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Jaime Rojas

La canaleja, crónica social de Segovia

Subvencionados, pero menos

Más cine, por favor, cantaba Aute, que añadía que todo en la vida es cine. El cantautor lo decía en unos tiempos, hace casi treinta años, en los que el cine vivía el inicio de lo que sería su gran crisis a finales de los 80, con el cierre de numerosas salas ante el empuje de los nuevos canales privados de televisión y de un nuevo ingenio doméstico: el video. Aute reclamaba más y más, pero los tiempos se empecinaban en menos y menos. El cine se dio así de bruces con lo que más temen los artistas: la indiferencia del público, que dejó de ir a las salas para abrazar la nueva religión del mando a distancia, el sofá de casa y las pizzas a domicilio. El acto social de ir al cine había terminado y con ello un vehículo cultural de masas, unas masas que se inclinaron por otras opciones de ocio.
Luego adaptándose a los tiempos llegaron las multisalas, pero ni aún así el cine volvió a ser lo que era. Los tiempos de los aforos completos no regresaron y paulatinamente el negocio entró en una espiral de decadencia que todavía continúa. Y en todo ese cúmulo de circunstancias adversas, el cine español, que nunca había sido objeto de la preferencia del público ni de los distribuidores y exhibidores de películas, sufría más que cualquier otro. Pero hete aquí que ‘papá Estado’ acudió al rescate y llovieron millones para evitar que el enfermo falleciera. Hubo un generoso reparto de dineros para la ayuda a la producción de películas patrias, ante la protesta de una parte de la sociedad, que identificaba a los ‘peliculeros’ con gentes sobradas, primero de pesetas y luego de euros. Aquello de titiriteros millonarios o subvencionados a la sopa boba llenó los medios de comunicación, en una polémica eterna que tuvo su punto álgido con la participación de actores y actrices en manifestaciones contra el ejecutivo de Aznar por cuestiones nada relacionadas con el cine. Los Bardem y sus huestes pasaron de esta forma al imaginario colectivo como estiletes para tratar de derribar un gobierno.
Las ayudas siguieron hasta que la crisis, esta vez general y no solo de este negocio, ha convertido el cine español en una quimera, una ficción al más puro estilo del arte cinematográfico. El último plano que parece conducir al ‘the end’ es el recorte en los presupuestos de este año de un tercio de las subvenciones públicas, aunque las partidas para los festivales se mantienen. La tendencia es dejar resoplando las producciones caras, a los consagrados, y volver la mirada a los pequeños con la microfinanciación, el micropatronazgo a través de Internet, algo que se extiende, para que quienes carecen de posibilidades económicas suficientes puedan realizar películas.
Mientras y observando el plano local, la ciudad se mantiene como una de las menos dotadas de salas, con dos multisalas privadas y la curiosidad que ninguna en el centro. Un caso que acredita que el negocio está degradado y que es una tragedia. En el otro plano, en el de la comedia, David Pinillos, el joven y triunfador director segoviano, Goya a la mejor dirección novel, confiere una sonrisa a toda esta película de terror financiero.
Todos estos malos tiempos para la lírica del cine contrastan con el camino franco para el deporte. Las subvenciones para su impulso se incrementan en las cuentas públicas, sin duda en un guiño a algo que nos une más que el cine y cualquier otro asunto. Hacer deporte aficionado y que hagan deporte con éxito los profesionales es algo que se abre paso frente a otro tipo de ocio, como la cinematografía y las artes audiovisuales, que así de pomposo es el instituto que gestiona la ayuda a los ‘peliculeros’. Mente sana, en un cuerpo sano, frente a las malignas películas.
Pues bien, allá cada uno con sus gustos. Yo, por evidentes razones sentimentales –mi padre fue empresario de cine hasta su jubilación–, me inclino por la butaca, sobre todo porque es más cómodo.

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Sobre el autor

Jaime Rojas, delegado de El Norte de Castilla en Segovia, nos contará, todos los domingos, la crónica social de Segovia, capital y provincia.


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