{"id":842,"date":"2023-02-22T12:14:51","date_gmt":"2023-02-22T12:14:51","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=842"},"modified":"2023-02-22T12:14:51","modified_gmt":"2023-02-22T12:14:51","slug":"pino-pardo-relieve","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2023\/02\/22\/pino-pardo-relieve\/","title":{"rendered":"Pino, Pardo, Relieve"},"content":{"rendered":"<p>A mediados de los a\u00f1os setenta alguien me habl\u00f3 de un poeta que regentaba una tienda de tejidos en la que dejaba pistas de sus libros por el escaparate. La tienda, de nombre HG, estaba en la calle Mar\u00eda de Molina de Valladolid, al lado de lo que entonces era el cine Roxy. Camino del cine pasabas por sus amplios escaparates que ocupaban una buena porci\u00f3n de la tienda a modo de entrada, o de refugio para mirar con tranquilidad los tejidos expuestos, desenrollados en peque\u00f1as olas desde los gruesos cilindros que los conten\u00edan. En el suelo de esos escaparates, discretos y casi inadvertidos, unos cuantos libros gui\u00f1aban el ojo a quien les dedicase un poco de tiempo. No me atrev\u00ed a entrar en la tienda a preguntar por ellos. Pero me enter\u00e9 de que algunos del autor, Francisco Pino, se vend\u00edan en Relieve, la librer\u00eda de libros usados o viejos, una librer\u00eda de lance. El librero, Pepe, \u201cPepe Relieve\u201d, cambi\u00f3 la llaneza habitual por un gesto de desconfianza cuando le ped\u00ed algo de Francisco Pino. Me mir\u00f3 en silencio, calibrando en su interior mis merecimientos, y se perdi\u00f3 en la trastienda. Sali\u00f3 con dos libros en la mano, gris\u00e1ceos, r\u00fasticos. Uno llevaba un t\u00edtulo imposible y vertical en la portada: TEXTOSECONOMICOS ODELANADAALAMORADANOVERSOSSS. Dentro, un despliegue de p\u00e1ginas, una fantas\u00eda visual de escritura. El otro, m\u00e1s alto y ancho, era \u201cInvisibilidad en Castilla\u201d, la conferencia que Pino hab\u00eda dado en M\u00e1laga con ocasi\u00f3n de una exposici\u00f3n all\u00ed de pintores vallisoletanos. Esos mismos artistas \u2013Jes\u00fas Mier, Gabino Gaona, Fernando Santiago, Francisco Sabadell, F\u00e9lix Cuadrado Lomas, Domingo Criado, Jorge Vidal- ilustraban un texto lleno de citas que tej\u00edan la Castilla que el poeta presentaba en M\u00e1laga. Los dos libros se hab\u00edan publicado en Relieve en 1969, doscientos ejemplares numerados de los que yo me llevaba uno de cada, con alborozo y un poco de susto.<\/p>\n<p>*\u00a0\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0\u00a0 *<\/p>\n<p>Quince a\u00f1os despu\u00e9s, hacia 1990, en un rinc\u00f3n de la desaparecida librer\u00eda Clamor de la calle Ruiz Hern\u00e1ndez, me esperaba un librito de un autor desconocido: Arcadio Pardo. \u201cPlantos de lo abolido y lo naciente\u201d era su t\u00edtulo, impreso en una sencilla portada blanca con unas pinturas rupestres en rojo. Su invisibilidad entre tanto libro importante, tambi\u00e9n su modestia, hicieron que lo abriera y me dejara llevar por el magnetismo de sus versos. Era una edici\u00f3n del propio autor, que anotaba su direcci\u00f3n en una solapa: 10 Rue Emile Zola, Chaville (Francia), como si te invitara a que le escribieras o visitaras. Nadie en la librer\u00eda supo decirme nada de Arcadio Pardo, aunque en la otra solapa se enumeraban t\u00edtulos de varias obras suyas. De nuevo la librer\u00eda Relieve se ofreci\u00f3 como puerta de entrada al autor. Pepe, el librero, ya no me mir\u00f3 con desconfianza cuando pregunt\u00e9 por alguna obra suya, y pronto puso en mis manos el primer libro de poemas de Arcadio Pardo, \u201cUn tiempo se clausura\u201d, de 1946, en el que el poeta se dejaba ver en una foto de sus dieciocho a\u00f1os. Tambi\u00e9n me trajo un ejemplar de la revista \u201cHalc\u00f3n\u201d, que amparaba la colecci\u00f3n de libros de poes\u00eda. Francisco Pino publicaba dos poemas en ella (\u201c\u00bfHa labrado en la rosa ese mirlo sus trinos?\u201d), Arcadio Pardo otros tres (\u201cSoy fuego sin cesar en llanura\u201d). Esta vez sal\u00ed tranquilo de la librer\u00eda, y contento, como siempre.<\/p>\n<p>*\u00a0\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0\u00a0 *<\/p>\n<p>Durante a\u00f1os he pasado casi a diario delante de la librer\u00eda Relieve, de ese interior oscuro combatido con una bombilla sempiterna, la bombilla que un amigo dec\u00eda que era como la del Guernica picassiano. Sus escaparates de madera desgastada, siempre con alguna joya tentadora, dejaban a primeros de cada abril amplio sitio para el retrato de su fundador, Domingo Rodr\u00edguez, y los libros que hab\u00eda encabezado o escrito. Se acercaba el aniversario de su muerte, sucedida el d\u00eda de la Rep\u00fablica de 1960. Domingo Rodr\u00edguez hab\u00eda fundado Relieve en 1951, con las dificultades de la \u00e9poca m\u00e1s las a\u00f1adidas por su condici\u00f3n de republicano, preso del franquismo y sospechoso siempre. La librer\u00eda se convirti\u00f3 pronto en un espacio de libertad y palabra, de literatura y arte. Francisco Pino lo dibuj\u00f3 con claridad: \u201cEn esta ciudad hubo una era llamada Domingo. Relieve fue durante penosos a\u00f1os la Universidad clandestina de Valladolid, quiz\u00e1 su reverso, donde se impart\u00edan disciplinas de alegr\u00eda, salud y amistad, contra la tristeza, la enfermedad y\u00a0 la indiferencia de la cultura oficial (\u2026) Aquello fue una escuela soterrada y por eso ech\u00f3 ra\u00edces verdaderas de desobediencia\u201d. El joven Arcadio Pardo tambi\u00e9n dej\u00f3 recuerdo de su influencia: \u201cPor aquellos a\u00f1os no era todav\u00eda raro encontrar en las librer\u00edas de ocasi\u00f3n obras interesantes procedentes de bibliotecas maltratadas por la guerra, o hallazgos recogidos en desvanes que luego aparec\u00edan en Relieve para excitar la avidez y la envidia de los j\u00f3venes que no ten\u00edamos posibilidades para adquirirlas\u201d. Ambos poetas publicaron sentido testimonio de la muerte de Domingo: \u201cS\u00ed, en mi silencio, t\u00fa mejor me oyes \/ como yo a ti mejor cuando te escucho \/ en mi propio silencio derramado\u201d, escribi\u00f3 Francisco Pino. Y Arcadio Pardo: \u201cMe has vendido un Machado un junio hermoso. \/ Me has vendido un Guill\u00e9n de brillo y verso\u201d. Desde 1960 qued\u00f3 a cargo de la librer\u00eda su hermano Pepe que, como dec\u00eda Emilio Salcedo, se parec\u00eda a P\u00edo Baroja cuando se dejaba barba. Juan Vegas le fotografi\u00f3 junto a su mujer en actitud de contemplaci\u00f3n y de espera en esa acera de C\u00e1novas del Castillo que tanto transitamos para detenernos ante sus escaparates. En 1996 el derribo del edificio hizo que Pepe trasladara su Relieve a los jardines de Poniente, donde una nueva obra, municipal ahora, le dej\u00f3 sin sitio en 2014, y sin \u00e1nimo para aguantar la vida. En 2018 la hija de Domingo, Cristina Rodr\u00edguez Vela, public\u00f3 la tesis doctoral que hab\u00eda dedicado a la librer\u00eda. Su eco permanece, te susurra, te chista cuando pasas por la acera de C\u00e1novas del Castillo.<\/p>\n<p>*\u00a0\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0\u00a0 *<\/p>\n<p>Francisco Pino y Arcadio Pardo tuvieron que cruzar bastantes veces sus pasos en los tiempos muertos de las tertulias de la librer\u00eda Relieve. El segundo, nacido en 1928, mirar\u00eda al primero, dieciocho a\u00f1os mayor, con respeto y distancia. Arcadio, con 17 a\u00f1os, iniciaba su acercamiento a la poes\u00eda. Francisco, Paco para casi todos, llevaba tiempo trabaj\u00e1ndola en soledad. Sus caminos se separaron a primeros de los a\u00f1os cincuenta, pero siempre mantuvieron un misterioso eco, un paralelismo sorprendente. Ambos estudiaron en el Instituto Zorrilla, donde tuvieron como maestro reconocido a Narciso Alonso Cort\u00e9s. Los dos se embarcaron con prontitud en aventuras de revistas literarias. Francisco Pino, con 18 a\u00f1os y la complicidad de Jos\u00e9 Mar\u00eda Luelmo, funda \u201cMeseta\u201d. Tres a\u00f1os despu\u00e9s, en 1931, sale la m\u00e1s vanguardista \u201cDDOOSS\u201d. Y todav\u00eda en 1934 empuja la creaci\u00f3n de \u201cA la nueva ventura\u201d. Arcadio Pardo solo esper\u00f3 a los 17 a\u00f1os para estar en el grupo fundador de \u201cHalc\u00f3n\u201d, con Luis L\u00f3pez Anglada y Fernando Gonz\u00e1lez entre otros, y el necesario carn\u00e9 profesional de periodista de Miguel Delibes como apoyo legal para los \u00faltimos n\u00fameros. Entre las dos aventuras, el abismo de la guerra civil. \u201cComo si la guerra hubiera cercenado alguna posible continuidad\u201d, escribi\u00f3 Arcadio en el pr\u00f3logo a una reedici\u00f3n facs\u00edmil de \u201cHalc\u00f3n\u201d. Concluidas estas aventuras de juventud, cercados ambos por sus orteguianas circunstancias, vino la lejan\u00eda, el retiro solitario hacia la poes\u00eda. Francisco Pino, con el alma herida por la guerra, se recluye en Villa Mar\u00eda, en el Pinar de Antequera, a partir de 1940. Arcadio Pardo, enamorado de una joven francesa en un curso de verano en Valladolid, acaba instal\u00e1ndose en Francia a mediados de los cincuenta: Rouen, Aix-en-Provence, Par\u00eds. Los dos cultivan la poes\u00eda como una forma privada de resistencia, de comunicaci\u00f3n con los restos del fulgor pasado. Pino en su aislamiento elegido y con ediciones de cien ejemplares que regala o vende en Relieve. Pardo, inmerso familiar y profesionalmente en la lengua francesa, pule en la intimidad de su lengua materna poemas y libros que apenas si circulan entre sus antiguos amigos. No pertenecen a ning\u00fan c\u00edrculo de influencias, a ninguna generaci\u00f3n que los ampare. Poco a poco la personalidad po\u00e9tica vence al aislamiento y a la lejan\u00eda. Francisco Pino publica al fin en Hiperi\u00f3n: \u201cAntisalmos\u201d en 1978, \u201cM\u00e9quina dalicada\u201d en 1981, y sobre todo \u201cCuaderno Salvaje\u201d en 1983. Pardo asciende con m\u00e1s lentitud, centrado en la tenaz construcci\u00f3n de su obra. Siempre con ese intervalo de veinte a\u00f1os entre una y otra biograf\u00eda, pero unidos en una trayectoria po\u00e9tica marcada por la pureza de sus ambiciones. Francisco Pino recibe en 1990 el premio de la Letras de Castilla y Le\u00f3n. Ten\u00eda 80 a\u00f1os. Arcadio recogi\u00f3 en mismo premio en 2016, con 88 a\u00f1os. La importancia de ambos fue creciendo sin cesar, desbordando soledades y fronteras. Se hicieron ediciones de sus poes\u00edas completas. De cada uno de ellos se ley\u00f3 una tesis doctoral en la universidad de Valladolid. Sus nombres remontaron los c\u00edrculos restringidos de seguidores. Fallecieron activos y nonagenarios, casi con la misma cifra de a\u00f1os. Francisco Pino en su Villa Mar\u00eda a los 92, en 2002. Arcadio Pardo en Par\u00eds a los 93, en 2021. Nunca les preocup\u00f3 la fama ni los reconocimientos. Pero s\u00ed la pervivencia de su obra, que dejaron silenciosamente encomendada a sus lectores postreros. \u201c\u00a1te morir\u00e9! \u00bfme vivir\u00e1s?\u201d, afirmaba y preguntaba Francisco Pino en su \u00faltimo libro. \u201cCrees \/ en la perduraci\u00f3n de lo emanante: \/ muerto, vendr\u00e1s a otros\u201d, aseguraba Arcadio Pardo ante el espejo de sus versos. Para los dos vale la frase de Gustavo Mart\u00edn Garzo que rescato de un comentario suyo sobre Francisco Pino: \u201cEl poeta es el que se ejercita en desaparecer\u201d.<\/p>\n<p>(publicado en El Norte de Castilla el viernes 10 de febrero de 2023)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A mediados de los a\u00f1os setenta alguien me habl\u00f3 de un poeta que regentaba una tienda de tejidos en la que dejaba pistas de sus libros por el escaparate. La tienda, de nombre HG, estaba en la calle Mar\u00eda de Molina de Valladolid, al lado de lo que entonces era el cine Roxy. 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