{"id":794,"date":"2022-09-15T09:34:14","date_gmt":"2022-09-15T09:34:14","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=794"},"modified":"2022-09-15T09:34:14","modified_gmt":"2022-09-15T09:34:14","slug":"las-metamorfosis-de-un-poeta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2022\/09\/15\/las-metamorfosis-de-un-poeta\/","title":{"rendered":"Las metamorfosis de un poeta"},"content":{"rendered":"<p><em>Benediction<\/em>, el reciente estreno de Terence Davies, elige como centro argumental la vida y la obra del poeta ingl\u00e9s Siegfried Sassoon (1886-1967). Un literato bien conocido en los medios anglosajones, con pocas traducciones sin embargo en castellano. Su eclosi\u00f3n, al igual que la de Wilfred Owen, Rupert Brooke o Robert Graves, tuvo lugar en la primera guerra mundial, cuando la poes\u00eda inglesa dio un giro buscando ser testigo de la gran carnicer\u00eda que se estaba llevando a una parte considerable de la juventud. Como sucede en otras obras de Davies, la pel\u00edcula se construye como un viaje libre, sin ataduras biogr\u00e1ficas ni informativas. Hay rasgos indirectos, briznas de argumento aqu\u00ed y all\u00e1. Los espectadores familiarizados con la cultura inglesa de entreguerras reconocer\u00e1n personajes y situaciones: los poemas y proclamas pacifistas de Siegfried Sassoon, su relaci\u00f3n con el joven Wilfred Owen en un hospital militar, los c\u00edrculos homosexuales de posguerra, los rituales sociales, la aristocracia fr\u00edvola, la moda. Pero al tiempo la pel\u00edcula se desliga de esa esclavitud biogr\u00e1fica para buscar su propio vuelo cinematogr\u00e1fico en la potencia y en el exceso de la representaci\u00f3n, en el cruce de fuentes documentales y de ficci\u00f3n, en la palabra po\u00e9tica sembrada sobre im\u00e1genes de la guerra, en las m\u00fasicas que se prestan a montajes audaces, en los saltos en el tiempo, en los silencios. M\u00e1s que acercarse a una \u00e9poca para tantear una dif\u00edcil reconstrucci\u00f3n, <em>Benediction<\/em> busca la respiraci\u00f3n de esa \u00e9poca, su exudaci\u00f3n po\u00e9tica, el desgarro b\u00e9lico que marca a los protagonistas, en su juventud y para siempre. El realismo chato y lineal que ci\u00f1e esa palabra tan usada hoy, <em>biopic<\/em>, ajena y divergente con el cine exigente, no tiene ninguna cabida en el rico planteamiento de <em>Benediction<\/em>.<\/p>\n<p>En esta obra de metraje abundante, basta con mirar lo que nos ofrece en sus primeros diez minutos para evaluar las intenciones y las ambiciones de la narraci\u00f3n: \u201cLondres, 1914\u201d, nos se\u00f1ala un t\u00edtulo de apertura. La voz de un narrador lee un poema sobre el estreno de <em>La consagraci\u00f3n de la primavera<\/em> de \u00cdgor Stravinsky, y sobre ese fondo musical la misma voz recrea el tiempo tranquilo de la sociedad de preguerra, cuando \u201cDios estaba en su cielo y hab\u00eda salchichas para el desayuno\u201d. Las im\u00e1genes documentales irrumpen con el nerviosismo de la guerra, las colas para alistarse en el ej\u00e9rcito, el salto a la ficci\u00f3n para incorporar al entusiasmo colectivo a los j\u00f3venes hermanos Sassoon. Pronto las mismas fuentes documentales viran hacia la destrucci\u00f3n y la muerte en las trincheras, siempre guiadas por la voz que enhebra poemas que desembocan en un panfleto, <em>Declaraci\u00f3n de un soldado<\/em>, llevado por el hermano superviviente, Siegfried Sassoon, al Parlamento: \u201cHago esta declaraci\u00f3n como un acto de desaf\u00edo a la autoridad militar, porque creo que la guerra est\u00e1 siendo deliberadamente prolongada por los que tienen el poder de terminarla\u2026\u201d (nota al margen: qu\u00e9 actuales suenan estas palabras, 105 a\u00f1os despu\u00e9s, si las trasladamos a la geograf\u00eda de Ucrania y Rusia). Im\u00e1genes de conducci\u00f3n masiva de ganado por las praderas se mezclan con la de los soldados obligados a avanzar y morir bajo el fuego enemigo, sobre un fondo musical ins\u00f3lito: <em>Ghost<\/em> <em>Riders in the Sky: A Cowboy Legend<\/em>, una canci\u00f3n vaquera de 1948 que populariz\u00f3 Johnny Cash, entre otros. Terminada la canci\u00f3n y el montaje, un salto brusco nos lleva hasta el joven Siegfried Sassoon con su uniforme militar, abatido en el banco de una iglesia. La c\u00e1mara gira en torno a \u00e9l, mientras sus facciones se transforman gradualmente en las del anciano que llegar\u00e1 a ser, y que de nuevo acude a la iglesia en busca de luz religiosa.<\/p>\n<p>En las dos primeras pel\u00edculas que dirigi\u00f3, <em>Voces distantes<\/em> (1988) y <em>El largo d\u00eda acaba<\/em> (1992), Terence Davies se acerc\u00f3 a su infancia en Liverpool, guiado por las canciones que se cantaban en el vecindario. Era un buceo personal que sin embargo reclamaba como viajero a cualquier espectador atravesado por parecidos fantasmas. En <em>Benediction<\/em> la rememoraci\u00f3n de una \u00e9poca no se ancla solo en los a\u00f1os de la primera guerra mundial, sino que viaja con los personajes como una especie de desgarro interior del que nunca se desprender\u00e1n. Ese rostro, aludido antes, del muchacho que se transforma gradualmente en el anciano se repite en distintas situaciones. Cada ser vivo lo es sobre la l\u00ednea alargada de la existencia, acumula sobre \u00e9l, sobre su rostro y su cuerpo cada vez m\u00e1s encorvado, su tiempo, como un palimpsesto que nunca deja de escribirse, y que no olvida sus l\u00edneas m\u00e1s decisivas. Davies da entrada expl\u00edcita en su puesta en escena a una vieja potencia del cine, casi del cinemat\u00f3grafo: la metamorfosis, fundada por el mago Georges M\u00e9li\u00e8s a finales del XIX frente a la fidelidad documental de los hermanos Lumi\u00e8re. Con ese instrumento elemental y poderoso Siegfried Sassoon es a la vez el joven poeta y el viejo desilusionado, y el cine es capaz de aunar ambos extremos, fundirlos en un \u00fanico cuerpo en un tiempo nuevo. Hay una escena formidable, casi al final de la pel\u00edcula, en la que Siegfried celebra su reciente paternidad con gente cercana. Suena <em>Tea for two<\/em> en una gramola, y Siegfried toma del talle a su mujer y baila con ella, como cuando se conocieron y se enamoraron. Ese baile contiene otros muchos bailes, y parejas. Detr\u00e1s de los danzantes hay un espejo que los refleja. La c\u00e1mara se desentiende de los protagonistas y se va hacia el espejo, penetra en \u00e9l a la manera de la Alicia de Lewis Carroll y encuentra a Siegfried bailando con parejas anteriores, una tras otra en sucesivas metamorfosis, hasta finalizar con los padres de la criatura de nuevo, pero actualizados en sus cuerpos de cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s, sin la gracilidad, sin la sonrisa, sin la alegr\u00eda. El espejo es la representaci\u00f3n, el artificio, el vaciado de los cuerpos en pos de sus im\u00e1genes flotantes; pero, a la vez, trae la verdad del tiempo, su s\u00edntesis, su lecci\u00f3n de vida recolectada. \u201cEn tu mirada mu\u00e9strame la vigilia derrotada de mis d\u00edas\u201d, recita el narrador desde el poema <em>Invocaci\u00f3n<\/em> de Sassoon.<\/p>\n<p>Terence Davies ha dado pruebas sobradas de que sabe mirar otras \u00e9pocas sin caer en reducciones f\u00f3siles. Lo hizo en sus primeras obras volc\u00e1ndose hacia su memoria, pero luego se abri\u00f3 con finura al universo de Edith Wharton en <em>La casa de la alegr\u00eda<\/em> (2000), o al dif\u00edcil y espinoso de Emily Dickinson en su obra anterior, <em>Historia de una pasi\u00f3n<\/em> (2016). Su mirada se carga con la responsabilidad efervescente del discurso que elabora, no con la fidelidad est\u00e9ril a vidas o situaciones cerradas del pasado. <em>Benediction<\/em> est\u00e1 atravesada por multitud de vectores que siguen irradiando tensi\u00f3n en la actualidad, desde el pacifismo a la aceptaci\u00f3n de la heterodoxia. En el interior de la propia obra, en sus personajes, est\u00e1 inscrito ese compromiso de no disolver los hechos en la an\u00e9cdota o el olvido. La angustia de la generaci\u00f3n que se vio marchitada por la estupidez de la guerra, registrada en sus poes\u00edas de trinchera, se percibe con nitidez y hondura en el plano que cierra la pel\u00edcula, una nueva metamorfosis entre el anciano y el joven con m\u00e1s de dos minutos de duraci\u00f3n sobre un fondo musical de Ralph Vaughan Williams. Ese plano detenido y oscuro, frontal al rostro de Siegfried Sassoon, condensa la vida y las heridas del poeta, nunca cicatrizadas. Pertenece a la estirpe de planos finales que abren m\u00e1s que cierran, que suspenden el final y dilatan la obra. Es el primer plano de Cate Blanchett revolvi\u00e9ndose en un banco en <em>Blue Jasmine<\/em> (2013), de Woody Allen. O Francisco Rabal con la mirada perdida tras su desconcierto postrero en <em>Nazar\u00edn<\/em> (1959), de Luis Bu\u00f1uel. El rostro contra\u00eddo de Jack Lowden ba\u00f1ado en la m\u00fasica sombr\u00eda de Vaughan se prolonga m\u00e1s all\u00e1 de su tiempo hacia el anciano que lo avivar\u00e1 muchos a\u00f1os despu\u00e9s. Y alcanza al espectador, que lo acoge con largueza en su retina y en su sensibilidad.<\/p>\n<p>(publicado en El Cuaderno digital en julio de 2022)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Benediction, el reciente estreno de Terence Davies, elige como centro argumental la vida y la obra del poeta ingl\u00e9s Siegfried Sassoon (1886-1967). 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