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	<title>El disparate de la grúa | La canaleja, crónica social de Segovia - Blogs elnortedecastilla.es</title>
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		<title>El disparate de la grúa | La canaleja, crónica social de Segovia - Blogs elnortedecastilla.es</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Nov 2013 10:46:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jaime Rojas</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>Convendrán conmigo en que esto de la política en el Ayuntamiento de Segovia es una fuente de la que manan permanentes sorpresas y episodios disparatados. Ya habrán adivinado que me refiero al último sainete municipal, con el protagonismo estelar del alcalde de la ciudad y el portavoz de la oposición, en un diálogo que entronca con el humor del absurdo hasta elevarlo a su máximo exponente.<br>
Les relato, y perdónenme, el asunto con el que nos han dado un pedazo de divertida semanita. Es martes 15 de octubre, ocho y media de la mañana y llueve. Alguien avisa a la grúa –sería curioso saber quién y por qué tanta diligencia–. Hay un coche aparcado en un lugar para vehículos autorizados y el menda o la menda que llama al implacable servicio municipal supongo que sospecha que es un listo que se ha colado en un sitio de privilegio. O se acercó a ver si tenía tarjeta o sabía de quién era el vehículo, que esto es una pequeña capital de provincia donde tu vecino sabe qué comes y a qué hora.<br>
Y casualidades de la vida, en las que usted puede creer o no, que esto de la fe es libre, el coche es el particular del alcalde, que por razones de cargo y por lógica aplastante seguro cuenta con un puñado de detractores dispuestos a amargarle la mañana. Al alba, como las tropas de Trillo en la isla de Perejil, la grúa acude presta a por su víctima y con tanta agilidad ejecuta la maniobra que el agente número 6.029 –ojo que en el sorteo de Navidad esta cifra puede vender bien– que dirige el operativo olvida un importante detalle: mirar si el vehículo está autorizado o no a estacionar en el lugar de autos. Lo lleva al depósito y allí dice percartarse de que tenía autorización, quizá en lugar poco visible. Ve que la tarjeta es la número uno, la del alcalde, y supongo que el susto es mayúsculo. La he líado parda, pensaría, mientras resoplaba una y otra vez y maldecía su mala suerte. Enterado el alcalde va a recoger su coche y se lo lleva sin abonar la tasa, porque así se lo indican, asegura.<br>
Y aquí paz y después gloria, debió pensar el famoso agente y el propio regidor. Pero hete aquí que el incidente gruero llega a oídos de la oposición y veinte días después, esta semanita vaya, el asunto adquiere tintes de Estado con debate en el pleno municipal. Que si se ha ido sin pagar y que primero suelte la tela y luego reclame, como hace todo hijo de vecino. En fin, argumentos para meter el dedo en el ojo, como corresponde a una oposición que se precie.<br>
El alcalde contraataca y en un acto inédito y chocante monta una rueda de prensa en el Ayuntamiento en la que el invitado especial es el agente municipal 6.029. Con frialdad y como si fuera una parte de incidencias, describe los hechos, con el regidor observándole a su lado e interrumpiéndole con preguntas para que aquello tuviera algo más de chicha. Terminada la exhibición pública, ya para toda la vida será el policía que se llevó el coche del alcalde.<br>
Y a todo esto, el ciudadano perplejo y con la mala leche de pensar en alto o en bajo –como somos, de verdad– que el problema no es el agente, ni la lluvia, ni la ágil grúa, ni el sospechoso celo cívico de quién llamó, ni el alcalde que no paga, ni tan siquiera la perversa oposición, sino el privilegio de unos cuantos de asentar las posaderas de sus vehículos particulares en lugares especiales. Es que no tenemos compasión con nuestros líderes.</p>
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