{"id":21,"date":"2009-10-30T18:45:00","date_gmt":"2009-10-30T18:45:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/jorge-praga\/?p=21"},"modified":"2009-10-30T18:45:00","modified_gmt":"2009-10-30T18:45:00","slug":"paris","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/jorge-praga\/2009\/10\/30\/paris\/","title":{"rendered":"Par\u00eds"},"content":{"rendered":"<p><IMG src=\"\/jorge-praga\/wp-content\/uploads\/sites\/8\" id=\"img_0\" class=\"imgdcha\">No es casualidad que al menos cuatro de las pel\u00edculas programadas en el ciclo de la &#8216;Nouvelle vague&#8217; centren muchos de sus escenarios en la capital francesa. Hay algo m\u00e1s que aprovechamiento del lugar que conocen los cineastas y en el que van a rodar. Su mirada enmarca, enuncia, dice, ti\u00f1e la ciudad. El arranque de &#8216;Los cuatrocientos golpes&#8217; es bien expl\u00edcito, sobre los mismos t\u00edtulos de cr\u00e9dito: travellings en las calles resbalando sobre edificios grises o naves industriales, siempre coronados por el pico de la torre Eiffel, una especie de campanario laico que por fin la c\u00e1mara alcanza cuando llega el nombre del director, al que guarece entre las patas de la mole. Luego la c\u00e1mara se aleja en busca de Antoine Doinel. Tambi\u00e9n &#8220;Par\u00eds nos pertenece&#8221;, de Jacques Rivette, (que podr\u00eda ser la obra fundacional del movimiento, pues se rod\u00f3 en 1957) arranca con la entrada a Par\u00eds en un tren que se desliza entre traseras de edificios y tapias, un paisaje s\u00f3rdido. Y en fin, qu\u00e9 decir de &#8216;Al final de la escapada&#8217;, que populariz\u00f3 para siempre los Campos El\u00edseos pregonados por la voz cantarina de Jean Seberg. O &#8216;El signo del le\u00f3n&#8217;, el debut de Eric Rohmer, que encierra a su protagonista en un Par\u00eds desierto por las vacaciones, del que solo queda el esqueleto de las calles y la vida de los despose\u00eddos.<br \/>\n\u00bfHay ciudad m\u00e1s cinematogr\u00e1fica que Par\u00eds? En el salon Indien del Gran Caf\u00e9, en el bulevar de los Capuchinos, tuvo lugar la primera proyecci\u00f3n; los ni\u00f1os jugando en los jardines de las Tuller\u00edas formaron parte del programa inaugural de los Lumi\u00e8re; en sus alrededores se instal\u00f3 el primer estudio y el primer mago, Georges M\u00e9li\u00e8s; e inmediatamente la ciudad fue protagonista de multitud de obras que la observaron o inventaron: pintoresca y complaciente en &#8216;Bajo los techos de Par\u00eds&#8217; de Ren\u00e9 Clair, coraz\u00f3n indestructible de los amantes con las c\u00e9lebres frases de &#8216;Casablanca&#8217;. Ciudad rom\u00e1ntica, bohemia, art\u00edstica, intelectual, sofisticada, popular&#8230;, tambi\u00e9n la &#8216;Nouvelle vague&#8217; quiso labrar sus adjetivos, alentada por el asalto de las calles que le ense\u00f1\u00f3 el neorrealismo italiano, y por las posibilidades t\u00e9cnicas de las nuevas c\u00e1maras, m\u00e1s ligeras.<br \/>\nY no es, sobre todo en estos comienzos, una mirada amorosa ni complaciente. Jacques Rivette la recorre sin cesar, y sin fijeza, con una c\u00e1mara que entra y sale de habitaciones l\u00fagubres, que viaja por calles extra\u00f1amente vac\u00edas, tejiendo una nube negra de angustia, una na\u00fasea sartriana que deriva hacia conspiraciones inconcretas que rozan la psicosis. Es la obra que mejor refleja la atm\u00f3sfera existencialista que imperaba entonces en muchos ambientes intelectuales. A Godard sus calles le sirven como escenario de desplantes y travellings provocativos, pero tambi\u00e9n son el cauce por donde discurre el universo nihilista de su protagonista que desembocar\u00e1 en muerte y autodestrucci\u00f3n, y esa ser\u00eda la lectura moral que el cineasta quer\u00eda desplazar ir\u00f3nicamente hacia sus piruetas (&#8220;un travelling es una cuesti\u00f3n de moral&#8221;). Truffaut casa la amargura de su primera pel\u00edcula con la b\u00fasqueda de los chavales que s\u00f3lo se encuentran libres cuando huyen de padres y profesores, marchando por las aceras, bajando las escaleras de Sacre-Coeur. Y por fin Rohmer, siempre racionalista, espera el momento oportuno del verano para desnudar la ciudad y convertirla en un cementerio.<br \/>\nLuego cada cineasta, ya entregado a su carrera divergente de los dem\u00e1s, volver\u00eda con estilo m\u00e1s personal a Par\u00eds, una y otra vez. Incluso Rohmer la vuelve a crear digitalmente en &#8216;La inglesa y el duque&#8217;, y hubo adem\u00e1s una fusi\u00f3n colectiva de estos cineastas sobre la ciudad que los vio nacer art\u00edsticamente: &#8216;Par\u00eds visto por&#8230;&#8217;, una obra al estilo de los sesenta en que seis componentes del movimiento troceaban la ciudad en episodios. Recuerdo su estreno en el cine Coca, pero no la he vuelto a tener delante desde entonces. Ahora puede ser la ocasi\u00f3n de buscarla, la propina parisina de este ciclo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No es casualidad que al menos cuatro de las pel\u00edculas programadas en el ciclo de la &#8216;Nouvelle vague&#8217; centren muchos de sus escenarios en la capital francesa. Hay algo m\u00e1s que aprovechamiento del lugar que conocen los cineastas y en el que van a rodar. Su mirada enmarca, enuncia, dice, ti\u00f1e la ciudad. 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