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Jaime Rojas

La canaleja, crónica social de Segovia

Adiós a dos generaciones

Ya era hora. Por fin he encontrado algo que llevarme al teclado que no sea un horror. Ya hay una buena nueva, tan harto de describirles problemas y más problemas, malas noticias y peores noticias. No es algo que nos afecte aquí en vivo y en directo en la aterida Segovia, pero me hace sonreir. Entre tanta inquina en el Ayuntamiento, tanta dificultad en los bolsillos de casi todos y tanto procedimiento judicial que nos desmitifica muchas de las entidades y personas que un día fueron modelo a seguir, vuelven para hacernos reir, aunque solo sea por un día.
Me refiero a los Monty Python, el grupo cómico británico que un día nos maravilló con la absurda vida de un tal Brian. Han sido protagonistas de una semana fría. Volvieron a reunirse –setentones ya ellos– para decir que regresan. Es el retorno en una única actuación en julio del año que viene. Será en Londres, por lo que es más que probable que ni usted ni yo tengamos oportunidad de verlos en directo. Mas no se aflijan, que seguro que conseguimos ver por televisión algún extracto de la que promete ser divertido e irrespetuoso, como es el humor surrealista que practican.
Y mientras esto sucede, aquí las buenas noticias no se estilan, ni el sentido del humor, tampoco. Uno de los hitos amenos del otoño segoviano era la gala de la Muces, esa muestra de cine que mora entre nosotros desde hace ya unos años. Pues miren que esta vez, ni eso. El acto fue menos parrandero que en otras ocasiones y la fiesta posterior fue más bien triste, con poca gente y menos glamour que en ediciones precedentes. Poco público y escasamente entregado, a pesar de los esfuerzos de la inquebrantable y animada banda de La Troupé de la Merced. Allí se arrancaban muy pocos a bailar y la pobre presencia de caras y cuerpos del cine patrio y del resto de Europa hizo el resto.
Abatida fiesta, sí, como lo están dos generaciones de segovianos que observan impotentes como sendas asociaciones que han sido referente en la ciudad, agonizan sin remedio. Horizonte Cultural y el Club Recreativo están en fase terminal. La organización estudiantil, con ochocientos socios y más de treinta años a sus espaldas, fue poderosa y ahora, aunque el número de asociados es importante, nadie –¡ay! como ocurre en tantas cosas en esta bendita sociedad sin compromiso que hemos creado– da un paso al frente para gestionarla, sin que alguien quiera repostar gasolina para que vuelva a arrancar.
Una generación, la del baby boom,  que pierde una referencia y que mira con nostalgia lo que fue y ya no es. Como lo hacen sus padres, esos que hace 65 años crearon el Club Recreativo y que ahora ya no pueden ni reunirse. Otra generación abrazada a la melancolía de saber que esto se acaba.
Ahora ya comprenden el motivo de hablar de los tipos estos que crearon a Brian y sus cosas, por aquello de ponerle una sonrisa al bello pero mustio otoño. Si estuvieran en Segovia ya no podrían ni ir a jugar a las cartas, ni a leer el periódico como les pasa a sus coetáneos; incluso creo que tampoco tendrían la posibilidad de retornar al escenario, que aquí devoramos a nuestros hijos. Siempre nos quedara la posibilidad de reirnos con sus gracias, en un humor que sirve para las dos generaciones que, cosas del destino, se acercan al tiempo a su fin.

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Sobre el autor

Jaime Rojas, delegado de El Norte de Castilla en Segovia, nos contará, todos los domingos, la crónica social de Segovia, capital y provincia.


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