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	<title>Sangre, sudor y barro | La canaleja, crónica social de Segovia - Blogs elnortedecastilla.es</title>
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		<title>Sangre, sudor y barro | La canaleja, crónica social de Segovia - Blogs elnortedecastilla.es</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Apr 2013 12:07:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jaime Rojas</dc:creator>
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Decía que en breve han de realizarme una extracción de sangre para ver como están esos simpáticos compañeros de viaje que llevamos dentro y que a veces se desmandan. A uno le inquieta el resultado y como en los asuntos de Hacienda siempre tienes la sensación de que te falta un papel –una póliza de veinticinco pesetas, era lo normal hace años cuando había pólizas y pesetas–, casi siempre decisivo para estar en paz con nuestro cuerpo y con la administración. Y eso es lo normal, lo que le ocurre a todo el mundo, de Coruña a Murcia o de Gerona a Cádiz. Uno va a las infraestructuras sanitarias alterado y perturbado ante cualquier acto médico, aunque sea un simple pinchazo. Es la naturaleza humana.<br>
Claro que a nadie le gusta ir a un centro sanitario, pero en Segovia, como en otras cosas, aún menos. Somos así de peculiares; siempre originales pase lo que pase y sea lo que sea. Aquí, en el llamado Complejo Hospitalario ir ya es un agobio aunque vayas a conocer a un recién nacido. Y no es un desasosiego acudir por los profesionales, que hay de todo como en botica, pero que en general superan la media de amabilidad respecto a otras administraciones públicas. No, no es eso. El sofoco se produce nada más llegar, como una bofetada. Es algo tan insignificante comparado con la salud como es aparcar el vehículo.<br>
Les decía que acudiré en unos días allí con preocupación, con sudores fríos. Y no es otra que pensar qué narices hago con el coche. Existe un miniestacionamiento asfaltado, en el que no hay que pagar y en el cual es más difícil encontrar un hueco libre que ver nevar en verano. Luego está la opción de dejarlo tirado en los terrenos anejos al hospital, en cunetas o caminos de tierra. Y mi inquietud va en aumento al pensar que estamos en época de lluvias, a pesar de que parezca que ya lo ha llovido todo en el loco mes de marzo. Me imagino calado, con los zapatos llenos de barro y entrando en la dependencia donde van a pincharme y en la que por evidente lógica debe haber la máxima asepsia.<br>
Apurado trataré de que la enfermera no descubra mi turbación y pueda encontrar la vena sin que tenga que darme más puyazos que a un toro en una plaza de tercera. Y terminada la faena, con mi algodón y esparadrapo en el brazo y más hambre que Carpanta, por eso de tener que ir en ayunas,  volveré a buscar el vehículo mientras procuro pensar que ha sido leve, que no estoy mareado. Alcanzado el objetivo del coche, otra vez calado y con los pies de barro como las empresas de Ruiz Mateos, maldeciré a los dichosos políticos que cambian nombres pero que no tienen sangre para solucionar un simple aparcamiento.</p>
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