{"id":77,"date":"2012-12-03T20:09:42","date_gmt":"2012-12-03T20:09:42","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=77"},"modified":"2012-12-03T20:09:42","modified_gmt":"2012-12-03T20:09:42","slug":"la-ballena-blanca-de-los-matematicos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2012\/12\/03\/la-ballena-blanca-de-los-matematicos\/","title":{"rendered":"La ballena blanca de los matem\u00e1ticos"},"content":{"rendered":"<p>Un 4 de mayo de hace pocos a\u00f1os Marcus du Sautoy, catedr\u00e1tico de matem\u00e1ticas de la Universidad de Oxford, vio entrar a su despacho a uno de su tesinandos. No ven\u00eda en la habitual misi\u00f3n de exhibir progresos o salvar escollos, sino a mostrarle algo m\u00e1s de fondo, sus dudas profesionales. No alcanzaba a comprender d\u00f3nde le llevar\u00eda tanto esfuerzo solitario, ni qui\u00e9n iba a prestar atenci\u00f3n a sus logros finales. Hace unos meses otro de sus colaboradores destacados hab\u00eda sucumbido a una tentadora oferta de la City londinense, a pesar de que como dice Sautoy \u201cya hab\u00eda intentado escalar esta monta\u00f1a conmigo\u201d. Entre los dos dejaron colgada en el aire del despacho la maldita pregunta: \u00bfPara qu\u00e9 sirve todo esto?<\/p>\n<p>No hace falta ser un matem\u00e1tico de altura para toparse con el interrogante. Quien se haya adentrado o rozado la amplia variedad de universos te\u00f3ricos la ha encontrado, y no digamos el que ejerce la ense\u00f1anza de filosof\u00eda, de ling\u00fc\u00edstica o de lat\u00edn. Cualquier alumno la tiene en sus labios, aunque en sus estudios haya tenido que memorizar el imperativo categ\u00f3rico con el que Kant apartaba del comportamiento correcto cualquier premio o atractivo ajeno a su cumplimiento. Marcus du Sautoy se acord\u00f3 en ese d\u00eda de mayo de Hardy y su obra \u2018Apolog\u00eda de un matem\u00e1tico\u2019. G. H. Hardy, colega suyo en la Universidad de Cambridge en la primera mitad del siglo pasado, ten\u00eda claro que las matem\u00e1ticas, como la moral kantiana, deben originarse y celebrarse en s\u00ed mismas, sin justificaciones externas, y su colega franc\u00e9s Poincar\u00e9 lo repet\u00eda de manera seductora: \u201cEl cient\u00edfico no estudia la naturaleza por la necesidad de hacerlo; la estudia porque obtiene placer, y obtiene placer porque la naturaleza es bella. Si no fuera bella no valdr\u00eda la pena conocerla, y si no valiera la pena conocer la naturaleza, la vida no ser\u00eda digna de ser vivida\u201d. Hardy incluso aventuraba un premio excelso y \u00fanico a quien alcanzase metas nuevas: la inmortalidad, pues los hallazgos matem\u00e1ticos no pierden jam\u00e1s su certeza.<\/p>\n<p>Marcus du Sautoy debe de ser un tipo entusiasta, capaz de vencer los nubarrones negros que en cada mayo sobrevolar\u00e1n el cielo de su despacho. Ha conseguido importantes distinciones profesionales, pero tambi\u00e9n se ha empe\u00f1ado en convencer a todos, colaboradores cercanos y lectores lejanos, de las virtudes intr\u00ednsecas de las matem\u00e1ticas: \u201cLa soledad es lo m\u00e1s dif\u00edcil de mi trabajo. Para ser matem\u00e1tico debes estar predispuesto a estar contigo mismo siempre, a solas. Como en una isla desierta. Solo con tu mente para explorarla. Por eso complemento mi parte de matem\u00e1tico con la divulgaci\u00f3n. Es la parte social que complementa mi otro yo\u201d.<\/p>\n<p>Su labor de divulgaci\u00f3n arranc\u00f3 en 2003 con un libro inolvidable, \u2018La m\u00fasica de los n\u00fameros primos\u2019, publicado en nuestro pa\u00eds por Acantilado con una fluida traducci\u00f3n de Joan Miralles. En bastantes ocasiones se confunde esa labor de acercamiento a una disciplina con la rebaja del discurso inicial a las an\u00e9cdotas que la rodean, algo as\u00ed como dejar la obra de Borges en manos de su ceguera sentimental o las composiciones de Bach en las privaciones que pas\u00f3. Marcus du Sautoy no quiere expulsar a ning\u00fan lector de sus p\u00e1ginas sobre los n\u00fameros primos, pero tampoco renuncia a lanzar la vista lo m\u00e1s lejos posible. Como buen estratega, prueba enganches que vayan ablandando reticencias, desde trucos de memoria para retener c\u00f3digos extensos hasta mecanismos de encriptaci\u00f3n para las tarjetas de cr\u00e9dito que viajan desnudas por Internet. Pero sobre todo se agarra a una f\u00f3rmula irresistible en la que late su ra\u00edz de empirista anglosaj\u00f3n: las matem\u00e1ticas se fraguan en el accidentado cruce de una biograf\u00eda y una sociedad. Tras los avances bendecidos con un traje intemporal, en cada habitaci\u00f3n del edificio aparentemente deshabitado cruje la lucha de tipos que, como todos, buscan el bienestar y la realizaci\u00f3n de sus inclinaciones. Y en esa t\u00e1ctica se emplea la pluma de Sautoy con poder magn\u00e9tico. Antes que nada, estamos ante un espl\u00e9ndido narrador.<\/p>\n<p>Estas virtudes brillan de nuevo en su segundo libro, \u2018Simetr\u00eda\u2019, tambi\u00e9n en Acantilado, en el que se incrementa a\u00fan m\u00e1s la rugosidad humana con la incorporaci\u00f3n del propio autor a la trama. El comienzo es tajante: \u201cHoy cumplo 40 a\u00f1os. Hace 40 grados. Me encuentro cubierto de crema solar de factor de protecci\u00f3n 40\u2026\u201d. 40, el n\u00famero que no le dejar\u00e1 ganar la medalla Field que solo se otorga a los menores de esa edad, el del exilio del pueblo jud\u00edo por el Sina\u00ed donde se est\u00e1 tostando Marcus, el que divide la vida en dos partes sim\u00e9tricas a la manera de Dante. Juegos y reflejos al inicio de un viaje deslumbrante por la simetr\u00eda que estalla en el cap\u00edtulo en el que el autor y su hijo recorren infatigablemente La Alhambra en busca de las 17 formas sim\u00e9tricas que los artistas nazar\u00edes dejaron en los muros, 500 a\u00f1os antes de que los matem\u00e1ticos demostraran que ese es el n\u00famero m\u00e1ximo de esas transformaciones (el d\u00eda que le\u00ed el cap\u00edtulo encontr\u00e9 una de sus \u00faltimas ideas en los adoquines de la calle N\u00fa\u00f1ez de Arce. La prosa de Sautoy se apodera de la mirada). Y como en la anterior obra, los nombres de carne y hueso van tejiendo la narraci\u00f3n: la apasionante disputa de Cardano y Tartaglia, la triste historia del noruego Abel, o la enfebrecida de Galois, que ya hab\u00eda merecido una memorable recreaci\u00f3n en \u2018Cumplea\u00f1os\u2019 de C\u00e9sar Aira.<\/p>\n<p>Matem\u00e1ticas, pero tambi\u00e9n matem\u00e1ticos. Unos tipos especiales a los que la pasi\u00f3n no les deja sitio para la pregunta por la utilidad de lo que hacen. Cuando Marcus du Sautoy estaba en los comienzos de su carrera, se empe\u00f1\u00f3 en conectar con un grupo de Cambridge famoso por sus trabajos recopilatorios sobre todas las formas de simetr\u00eda. El primer encuentro parece narrado por Jack London o Emilio Salgari cuando se ocupan de las fratr\u00edas de cazadores de tigres o exploradores del \u00c1rtico. \u201cEl hombre que vi parec\u00eda un vagabundo, con un pelo enmara\u00f1ado que le brotaba por toda la cabeza, pantalones deshilachados por los dobladillos y una camisa llena de agujeros. Estaba rodeado de bolsas de pl\u00e1stico que parec\u00edan contener todas sus posesiones mundanas\u201d. Pronto llega el jefe del grupo, que \u201cme sonri\u00f3 con un intimidante brillo de locura en sus ojos. Est\u00e1bamos en lo m\u00e1s crudo del invierno, pero este hombre estaba sentado tan campante con sandalias y una camiseta con el desarrollo decimal de \u03c0, que recorr\u00eda a lo largo y ancho todo su voluminoso cuerpo\u201d. La rareza del genio, del artista, sea m\u00fasico, pintor, poeta o cient\u00edfico. No acaba ah\u00ed la impresi\u00f3n primera del autor, pues inmediatamente le ense\u00f1an la captura de la que est\u00e1n m\u00e1s orgullosos, una ballena blanca a la que llaman el Monstruo que vive en un espacio de 196.883 dimensiones (el nuestro nunca pasa de 3), y que presenta m\u00e1s simetr\u00edas que \u00e1tomos tiene el Sol. Al primer rugido del animal Marcus ya hab\u00eda decidido que vivir\u00eda para siempre en esa fratr\u00eda de matem\u00e1ticos iluminados.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>Los mi5terios de los n\u00famer6s<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0Acantilado acaba de publicar una nueva obra de Marcus du Sautoy con ese t\u00edtulo invadido por cifras, en otra cuidada traducci\u00f3n de Eugenio Jes\u00fas G\u00f3mez de Ayala, que ya\u00a0se hab\u00eda ocupado de \u2018Simetr\u00eda\u2019. Resulta que Sautoy se ha ido convirtiendo en algo parecido a una estrella medi\u00e1tica. Sus libros se han vendido y traducido con abundancia. Ha protagonizado series did\u00e1cticas como \u2018La historia de las matem\u00e1ticas\u2019, con la BBC. En 2006 fue elegido para impartir las Lecciones de Navidad en la Royal Institution, una tradici\u00f3n navide\u00f1a que dura desde 1825 y que al ser emitida por la BBC congreg\u00f3 una audiencia millonaria. Y tras ello llega la decepci\u00f3n de su nuevo libro, que no es m\u00e1s que una sucesi\u00f3n de an\u00e9cdotas m\u00e1s o menos hiladas en torno a cinco de los problemas del Milenio, famosos sobre todo por la recompensa de un mill\u00f3n de d\u00f3lares que el empresario Landon Clay ha ofrecido a quien los solucione. Alguno de los apartados ya aparec\u00eda en las obras anteriores, pero sobre todo lo que m\u00e1s se echa en falta es una estructura general cosida con pasiones humanas. Sin ese armaz\u00f3n la obra pasa de ser adictiva a simplemente aditiva. Esperemos que el Monstruo aplique a Marcus un par de dentelladas sim\u00e9tricas que le haga abandonar su letargo.<\/p>\n<p>(publicado en &#8216;La sombra del cipr\u00e9s&#8217; el 1-12-2012)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un 4 de mayo de hace pocos a\u00f1os Marcus du Sautoy, catedr\u00e1tico de matem\u00e1ticas de la Universidad de Oxford, vio entrar a su despacho a uno de su tesinandos. No ven\u00eda en la habitual misi\u00f3n de exhibir progresos o salvar escollos, sino a mostrarle algo m\u00e1s de fondo, sus dudas profesionales. 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