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Jaime Rojas

La canaleja, crónica social de Segovia

Marca Segovia

Teatro Calderón Valaldolid. 20/10/2018. Gala inaugural Seminci. Espiga de honor Matt Dillon. A.MINGUEZA

Creen los gallegos que están en todas partes, que es imposible ir a un rincón del planeta y no encontrarse con uno de ellos. Y pensamos los demás que así es. Sin embargo, olvidan, o más bien no reparan, que en esto de emigrar, de estar en el lugar más insólito e inesperado, los segovianos tienen mucho que decir. Das una patada a un bote en cualquier lugar y sale un gallego, pero golpeas el de al lado y allí hallas un originario o descendiente de esta tierra de paños y dulzainas y, en los últimos años, de turistas.
Me ha pasado esta semana que he visto segovianos por todas partes. Sus caminos son insondables fuera de los límites provinciales y casi siempre con la insignia en el pecho, para contar a quien quiera oirlo que su corazón reside aquí pero que por sombríos designios han terminado lejos. Otros no lo dicen, quizá con el temor a pasar por paletos y no poder competir con aquellos que aseguran ser de Madrid-Madrid, del mismo centro de Bilbao o de Valladolid de toda la vida. Hay gente ‘pa tó’, que dijo El Gallo cuando le presentaron como filósofo a Ortega y Gasset.
Comenzaron mis visiones de este festín de segovianos con Eva Hache. Cuellarana de no sé qué manera, si de sangre o de infancia y adolescencia vivida en la villa, presentó la gala inaugural de la Seminci. Y recordé que una vez afirmó que si dices que eres segoviano caes bien, que resulta simpático ser de aquí. Desconozco si utiliza mucho ese comodín del segovianismo y si lo ha hecho en esta oportunidad, pero convendrán conmigo en que en su oficio es un buen arma para ganarse al público. No es igual decir en ciertos sitios que eres de Gerona, donde nos los imaginamos siempre de amarillo y quejándose de las arbitrariedades que sufren.
Las ventajas de acogerse a la marca Segovia son evidentes, aunque a veces no lo empleemos. Es el caso de mi segunda visión semanal de segovianos esparcidos como polvo de estrellas: el futbolista Borja Valero. Supongo que para los que no sean futboleros ni idea de quien es, pero vi que jugaba con el Inter de Milán –no es poca cosa– contra el Barcelona y supe después que procede de Cantalejo. Ha sido internacional con España y aunque madrileño de nacimiento tiene esas raíces. Les juro y no sé el motivo que creía que era gallego, pero ya ven que renace del bote de al lado.
Están en todas partes, volví a pensar. Y mi teoría se confirmó, qué casualidad, al día siguiente, el 25, San Frutos, el patrón que como buen segoviano despierta simpatía hasta en los descreídos. Relajado en el sofá, veía entretenido un concurso en la televisión, cuando surgió ella, otra visión segoviana. Y esta vez de una persona anónima. Salió a concursar y cuando le preguntaron respondió que era de Segovia, que tenía 20 años y estudiaba una carrera en Madrid. De manual. La magia de la tele.
La muchacha, de aspecto modoso, hizo una confesión antes de jugar que dejó algo cortado al presentador y divertido al público: «si gano algo quiero el dinero para ponerme tetas; yo y mis amigas». Y ganó, con un par, más de diez mil pájaros, para alegría general y, sobre todo, de sus amigas. Luego se arrepintió algo y dijo que estaba conforme con su pecho, que ya les digo que parecía más prudente de lo que se desprendía de su revelación.
No sé qué hará con el dinero, si al final cumplirá su intención de palabra, pero desde luego que ayuda a que la marca Segovia, sea una vez más simpática y, además, moderna, que falta nos hace.

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Sobre el autor

Jaime Rojas, delegado de El Norte de Castilla en Segovia, nos contará, todos los domingos, la crónica social de Segovia, capital y provincia.


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