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Jaime Rojas

La canaleja, crónica social de Segovia

El turismo, ese gran reinvento

Sostenía hace años un compañero de profesión que cambiaría todas las catedrales de Castilla y León por cien metros de playa, que así triunfaría el turismo de la comunidad. Exagerado o no –quizá esa superficie de arena sea escasa a cambio de tantos templos– indicaba la pobre confianza en un sector, que entonces estaba en pañales en la región y que sucumbía por goleada ante el clásico y muy español turismo de sol y playa. Vamos, que las suecas y el ambiente de chiringuito, salitre y bronceador superaban de forma holgada a los deánes y olor a incienso.
Pero nada es para siempre, como dice Rajoy sobre la congelación de impuestos para temor de todo españolito con el bolsillo castigado. Y el cambio llegó. Las suecas ya no son más altas y bellas que las torres de las catedrales y estas lucen más esbeltas que la escandinava más aparatosa que puedan imaginar. El turismo de interior le ha comido mucho terreno a los soleados arenales y los gurús del asunto han reaccionado con propuestas –algunas inverosímiles– para que la tendencia no se modifique y superemos los bañadores de Alfredo Landa, por no decir la braga naútica de Felipe González o el ‘meiba’ de Aznar. Que no, que todo lo material que implica una playa no admite comparación con la espiritualidad de mirarse y mirar al interior.
Para demostrar esa remontada de lo interior sobre lo periférico en el suelo patrio están las ferias de turismo, esas concentraciones de inmensas masas de folletos que sus visitantes cogen, dejan en papeleras o utilizan luego para calzar una mesa que se tambalea o para alimentar la chimenea. La última Fitur, la más excesiva e internacional de todas, a la que acuden miles de curiosos a observar cómo este gran asunto del turismo se reinventa. Año tras año se las ingenian para presentar novedades, que en esto parece que no todo está inventado. Pero claro, a veces da la sensación que es un certamen en el que gana quien idea la ocurrencia más absurda o, lo que es peor, el mayor de los disparates, que de todo existe. Vender helados en un iglú, mantas en la playa o hacer turismo durante la época del monzón en Asia está al alcance de la imaginación osada de cualquiera
Ejemplos, después de darse un paseo por el recinto ferial madrileño, hay muchos. Desde hoteles temáticos para parejas, perros, gatos o para centenarios –esto último no me consta que se le haya ocurrido a nadie, pero tiempo al tiempo– hasta viajes supuestamente de aventuras o a países poco recomendables para visitar como no sea que quieras sufrir o ser portada de los telediarios. Que ofertantes de todo hay y demandantes, también.
Para aquí , para esta tierra, existen igualmente curiosidades, como las visitas a la recarga del acuífero del Carracillo, unas instalaciones para aprovechamiento industrial, pero que por el arte del turismo reinventado también pueden ser un producto  de ocio. Así, como lo leen, que cada uno puede sacar rentabilidad de donde quiera y pueda, sobre todo en este tiempo de arañar.
Y como no, que la gastronomía no falte, que en ese mercado no nos superan esos pobres que viven mirando al mar y que –peor para ellos– tienen playa, con lo molesta que es la arena. De lo segoviano, la Semana de Cocina, que llega a veinteañera, y un nuevo invento: el concurso de tapas del judión de La Granja. Que si a la marinera, que si del pinar o con almejas, en pastel o en empanadilla, que aquí siempre la imaginación se dispara.
Ocurrencias muchas, pero hay que ir más allá, que las ideas se agotan. Y para eso, para derrotar de forma definitiva a estos ‘piernas’ del turismo playero y que ganen los sitios ‘donde no se pasan esos calores’ –como dice la publicidad de una promoción inmobiliaria en la sierra–, llega la traca final, la gran idea: el llamado autobús del amor. No se presentó en Fitur y, si todo fue bien, anoche aparcó hasta la madrugada en Cantalejo. La oferta: tres discotecas y 55 chicas solteras, ni una más, ni una menos; el gancho: que estaban dispuestas a conocer a su media naranja o a un amigo de una noche. Oigan, ya tienen una idea para la próxima feria turística y den las gracias, que cuesta mucho reinventar  tantas veces.

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Sobre el autor

Jaime Rojas, delegado de El Norte de Castilla en Segovia, nos contará, todos los domingos, la crónica social de Segovia, capital y provincia.


enero 2012
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