Decía hace un año –en los comienzos de esta sección que ahora vuelve no por Navidad, sino precisamente después– que 2011 iba a ser un año terrible y que el ejercicio siguiente, en el que ya estamos, sería un compendio de catástrofes y horrores. Pues hete aquí que lo del año pasado se ha cumplido para muchos: basta solo mirar nuestro interior, observar el exterior y hacer un balance sin apasionamiento, sereno, para darnos cuenta de que en mejores situaciones nos hemos visto. Y el 2012 tiene aún peor aspecto.
Entregado al oficio de vidente, en ese mismo artículo vaticinaba cuatro cambios en la sociedad segoviana. El primero era la revolución en Caja Segovia, con la salida de sus altos cargos; el disparo era fácil y así ha sido, pero lo que no dije es que la asonada iba más allá, con generación de polémica por las compensaciones dinerarias que esta deserción masiva y obligada ha significado desde el punto de vista económico; en suma, altas retribuciones que al común de los mortales le cuesta entender, porque son legítimas pero de difícil venta para la opinión pública.
El segundo cambio sería el de usuario del bastón de mando de la Alcaldía de la ciudad. Nada, fallido, con los matices de resultados y pactos posteriores que todos conocemos. El tercero fue un acierto y del que me alegro profundamente; era el cambio de categoría de la Gimnástica Segoviana. Así fue y ojalá que este año no haya otra mudanza, que el club habite donde está y no cambie de domicilio. Y el cuarto era en la directiva de la prensa segoviana; aquí no se cumplió, aunque en descargo de mi vaticinio al final no hubo elecciones y es obvio que sin urnas no hay cambio, salvo pronunciamiento o cataclismo que borre lo que somos.
Ya ven dos aciertos y dos fallos; ‘fifty-fifty’; medio lleno o medio vacío; ni para ti, ni para mi. Así consta. No contento con el ajustado resultado, me atrevo a hacer un pronóstico, a ser profeta en los 12 meses para el año 12. Ganas de perder la mesura, vaya. Y allá va:
Enero. Fácil, que ya llevamos la mitad. Apuesto a que la frase más repetida es: ‘este es el año del miedo’. O esta otra, más circunscrita al mes: ‘la cuesta de enero este año es peor que nunca, con la que está cayendo’. Todo tétrico.
Vamos con febrero. Aquí triunfará el más de lo mismo. Paro, déficit, recortes, el ‘no vendo nada’… Frío doméstico y frío en la calle. Y llega marzo. Todo sigue igual, pero se abre la esperanza del final del terrible primer trimestre y el comienzo de la primavera !Uf, qué alivio¡
Abril. Semana Santa, días de vacaciones, el puente de la fiesta regional, se ve el sol. Algo más de optimismo, pero las cifras macroecnómicas y el día a día de la microeconomía no responde o lo hace con la terquedad de quien sabe que tiene la sartén por el mango. A pesar de todo, volveremos a contar que miles de turistas invaden las calles de Segovia y desafían la crisis.
Mayo. Mes de flores y fútbol. Titirimundi y los madrileños regresarán para inundarnos de magia y de algunos euros, a pesar de los pesares económicos. Todo muy florido. Y el deporte nacional en lo más alto: emoción en la liga, un equipo español ganará la ‘champions league’ y nuestra Segoviana estará agarrada a la tabla que le dará la salvación. Mucho circo y poco pan.
Junio. Más deporte, más fútbol de la selección, las recortadas fiestas de la ciudad y el rejonazo, la puntilla, el IVA, ese simpático tributo que crecerá hasta ser veinteañero.
Julio y agosto. Sol, más fiestas recortadas donde las orquestas serán los nativos de cada pueblo tocando cacerolas y se llevarán los toros de cartón piedra. Pero fiesta.
Septiembre. Vuelta al cole con la depresión. Más cornadas de la crisis y temor al otoño.
Octubre y noviembre. Resistencia hercúlea a la espera del turrón, que llegará en diciembre y que comeremos –o, no– con la misma gente y nos daremos por satisfechos, porque al final el año no habrá sido tan malo y habremos superado el fatídico 12 del 12 del 2012 y nuestro vecino tendrá la misma cara, los mismos problemas y las mismas ganas de salir corriendo que nosotros. Todo tan normal, que con eso debemos conformarnos.