciado de referentes, un desnudamiento. Es la operaci\u00f3n contraria a <em>No Direction Home<\/em>. Si en esta se construye una identidad que valga como soporte de una ruptura musical, en <em>Rolling Thunder Revue<\/em> el trabajo busca el vaciamiento referencial para que brille \u00fanicamente, y con su absoluta plenitud, la m\u00fasica: la garganta enfebrecida de Dylan, sus letras arrolladoras, los solos de guitarra, la presencia esc\u00e9nica sin parafernalias ajenas al sonido. M\u00fasica, solo m\u00fasica, con los versos de Allen Ginsberg, la complicidad de Joan B\u00e1ez, la rareza de Joni Mitchell, el viol\u00edn de Scarlet Rivera\u2026<\/p>\n<p>\u00bfY Dylan el octogenario? \u00bfY las otras quiebras de su personalidad, las rupturas, los saltos, los silencios? Una modesta coda que no pretende ser respuesta: seg\u00fan relata Javier Cercas en su art\u00edculo <em>Dylan bajo la lluvia<\/em>, en 2009 una agente de polic\u00eda de Nueva Jersey fue alertada por unos vecinos de que en la casa de al lado andaba merodeando un vagabundo. La agente encontr\u00f3 a un viejo mal vestido que aguantaba la lluvia bajo un impermeable, y que preguntado por su nombre respondi\u00f3: \u201cBob Dylan\u201d. No, el nombre verdadero, le exigi\u00f3 la agente: \u201cRobert Zimmerman\u201d. La agente se lo llev\u00f3 para acompa\u00f1arlo a su casa, y por el camino se fue dando cuenta \u00a0de que los dos nombres eran ciertos, y m\u00e1s cuando llegaron al hotel y apareci\u00f3 \u00a0encolerizado el representante del m\u00fasico y se hizo cargo de aquel viejo despistado. Dec\u00eda que andaba buscando la casa donde naci\u00f3 Bruce Springsteen. Un anciano con tiempo para los recuerdos, un cuerpo y una mente como la de tantos otros, sin m\u00e1scaras, sin escenario, sin arte que lo recubra y nos eleve a la cima de nuestras emociones.<\/p>\n<p>(publicado en <em>El Cuaderno digital<\/em> el 3 de agosto de 2021)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El pasado 24 de mayo Bob Dylan cumpli\u00f3 80 a\u00f1os. Una cifra que seguramente habr\u00eda celebrado en el auditorio azaroso en el que le hubiera emplazado su Gira Interminable, la inaudita sucesi\u00f3n de conciertos -ochenta, cien al a\u00f1o- cuyo origen se data oficialmente en el lejan\u00edsimo 1988. 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