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Jaime Rojas

La canaleja, crónica social de Segovia

Todo llega en la vida

En el museo fotográfico que es Cándido se pueden encontrar joyas y curiosidades. La colección de personajes del siglo pasado que protagonizan las instantáneas colgadas en el viejo mesón le dan una impronta que te hace sentir que estás en un lugar que va más allá de un restaurante. Entre tantas, uno no sabe con cuál quedarse, sobre todo si reparas no solo en los personajes, sino también en las dedicatorias, porque muchas poseen más fuerza que la propia imagen.
Hay una que siempre me ha llamado la atención y no precisamente por quien la protagoniza. Es una foto oficial de Francisco Franco, de las que en la época habría miles y que no tendría valor alguno si no fuera por lo que está escrito en el reverso. Dice algo así como que todo llega en la vida y aquí tiene la fotografía del generalísimo y demás verborrea del régimen. Histriónico visto con nuestros ojos, pero natural entonces.
Todo llega en la vida, ya ven que dice, lo que llamó mi atención y me provocó una sonrisa. Frase aplicable ahora, pensé, como lo era para quienes acompañaron al dictador en un viaje de cuatro decenios. Al uso en esos momentos, por lo que parece, y también en estos tiempos, en los que las cosas de palacio siguen yendo despacio, aunque al final llegan. Ejemplos de que la lentitud es una bandera irrenunciable en lo público tenemos los que quieran. Basta oír aquello de los plazos son los plazos, caiga quien caiga por el largo camino.
En la ciudad, como entre las múltiples fotografías que adornan Cándido, hay también una instantánea que siempre me ha llamado la atención: la situación del casco histórico, la gran joya de la que vivimos y que me temo que los de la cosa pública tratan y han tratado como si no mereciera un mimo singular. Su famoso Plan Especial de las Áreas Históricas –que comprende también varios barrios cercanos al recinto amurallado– lleva dormido casi tantos años como estuvo de jefe de Estado el protagonista de la imagen del reputado mesón. Alcaldes ha habido de todos los colores y pelajes en los últimos treinta años, pero todos sin excepción han fracasado en su intento por cambiar esa fotografía de la vieja ciudad inerte. El último y actual, después de once años y casi ya tres mandatos.
Pero todo llega en la vida, ya saben y ¡aleluya! estamos cerca de recibir la fotografía demandada desde hace tantas lunas. Porque las cifras son escalofriantes: una cuarta parte de las viviendas del casco histórico están vacías y los negocios cierran a un ritmo bastante superior a las aperturas. No hay servicios, no hay vida en este gran parque temático.
La última intención de quienes llevan la manija municipal es que esta agonía termine en un par de meses con la aprobación del ya maldito y enrocado plan. Salvo fuerza mayor, que uno está escamado. Si así sucede, estoy convencido de que veremos cómo se mueven zonas condenadas al olvido, a pesar de su belleza. Veremos que se reactiva la economía local, aunque sea en unos parámetros inferiores a épocas pasadas cuando la contrucción movía el mundo. Pero algo veremos que no sea turistas a horas concretas en sitios concretos. Veremos que todo llega en la vida para recuperar la vida, aunque sea tarde. Claro, Dios, el dichoso plan y el Ayuntamiento mediante, que no me fío.

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Sobre el autor

Jaime Rojas, delegado de El Norte de Castilla en Segovia, nos contará, todos los domingos, la crónica social de Segovia, capital y provincia.


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