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Jaime Rojas

La canaleja, crónica social de Segovia

Milagro en el pueblo

santa maria la real de nieva 06/02/19 Presentación de la empresa bio ammo en santa maria la real de nieva

Anda Santa María la Real de Nieva, municipio de gran historia y mejor nombre, en el alambre de la despoblación. Su padrón está en 999 habitantes, después de contar con 1.004 vecinos el año anterior. Su vida es un ejercicio de malabarismo con el millar de almas como referencia y límite del que no desean bajar. Todos los años miran el censo con recelo y resoplan al comprobar que la caída, aunque lenta, es pertinaz. Y hacen cuentas de cuando será el final y recuerdan tiempos de gente y algarabía.
Como Santa María la Real de Nieva –permítanme que no abrevie el nombre, que me consta que a sus vecinos no les gusta que lo hagamos– la mayoría de los pueblos están en reyerta continua con el padrón. Miran y remiran y ven que eso baja como el agua del río, para no volver. Leen, oyen, tanto debate político y tanto ‘hay que hacer’ pero esto de la sangría de población no lo para ni un piquete de la Guardia Civil. Se desilusionan y piden a sus hijos que se vayan y regresen para las celebraciones y a los entierros, esos que certifican el derrumbe de habitantes en el mundo rural.
Oídos los políticos con aquello de fijar población, lo que esperaban en el pueblo era un milagro, no sé cuál, pero algo extraordinario como que una empresa se acordara de ellos y asentara sus posaderas allí, en lo que parece el último rincón del mundo. Y así es porque los milagros existen, aunque hay que tener fe para que lo asombroso sea en tu casa.
Porque fe en el milagro es la que han tenido y tienen en Santa María la Real de Nieva con un proyecto, de nombre Bio Ammo, que después de cuatro años de peregrinación por bancos y administraciones se hizo visible esta semana con una multitudinaria presentación en el llamado Salón de Cortes de la formidable iglesia. Expectación con caras de alivio al comprobar que la idea ha fraguado y que su promotor no es el Mr. Marshall de Berlanga; allí están las naves en construcción y el horizonte de este verano para comenzar a producir cartuchos biodegradables para tiro deportivo y caza.
Imagínense las pegas en estos años, el círculo vicioso en el que se introdujeron. En el banco si no tienes avales no hay financiación y en las instituciones si vas sin parné, nada de nada. Total, que los disparos de los cartuchos fueron fallidos durante casi un lustro hasta que el empeño de la empresa ha llegado a buen fin. Claro que la desconfianza era comprensible ante la pregunta de por qué narices se fija usted en este pueblo y no en otro, que nadie da duros a cuatro pesetas y de pícaros siempre hemos estado sobrados. Y lo que son las cosas, que ante esa duda razonable la respuesta de los promotores fue un gran argumento: hemos venido aquí porque el contable, de nombre Jesús, es de la tierra y por eso pusimos los ojos en un pueblo agrícola y de servicios, reñido con la industria.
Resuelta la inquietud, el camino quedó libre para que se produjera el milagro de instalar una empresa con previsión de dos centenares de empleos en un lugar al que las dentelladas de la despoblación han dejado mustio. Y además contarán con los vecinos para los puestos directos y para los indirectos que una industria genera.
Milagro en el pueblo como hace seis siglos cuando a un pastor –siempre a un pastor– de nombre Pedro Amador se le apareció la Virgen que le pidió que levantaran una iglesia en el lugar. Hoy el pastor ha sido Jesús y no Pedro y lo que se erige es un templo de los cartuchos que no contaminan. Milagros de estos tiempos.

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Sobre el autor

Jaime Rojas, delegado de El Norte de Castilla en Segovia, nos contará, todos los domingos, la crónica social de Segovia, capital y provincia.


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