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	<title>Segovianos de ida y vuelta | La canaleja, crónica social de Segovia - Blogs elnortedecastilla.es</title>
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		<pubDate>Mon, 05 May 2014 10:18:52 +0000</pubDate>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>El segoviano es de naturaleza viajera y, sobre todo, emigrante. Busca o ha buscado una tierra prometida, alejada de los vicios eternos de este terruño. Persigue o ha perseguido en otro lugar una prosperidad que aquí no alcanza o en su día no alcanzó. Es el destino de un pueblo al que la crisis golpeó hace ya muchos decenios para llevarse por delante a su población, casi toda del medio rural, en una diáspora tremenda.<br>
Emigrantes entonces y, en los últimos años, receptores de extranjeros que vieron aquí un sitio de oportunidades, un edén contemporáneo. Pero la crisis –otra vez, una crisis– ha dejado a estos recientes segovianos sin expectativas, sin su sueño al que aferrarse y con todos los visos de haberse convertido en pesadilla. Sin empleo, las cábalas que se hicieron desde su país de origen se han ido al traste, se han disuelto como un azucarillo para toparse con la dura realidad de que los paraísos no existen en este siglo que comenzó tan bien y que se ha transformado en un muro complicado de franquear.<br>
Millar y medio de inmigrantes han hecho las maletas desde que el crack económico y social se instalara entre nosotros. La mayoría de quienes han desertado son los correctos polacos y los incansables búlgaros, que aún así continúan como la comunidad más numerosa. Colombianos y ecuatorianos también forman parte de este masivo regreso a casa o donde hayan ido, que la pista se pierde cuando dejan atrás los arcos del Acueducto. En el lado contrario, los rumanos siguen pensando que esto es jauja, así como los marroquíes y los chinos. Han venido más a pesar de los pesares y de las muy escasas posibilidades de encontrar un sustento digno. La razón es evidente: siempre es mejor una crisis del primer mundo que toda la bonanza que imaginen de otros mundos en los que la depresión es perpetua.<br>
Pero no solo de población extranjera vive el exiguo y descendente censo segoviano. Miles de madrileños y vallisoletanos habitan esta tierra, en la que también hay bastantes abulenses, salmantinos, asturianos, vascos, extremeños, barceloneses, burgaleses y ¡pásmense! de Ciudad Real. Debe ser que esto de ser ciudad Ave une mucho o vaya usted a saber el motivo, que a mí se me escapa.<br>
Recibimos pues con los brazos abiertos y nos vamos con mucha facilidad. Hasta 62.000 segovianos moran en el que llamamos el barrio más grande de la ciudad: Madrid. Son más que el padrón de la capital, algo que seguro sospechaban ustedes desde hace tiempo. En Valladolid también hay paisanos con narices, como en Barcelona, País Vasco, Burgos, Alicante y, por correspondencia, en Ávila. Pero en Ciudad Real, no; son más ellos aquí que nosotros allí y en esto también vaya usted a saber la explicación.<br>
Emigrantes, sí, pero con un pie en el terruño, que las raíces no se pierden. En esto el segoviano no ceja en su empeño de pregonar a los cuatro vientos que es de aquí, pero está allí donde esté por razones de progreso. Y hay unos segovianos, empresarios para más señas, que dan el do de pecho en presumir de origen. Asociados tratan –como muchos otros, convencido estoy– de que no se nos olvide que tenemos el privilegio de estar aquí. Pese a las cosas de esta santa tierra, que las tiene y algunas para salir corriendo.</p>
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