Excuso decirles que es tiempo de ser dulce, que es tiempo no apto para diabéticos. Tantos buenos deseos para estas bautizadas como entrañables fechas y tantos y tantos propósitos para el nuevo año le dejan a uno sin ganas de ser ácido o, al menos, incisivo. Y también es tiempo de balances, de ver el motivo por el que hemos cogido manía al año que expira y pronunciamos la célebre sentencia de ojalá se acabe pronto.
Así, entre los anhelos de felicidad para estos días y las pretensiones para el ejercicio que se avecina nos pasamos el mes más inhábil del año, con una sucesión de fiestas que no hay cuerpo que resista; ni los más avezados en esto de las celebraciones y juergas, ni los más en forma pueden con tanta jarana. Saltamos de la comida o cena de empresa, con los compañeros y compañeras del metal a los que tanto apreciamos el resto del año, a las reuniones familiares, esas amenizadas por alguna polémica más o menos enconada. Suegras, cuñados, sobrinos, cualquiera es bueno para una discusión y cualquier asunto, también.
Y todo esto tiene un pase, casi siempre resuelto con faena de aliño e indulto final del morlaco. Pero lo que me marea son los dichosos balances de casi todo, que cada año crecen sin parar. A los clásicos de hitos políticos o personajes famosos fallecidos en el ejercicio, se unen ahora toda suerte de asuntos que les digo que me importan poco o nada. Uno de los curiosos es el de los videos virales del año, esos que triunfan en internet y en concreto en el todopoderoso youtube. Los más vistos de este año son, como siempre, absurdos. El ganador, agárrense a la silla, ha sido una chorrada de un zorro, de como sabemos qué sonido hacen otros animales, pero no este; la cosa incluye un bailecito tan tonto como los disfraces de los protagonistas.
Le siguen otros como la parodia dela en otro tiempo cándida niña Disney, Miley Cyrus, que al cumplir añitos se ha transformado en todo lo contrario a la inocencia. Entre los ganadores también está el musculos ya veterano Jean Claude Van Damme, en un anuncio de camiones. Echo de menos al traductor al lenguaje de signos del funeral de Mandela, ese tipo que se coló en la mayor concentración en muchos lustros de políticos de todo el mundo, para mayor gloria de los responsables de seguridad. El fulano merecería ser compatriota, porque de pícaros siempre hemos estado sobrados para exportar. Seguro que en algún momento pisó suelo patrio o tiene un antepasado de aquí y si no es así, vaya, que en otros países ya nos ganen hasta en esto, en lo que toda la vida hemos sido los máximos especialistas.
Y puestos a hacer balance, en la indomable Segovia también se pueden encontrar resultados para la reflexión. En política, de los guantazos se ha pasado al final del ejercicio a los encuentros y hasta al consenso. Comenzaron tirándose los trastos a la cabeza por el palacio de congresos y terminaron sonrientes subidos en un camión de bomberos que han comprado Ayuntamiento y Diputación. De la separación de bienes a gananciales, lo que hace concebir esperanzas de que lo que venga sea más venturoso que lo que dejamos atrás.
De otros balances no quiero hablar, que uno ha perdido buenos amigos y personas queridas en este maldito año 13, una terminación que precisamente es la más buscada para el sorteo de lotería de hoy. Y merecemos que nos toque para dar la vuelta al balance.