Desnudan su alma, pero poco. Esta parece la estrategia de los políticos en la eterna precampaña que padecemos. Es un hablo, me sincero, pero con prudencia, que tengo miedo a cometer un error, a meter la pata. Esa línea argumental se repite una y otra vez en estos días, como si la espada del rechazo pendiera sobre las cabezas de quienes aspiran a ocupar cargos públicos tras las complicadas –para todos, incluida la sufrida prensa– elecciones que se avecinan.
Para entender esto, el pasado miércoles hubo dos episodios que así lo acreditaron. Por orden cronológico –ese que, creo, no molesta– giró visita uno de los líderes emergentes del semirenovado PP nacional: Esteban González Pons, valenciano y parece que con un considerable club de fans femenino. En el hotel San Antonio el Real reunió a los responsables y representantes de los medios locales para tomar un café, acompañado de candidatos. En el precioso patio lo recibió el propietario del establecimiento, Isaac Martín, junto a los candidatos Silvia Clemente, Jesús Postigo, Francisco Vázquez, Paloma Sanz y Juan José Sanz Vitorio, amén de los diputados Javier Gómez Darmendrail y Sara Dueñas y el presidente de la Diputación, Javier Santamaría.
Ya dentro, en un coqueto salón, González Pons extendió su correcta oratoria y lanzó datos que le hacen pensar que, como en anteriores ocasiones, se producirá un empate técnico en las elecciones municipales. A pesar de este reconocimiento de una realidad que se repite inexorablemente cada cuatro años, aseguró que el PP lo tiene mejor porque el 90% de sus votantes son fieles y les volverán a apoyar, mientras que en el PSOE este decisivo porcentaje se reduce al 60%. Aún así fue precavido: «Hay mucho voto oculto socialista, que puede aflorar», aseguró.
Luis Martín, César Gómez, Juan Pablo Pascual, Valentín Grande, Manuel Pacheco, Ángel Escribano, Fernando Sanjosé, Marcelo Galindo, Juan José Misis, Javier Lóper Alarma y quien esto suscribe agradecimos esa sinceridad, aunque sea prudente y calculada. «Lo que queremos es ver el día 22 por la noche en el mapa el banderín del PP en Segovia», dijo en su papel de animador de un partido que, como dijo su presidente provincial, lleva doce años sin el bastón de mando de la ciudad. De allí salimos –o, al menos, yo– con la sensación de que el PP no las tiene todas consigo, pese al terrible momento de su principal rival en las urnas, lastrado por el pernicioso, para sus intereses, ‘efecto Zapatero’.
Ya en la calle no pude por menos que comentarle algo. Había dicho él en la charla que las encuestas del CIS desvelan un rechazo mayoritario de los ciudadanos a lo que algunos llaman, con acierto, clase política, porque es eso, una casta, muchas veces de intocables. «No es que los políticos sean malos, es que son ustedes muchos», le espeté en un arrebato mezcla de piedad y de sarcasmo. Con una gran sonrisa, me dio la razón –otro acto de sinceridad premeditada–, dijo que sobran muchos y razonó que lo que ofende a los ciudadanos es la corte que lleva aparejada cada político: guardaespaldas, chófer, secretaria, jefe de prensa… «Esto ahora la gente lo tiene muy en cuenta, por la situación económica», aseveró.
Y para rematar la conversación, que siento no durara más, lancé otra andanada: «Es más fácil ser político en una comunidad autónoma que en el Gobierno central, donde está puesto el foco». González Pons, que fue consejero de Cultura en el Ejecutivo valenciano y sabe de que hablo, esbozó una sonrisa, me señaló con el dedo y asintió con la cabeza, para abrazar mi argumento sin decir una palabra, como si nadie le hubiera hecho esta reflexión.
Y como si de una media maratón se tratase, muchos de los presentes –de la prensa, no del PP, claro– fuimos al Palacio de Mansilla, donde Pedro Arahuetes presentaba su libro ‘Segovia, al despertar’, que así se llama, y en el que el autor resume sus ocho años como alcalde. Allí obviamente la concurrencia era notablemente superior en número al acto de los populares, porque era abierto al público. «No es autobombo, sino una relación de hechos objetivos que pueden gustar más o menos, pero son reales», anunció el regidor nada más empezar, al ser interrogado de forma incisiva por el periodista Aurelio Martín. Se escapó de varias preguntas, también con una sinceridad calculada y con el auditorio bastante entregado. «He venido a hablar de mi libro», dijo varias veces para explicar una publicación en la que no hay hueco para la lírica, la literatura.
No sé quien leerá tal cosa, un anuario de ocho años sin concesiones a la galería, pero siempre hay valientes. Arahuetes estuvo arropado por buena parte de su equipo de Gobierno y por el secretario regional del PSOE, Óscar López, al que las bromas y las no bromas sobre la independencia del alcalde no creo que le hagan gracia, que la marca es la marca y todos han de defenderla. Como Javier Giráldez, que asistió sentado en las discretas últimas filas, junto a Álvaro Gil Robles y Eliseo de Pablos
Evidentemente, descendías en las filas y el entusiamo era menor, aunque me senté en la segunda y les prometo que no llevaré el libro para leer en las vacaciones de Semana Santa. Hay que descansar.