{"id":93,"date":"2013-03-23T09:48:39","date_gmt":"2013-03-23T09:48:39","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=93"},"modified":"2013-03-23T09:48:39","modified_gmt":"2013-03-23T09:48:39","slug":"el-latido-de-mi-propia-sangre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2013\/03\/23\/el-latido-de-mi-propia-sangre\/","title":{"rendered":"El latido de mi propia sangre"},"content":{"rendered":"<p>En las casas de la infancia de Alice Munro hab\u00eda en la puerta una concha de n\u00e1car en la que la escritora pegaba el o\u00eddo, tal vez para sentir el rumor de aquel mar que promet\u00edan las caracolas de nuestra ni\u00f1ez. Pero lo que su audici\u00f3n percib\u00eda y descubr\u00eda era \u201cel tremendo latido de mi propia sangre\u201d, palabras con las que cierra su obra \u2018La vista desde Castle Rock\u2019.<\/p>\n<p>La propia sangre. La escritora nos ten\u00eda habituados en otros libros a lanzar la vista m\u00e1s all\u00e1 de su cabeza, sin perder la cercan\u00eda de lo que conoce bien. Sus relatos agrupados en una docena de colecciones suelen dejarnos seres ocasionales sobre una geograf\u00eda cierta, la de Canad\u00e1 en Ontario, en los alrededores del lago Huron donde naci\u00f3, aunque tambi\u00e9n es frecuente llegar ala ColumbiaBrit\u00e1nica, a Vancouver o Victoria, donde tambi\u00e9n ha residido. Los seres que captura tienen pocas ra\u00edces, prestos a moverse e irse lejos a poco que el azar empuje en cualquier direcci\u00f3n. Nadie como Munro para pintar vidas prendidas por alfileres en ciudades o pueblos sin vestigios del pasado, en los que los bosques y los animales salvajes todav\u00eda no han desaparecido. El pa\u00eds que emerge de sus p\u00e1ginas es reconocible para los ojos de cualquier viajero atento a las calles sin relieve de las ciudades recientes del nuevo mundo y a las vidas que las pueblan, reflejadas certeramente por el cineasta canadiense Atom Egoyan en obras como \u2018El liquidador\u2019 o \u2018El dulce porvenir\u2019.<\/p>\n<p>Sin embargo, para \u2018La vista desde Castle Rock\u2019 la escritora decidi\u00f3 echar mano de un espejo m\u00e1s potente que la incluyera a ella, tambi\u00e9n a su familia y a su pasado. En la vuelta atr\u00e1s por uno de sus afluentes sangu\u00edneos regresa a Escocia, al valle ignoto de Ettrick, una regi\u00f3n \u201csin ventajas\u201d, como se anotaba en un registro estad\u00edstico de 1799. All\u00ed encuentra pronto las l\u00e1pidas de sus antepasados, y la \u00e1spera geograf\u00eda que los llev\u00f3 a obsesionarse con la emigraci\u00f3n, tanto que a las luces de las frecuentes borracheras cre\u00edan ver desde lo alto del castillo de Edimburgo la costa americana. Pero sobre todo descubre los testimonios de sus antepasados: \u201cTuve suerte, ya que, por lo visto, en cada generaci\u00f3n de la familia hubo un aficionado a escribir cartas largas, directas y a veces escandalosas, y a trasladar al papel minuciosos recuerdos\u201d. El tesoro se completa con el envidiable cuidado que los anglosajones ponen en sus registros de nacimientos y defunciones, revistas y publicaciones, memorias de asilos y hospitales, rastros de todo tipo que en la orilla opuesta de nuestro incivil pa\u00eds convierten cualquier b\u00fasqueda en una tortura sin resultados.<\/p>\n<p>Toda escritura arranca de la experiencia y se asienta en la documentaci\u00f3n, y as\u00ed sucede en esta obra de Alice Munro, pero la distingue la convicci\u00f3n con la que airea sus fuentes y se funde con ellas. La obra avanza en paralelo al viaje de sus antepasados a trav\u00e9s del Atl\u00e1ntico a principios del siglo XIX, un grupo familiar que luego la autora descubre en las l\u00e1pidas de un cementerio bordeado por la autopista de m\u00e1s tr\u00e1nsito de Canad\u00e1. En realidad poco importa que los protagonistas fueran seres de carne y hueso o de papel, que por sus venas fluyera la sangre de Alice Munro o la tinta de la imprenta. Lo que cuenta y decide es la fuerza con la que se est\u00e1n cavando los cimientos de los personajes evanescentes de sus relatos de ficci\u00f3n. La rama escocesa de los Laidlaw debe ganar las nuevas tierras, desboscarlas con fiereza, cortar troncos para sus casas, ingeni\u00e1rselas para calentarlas sin provocar un incendio, pulir su suelo de fresno, cazar y luchar por un esca\u00f1o en la escasa sociedad que les rodea. Es la epopeya de la fundaci\u00f3n, una epopeya sin h\u00e9roes pero s\u00ed con v\u00edctimas y sacrificios impuestos por la vida a\u00fan por asentar e inventar en medio de una naturaleza cuya domesticaci\u00f3n siempre est\u00e1 comenzando.<\/p>\n<p>El viaje de los Laidlaw escoceses concluye en la propia Munro, protagonista m\u00e1s o menos cierta de los \u00faltimos relatos del libro: \u201cHac\u00eda algo cercano a la autobiograf\u00eda: explorar una vida, mi propia vida, pero no de un modo preciso y riguroso. Me situaba en el centro de ella y escrib\u00eda sobre esa identidad, de forma tan escrutadora como me era posible\u201d. Lo que al final importa y vale no es el conocimiento de la vida de la escritora, ni tampoco el entorno hist\u00f3rico y fundacional de sus antepasados, sino el alcance de la operaci\u00f3n literaria que debe prolongarse hasta conmover los resortes de reconocimiento y evocaci\u00f3n del lector, pues la epopeya del asentamiento, de la incesante movilidad tras la casa que nunca se termina de rematar, est\u00e1 escondido en el coraz\u00f3n antropol\u00f3gico y en el pasado olvidado que, a la manera de la anamnesis plat\u00f3nica, solo la gran literatura es capaz de vivificar.<\/p>\n<p>(publicado en <em>La sombra del cipr\u00e9s <\/em>el 23 de marzo de 2013)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En las casas de la infancia de Alice Munro hab\u00eda en la puerta una concha de n\u00e1car en la que la escritora pegaba el o\u00eddo, tal vez para sentir el rumor de aquel mar que promet\u00edan las caracolas de nuestra ni\u00f1ez. 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