{"id":94,"date":"2013-04-28T10:00:14","date_gmt":"2013-04-28T10:00:14","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/?p=94"},"modified":"2013-04-28T10:00:14","modified_gmt":"2013-04-28T10:00:14","slug":"sentir-el-sol","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/hoyempiezatodo\/2013\/04\/28\/sentir-el-sol\/","title":{"rendered":"Sentir el sol"},"content":{"rendered":"<p>No es Luchino Visconti un autor del que convenga visitar de nuevo su obra. Alguna que otra decepci\u00f3n refuerza esta sentencia m\u00e1s intuitiva que emp\u00edrica. La Venecia que retrat\u00f3 alcanzada por la peste, o los palacios enloquecidos por Luis II de Baviera tal vez encuentren su mejor asiento en la memoria cerrada. De la versi\u00f3n que hizo de \u2018El extranjero\u2019, que no he vuelto a ver desde su estreno a principios de los setenta, me queda prendida la luz, la luz cegadora en las playas de Argel, la luz depositada en las blancas ropas que vest\u00eda Marcello Mastroianni, y que la viej\u00edsima portada de la edici\u00f3n de Alianza Editorial de 1971 se empe\u00f1a en evocar sobre mi mesa, con el fotograma del protagonista desmontado en tiras que el ojo es incapaz de reunir, como si su luz se hubiese descompuesto en una in\u00e9dita sucesi\u00f3n de grises elementales. Ay, esas cubiertas de Alianza firmadas por Daniel Gil.<\/p>\n<p>\u201cSentir el sol\u201d, dice un verso de Olvido Garc\u00eda Vald\u00e9s. \u201cToda la luz\u201d, reclama otro. En ese aire denso e inesquivable se desenvuelven los d\u00edas del protagonista de \u2018El extranjero\u2019, Meursault, un ser irrelevante, sin nada especial en su vida salvo la actitud y la mirada que pone en todo lo que le rodea. Meursault es un hombre de coraz\u00f3n inalcanzable. Cualquier variaci\u00f3n de la rutina rebota en su mente y en su conciencia. Nada le impresiona, nada le gu\u00eda ni le condiciona. Es extranjero del acaecer de las cosas, que ni le conciernen ni le implican. \u201cHoy ha muerto mam\u00e1. O quiz\u00e1 ayer. No lo s\u00e9\u201d. As\u00ed arranca su confesi\u00f3n, que no es retrospectiva sino que avanza en presente, sin capacidad ni tiempo para la reflexi\u00f3n. Nos engancha en el ceremonial del entierro de su madre, preso de las convenciones que apenas si puede seguir. Qui\u00e9n no ha vivido algo as\u00ed en un funeral, se podr\u00eda pensar bajo la antigua estrategia de crear complicidad con el lector, del reconocimiento que viene desde la catarsis de Arist\u00f3teles. Pero Meursault no admite compa\u00f1eros de viaje, su postura no es coyuntural, no procede de un desconcierto del que se recuperar\u00e1 para integrarse en el orden social, para tomar sus propias riendas tras un mareo pasajero. No, \u00e9l es definitiva y radicalmente indiferente, se deja llevar sin m\u00e1s, no le importa nada. Solo siente la luz, el sol, el calor que le hace sudar bajo el traje y le embota la cabeza, la sal del agua marina en la boca. \u201cHac\u00edas dos horas que el d\u00eda no avanzaba, dos horas que hab\u00eda echado el ancla en un oc\u00e9ano de metal hirviendo\u201d, anota en la playa antes de los disparos que van a cambiar la corteza de su vida. A su cuerpo solo le mueve el deseo de otro cuerpo, pero sin doblegar su indiferencia: \u201cUn momento despu\u00e9s me pregunt\u00f3 si la amaba. Le contest\u00e9 que no ten\u00eda importancia\u201d.<\/p>\n<p>A Albert Camus es inevitable asociarlo con otros autores franceses, Jean-Paul Sartre a la cabeza, que en la mitad del siglo XX tejieron una obra literaria y filos\u00f3fica nucleada en el existencialismo, en la desaz\u00f3n del hombre que se siente y se sabe ef\u00edmero, y que tras la muerte de Dios dictada por Friedrich Nietzsche ci\u00f1e su vida a su recorrido biol\u00f3gico. Meursault podr\u00eda representar ese ser para la muerte, pesimista y negativo, desgraciadamente sincero, para el que Martin Heidegger cre\u00f3 la gran met\u00e1fora del ser arrojado al mundo, el hombre que sin haber elegido la existencia tiene que afrontarla, tomar decisiones y ser responsable de lo que no demand\u00f3. Pero, bien pensado, el protagonista que dibuja Camus es lo contrario de ese modelo existencialista lleno de desaz\u00f3n que vaga por la corteza terrestre sin saber de d\u00f3nde viene ni a d\u00f3nde va, preso de angustia por la cercan\u00eda de la muerte implacable. Meursault, curado de todo, no tiene ning\u00fan inter\u00e9s en decidir, en tomar un camino y rechazar otros. Carece de verdades, salvo las incontestables de la luz y el deseo. El mundo es una ruleta sin v\u00e9rtigo cuyo azar le lleva al asesinato, como antes le emplaz\u00f3 en un funeral o ante el cuerpo de Mar\u00eda sobre la espuma salada del mar. Solo se irrita una vez, cuando el capell\u00e1n de la c\u00e1rcel trata de conmoverle con el viejo temor escatol\u00f3gico: \u201c\u00bfNo tiene usted, pues, esperanza alguna y vive pensando que va a morir?\u201d. As\u00ed es, le responde Meursault, que logra echarlo con sus gritos y por fin quedarse solo entre \u201cla tierna indiferencia del mundo\u201d.<\/p>\n<p>Cuando tras la primera sesi\u00f3n del juicio Meursault atraviesa el patio del Palacio de Justicia para ser trasladado a la c\u00e1rcel, reconoce \u201cen un breve instante el olor y el color de una noche de verano\u201d, y llegan a sus o\u00eddos las quejas de los tranv\u00edas, las voces de los vendedores, los cantos de los p\u00e1jaros, el rumor del cielo. Ese es el mundo que le recibi\u00f3 y le atiborr\u00f3 de luz y de sol, el mundo imp\u00e1vido que seguir\u00e1 girando antes y despu\u00e9s, y que a m\u00ed me lleva finalmente a los versos de Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez: \u201cY yo me ir\u00e9\/ y se quedar\u00e1n los p\u00e1jaros\/ cantando:\/ Y se quedar\u00e1 mi huerto, con su verde \u00e1rbol\/ y con su pozo blanco\u201d.<\/p>\n<p>( La sombra del cipr\u00e9s, 27 de abril de 2013)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No es Luchino Visconti un autor del que convenga visitar de nuevo su obra. Alguna que otra decepci\u00f3n refuerza esta sentencia m\u00e1s intuitiva que emp\u00edrica. La Venecia que retrat\u00f3 alcanzada por la peste, o los palacios enloquecidos por Luis II de Baviera tal vez encuentren su mejor asiento en la memoria cerrada. 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