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Jaime Rojas

La canaleja, crónica social de Segovia

Luz en la noche inmensa

La noche es inmensa cuando cuando nos falta alguien insustituible en nuestra vida. Así lo expresa de forma bellísima Pablo Neruda en su inigualable ‘Veinte poemas de amor y una canción desesperada’, libro que nadie debería dejar de leer o, al menos, conocer de su existencia. En ellos te reflejas, sea cual sea o haya sido tu situación vital y en el número veinte, el que cierra, recuerda en una noche estrellada un amor, que se mantiene muy vivo y muy presente.  Yo conservo estos versos en la memoria desde mi adolescencia y los recito de carrerilla, a pesar del paso del tiempo. Es lo que ocurre cuando algo te impresiona: que permanece inalterable en tu cabeza, pase lo que pase y venga la vida como venga.
Y muy presente e inmutable se conserva el recuerdo de Moisés López Parras, un personaje de esos que deja huella, de los que desde que nace hasta que desaparece todo lo que le rodea, todos sus actos, poseen algo que los hace únicos. Su marca, su estigma es indeleble por irrepetible. Hace cinco años un accidente de aviación, lejos de su querida Segovia, dejaba huérfana a una ciudad de uno de sus vecinos con más personalidad, con un carácter firme, alegre y, sobre todo, generoso, valores difíciles de alcanzar, aún más en estos tiempos tan rácanos de originalidad y tan endiabladamente estúpidos.
Aviador audaz, osado e intrépido, el recuerdo de Mois volvió al primer plano con el homenaje en su amado aeródromo de Fuentemilanos, una instalación que fundó e impulsó, como reza la placa que con su nombre fue descubierta junto al hangar. Texto sencillo y exacto y en el que, como es obvio, no caben todas las anécdotas que contaban muchos de los numerosos asistentes a un acto entrañable y emotivo, en el que su inseparable esposa Concha Díez impartió una lección de aplomo y de amor, de ese que aún continúa vivo como en los versos de Neruda. Sentimientos encontrados, dijo tener, y provocó un nudo en las gargantas de sus hijos Moisés, Belén y María y de cuantos se reuniron allí, esos que amaron y aman al singular aviador. Un acto de los que, como su protagonista, marcan. Y se lo digo desde el conocimiento de quien acude a todo tipo de ‘vedettismos’ sociales , de quien es una ‘vedette’, como le gusta calificarme a mi gran amigo Moisés hijo, con menos cuerpo que su padre, pero con tanta agilidad mental para la broma que necesitaría varias páginas para narrarles sus continuas guasas.
Pues sí, hasta en eso destaca el homenajeado. En fechas en las que hay tal sucesión de comidas, cenas y actos sociales de buenos deseos y consumo desmesurado que es imposible mantener una vida y una dieta equilibradas, por encima vuela ‘Mois’, como en el precioso dibujo que ilustra este artículo, obra de José Luis López Saura. Su acto, de los que han sido y de los que aún están por venir, fue especial, singular, sencillo, pero con gran carga de profundidad. Allí se estaba por cariño, algo que no sucede todos los días en esta vida de lo políticamente correcto, de la palabrería hueca y de las cursiladas y mamarrachadas, que decían en ‘Bienvenido Mr. Marshall’, la berlangada más grande jamás contada.
Anécdotas, decía, cuentan muchas. Desde que era dado a poner apodos con bastante gracia, hasta que su forma de andar tan segura y decidida le franqueaba todas las puertas. Pero me quedo con quienes destacan que en los tratos como empresario le bastaba dar la mano, como los veteranos ganaderos que, cada vez menos, vienen de la provincia a la ciudad los jueves de lonja. Eso ya no es fácil de ver, que todo hay que atarlo ahora con documentos y a la palabra dada se le confiere escaso valor. Pero como dice un amigo que atraviesa problemas domésticos con su mujer, lo que hace falta es paciencia, temple y paso firme para no pegar un puñetazo encima de la mesa y salir corriendo y no parar hasta caer desplomado.
Y mientras ‘Mois’ sobrevuele por encima de nuestras cabezas, la noche ya no será tan inmensa, Concha. Que la luz del día llega, esa especial que tiene Segovia y de la que presumen quienes son más segovianos que el Acueducto, como lo hacía ‘Mois’.

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Sobre el autor

Jaime Rojas, delegado de El Norte de Castilla en Segovia, nos contará, todos los domingos, la crónica social de Segovia, capital y provincia.


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