{"id":75,"date":"2012-11-03T15:53:41","date_gmt":"2012-11-03T15:53:41","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=75"},"modified":"2012-11-03T15:53:41","modified_gmt":"2012-11-03T15:53:41","slug":"la-ciudad-del-angel-caido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2012\/11\/03\/la-ciudad-del-angel-caido\/","title":{"rendered":"La ciudad del \u00e1ngel ca\u00eddo"},"content":{"rendered":"<p>En la escena inicial de \u2018Psicosis\u2019 la c\u00e1mara de Alfred Hitchcock vaga sin orientaci\u00f3n por el cielo plomizo de Phoenix. Nada llama su atenci\u00f3n hasta que una persiana semicerrada invita a husmear en esa privacidad franqueable. Pronto su ojo, que es tambi\u00e9n el nuestro, se adentra en la confusa oscuridad para descubrir poco a poco a una pareja tendida en la cama, hablando sobre las dificultades de su amor. Ya hay enganche, la narraci\u00f3n arranca y la c\u00e1mara se ci\u00f1e a la minuciosa observaci\u00f3n de ese conflicto en carne viva.<\/p>\n<p>El comienzo de \u2018El cielo sobre Berl\u00edn\u2019 es en cierta manera semejante, con la invisible c\u00e1mara transmutada en una pareja de \u00e1ngeles solamente visibles para el espectador, atentos desde sus alturas al fragor de la ciudad. Pronto se dejan caer en un vuelo sin gravedad entre los edificios, y van recogiendo aqu\u00ed y all\u00e1 fragmentos de vidas enriquecidos por los pensamientos de los protagonistas, tal es la capacidad de penetraci\u00f3n de estos observadores celestiales. Pero los \u00e1ngeles no est\u00e1n interesados en engancharse a ning\u00fan enigma ni conflicto, las pasiones humanas les son completamente ajenas y solo se acercan a los hombres en cumplimiento de su deber de cuidadores, arrimando un hombro donde llorar o un brazo que conforte. Ellos no buscan ninguna narraci\u00f3n ni poseen el tiempo lineal que la enmarque, son puros y extra\u00f1os, y la \u00fanica complicidad que reciben es la de los otros seres inocentes, los ni\u00f1os, de los que anotan el tesoro de su canci\u00f3n infantil que va trayendo las grandes preguntas de la vida: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 yo soy yo y no t\u00fa? \u00bfPor qu\u00e9 estoy aqu\u00ed y no all\u00ed? \u00bfCu\u00e1ndo empez\u00f3 el tiempo y d\u00f3nde se acaba el espacio?\u201d.<\/p>\n<p>La pel\u00edcula se detiene sobre el borde de una promesa: en alg\u00fan momento arrancar\u00e1 a contar algo, el ojo se enredar\u00e1 con los desgarros de los humanos. Pero la interposici\u00f3n de la mirada cenital y distante de los \u00e1ngeles impide el aterrizaje, sin que sirva de nada la plural tradici\u00f3n de mitolog\u00edas que dan cuenta de conflictos entre cielo y tierra, de dioses y hombres. A cambio de esta par\u00e1lisis un protagonista indirecto va poco a poco perfilando su presencia, obligando a la pel\u00edcula a salir de su discurso de ayuda celestial o de captura est\u00e1tica de las grandes preguntas de la filosof\u00eda, un protagonista que no es otro que el marco que recorren sin cesar los \u00e1ngeles: la ciudad. Y no cualquier ciudad, sino Berl\u00edn, Berl\u00edn en 1987, todav\u00eda sajada por el muro que el urbanismo no logra absorber, y densificada en la mirada memoriosa de los protagonistas, capaz de vestir una calle con el traje terrible de 1945, o de descubrir en otra los cimientos geol\u00f3gicos de millones de a\u00f1os atr\u00e1s.<\/p>\n<p>Cuando se repasan las entrevistas con Wim Wenders en los a\u00f1os de producci\u00f3n de la obra, Berl\u00edn se mezcla una y otra vez en las respuestas. Frente a otras ciudades alemanas bien restauradas como Munich \u2013\u201cla ciudad m\u00e1s terminada del mundo\u201d-, o su Dusseldorf natal, en la que todo est\u00e1 en su sitio, Berl\u00edn ofrece una oquedad que le atrae especialmente: \u201cLas superficies vac\u00edas son como heridas y la ciudad me gusta por sus heridas. Transmiten m\u00e1s historia que cualquier libro o documento\u201d. Pero no es solo historia, pasado. Hay tambi\u00e9n vida, viveza, es decir, futuro. Y frente al tiempo no direccional en que viven los \u00e1ngeles, otro de empuje tenaz y puntiagudo pugna por aflorar, impregnando la mirada de uno de ellos de deseo \u2013esta palabra quiebra el cielo- y ti\u00f1endo el blanco y negro de color.<\/p>\n<p>Es entonces cuando la promesa de la narraci\u00f3n tiene su cumplimiento. Hitchcock solamente nos dejaba suspendidos unos minutos, pero Wenders se toma su tiempo, m\u00e1s de tres cuartas partes del metraje. Por fin el \u00e1ngel cae frente al muro, se golpea, sangra, conoce el color rojo. Ya no volver\u00e1 a ser el que mira sin ser mirado, seg\u00fan la vieja prescripci\u00f3n que tambi\u00e9n defend\u00eda al espectador del cine cl\u00e1sico. Ahora, en un tiempo hacia delante, se revuelve en el mundo y sus accidentes, es empujado por las calles, saborea un caf\u00e9, busca dinero, y por fin encuentra a la trapecista que con sus vuelos carnales le impeli\u00f3 a abandonar las alas aburridas de la observaci\u00f3n. En un marco muy propio de Wenders, un concierto de rock con Nick Cave, el \u00e1ngel ca\u00eddo se enfrenta a la mirada encendida de la mujer y al ofrecimiento po\u00e9tico \u2013la poes\u00eda de Peter Handke- de sus palabras: \u201cAnoche so\u00f1\u00e9 con un desconocido, con mi hombre. S\u00f3lo con \u00e9l puedo estar sola. Abrirme a \u00e9l, toda abierta, toda para \u00e9l, acogi\u00e9ndole entero como un todo dentro de m\u00ed. Rodearle con el laberinto de la dicha com\u00fan. S\u00e9 que eres t\u00fa\u201d. No hay vuelta atr\u00e1s.<\/p>\n<p>La ciudad tambi\u00e9n se ve alcanzada por esta oleada de color y pasi\u00f3n. El muro con el que continuamente chocan las calles y sus habitantes, y que s\u00f3lo pod\u00eda ser atravesado por los \u00e1ngeles incorp\u00f3reos (y por los esp\u00edas de John le Carr\u00e9), tiene que ser arrollado por la nueva energ\u00eda. Si el \u00e1ngel baja al suelo para llenar el vac\u00edo de la protagonista, el cielo tambi\u00e9n se desplomar\u00e1 sobre Berl\u00edn para transformar la ciudad. Es una premonici\u00f3n tal vez abonada por lo que el futuro depar\u00f3, pero subrayada al menos por ese final hom\u00e9rico que se cierra con un \u201cContinuar\u00e1\u201d que nos permite enlazar veinticinco a\u00f1os despu\u00e9s con la urbe central dela Europa actual. El cielo es poderoso, aunque siempre inescrutable.<\/p>\n<p>(publicado en &#8216;La sombra del cipr\u00e9s&#8217; el 3 de noviembre de 2012)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la escena inicial de \u2018Psicosis\u2019 la c\u00e1mara de Alfred Hitchcock vaga sin orientaci\u00f3n por el cielo plomizo de Phoenix. Nada llama su atenci\u00f3n hasta que una persiana semicerrada invita a husmear en esa privacidad franqueable. 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