>

Blogs

Jaime Rojas

La canaleja, crónica social de Segovia

Los restos del naufragio

Casablanca, para muchos la película con mayúsculas, cumple no sé qué aniversario. Y como toda efeméride, aunque no sea muy redonda, posee la utilidad de rememorar lo que el hecho y los personajes que lo protagonizaron han significado para nuestras vidas. Bogart e Ingrid Bergman, los fantásticos secundarios que les acompañan y la historia, sobre todo la historia, permanecen con nosotros, fundamentalmente entre la generación de nuestros padres que veían en esa trama de amor pleno de adversidades un reflejo del tiempo complicado que les tocó vivir.
Casablanca cumple años y cumple con la función de recordarnos que somos poca cosa en un mundo que en esa época, como en esta, se desmorona. Que somos pequeños y estamos indefensos ante quienes desde la política o la economía tratan de dominar los tiempos de nuestras existencias. Pero también nos hace ver que podemos ser protagonistas de historias que parecen ordinarias y que sin embargo tenemos la posibilidad de convertir en extraordinarias. Seguro que muchos de ustedes han visto la película y que a algunos les parecerá algo rancio, caduco, sin color, y a otros les emocionará y sabrán parte de sus diálogos, como le ocurre a mi padre que los recita casi enteros, que para eso se dedicó a esto del cine y aunque le hubiera gustado ser Bogart y coger el cigarrillo como él, tuvo que conformarse con proyectar sus películas en sus cines. Vea usted como lo vea, opine lo que opine, le guste o no, lo que es evidente es que la historia de amor que relata es universal, de esas que alguna vez aunque sea de forma tangencial hemos vivido y padecido o lo que es más trascendental vivimos o padecemos ahora, en tiempo real, en este año horrible.
Y aquí, en nuestra Segovia gris –como el uniforme de los alemanes al entrar en París, le dice Bogart a su amada–,  de invierno largo a la espera del azul –como vestía Ingrid Bergman cuando los alemanes entraron en París, también le dice Bogart–, igualmente se desmorona el mundo, con el ejemplo latente de Caja Segovia. Estos días han entrado los alemanes en nuestro París para borrarnos y quedarse con algo que, con sus matices, amábamos. Ya solo queda el perro de la fotografía, de nombre ‘Mus’, que saluda a la cámara mientras parece vigilar los restos del naufragio, en el día en el que la Caja dió su último estertor antes de pasar al reino de los muertos, de los enterrados en vida como los parisinos de hace siete decenios y los refugiados en Casablanca, del que dicen en la película es un buen lugar para morir.
Fue un martes 27 de noviembre de 2012, un día cuyo aniversario como les decía de toda efeméride nos servirá para recordar lo que sucedió y quienes estaban ahí, en primera fila, como víctimas o como verdugos, que de estos también habrá que acordarse, mucho y de forma enconada.
Pero siempre nos quedará ‘Mus’, allí ojo avizor, para recordarnos que la memoria no se rinde. Un héroe, el perrillo, enfrentado a todos esos alemanes invasores, salvaguarda de nuestros valores, custodio celoso de lo que hemos sido y ya no volveremos a ser, guardián de nuestros amores que se disuelven como la Caja que una vez amamos, pero que las ingratas circunstancias y la incompetencia nos han arrebatado en este naufragio general que es el maldito 2012.

Temas

Sobre el autor

Jaime Rojas, delegado de El Norte de Castilla en Segovia, nos contará, todos los domingos, la crónica social de Segovia, capital y provincia.


diciembre 2012
MTWTFSS
     12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930
31