Colectivos segovianos como Abraza la Tierra, las Escuelas Campesinas o Codinse, por citar algunos, pondrán mañana rumbo al paraíso de Madrid para dejar claro que a quienes representan nacen, se reproducen y mueren en el mismo país que lo hacen los urbanitas madrileños. Con otros grupos de todas las Españas darán voz a la llamada revuelta de la España vaciada o, lo que es lo mismo, al yermo y olvidado mundo de provincias.
Serán miles, seguro, los que se manifiesten con sus pancartas para llamar la atención de los habitantes de la gran urbe y de sus resortes mediáticos, que, por cierto, son prácticamente todos originarios de sus mismos pueblos o de otros en parecida situación de abandono. Y cuando les vean pasar a cientos, pensarán que no son tan pocos y que esto de la despoblación no será para tanto.
Así debió considerarlo esta semana el presidente Sánchez, que se paseó por Segovia, con toda su corte celestial –salvo los pilotos del Falcon– y rodeado de turistas, por lo que seguro pensó que gente, haberla hayla. Recorrió la Calle Real después de anunciar media hora antes ayudas al medio rural, para afrontar lo que denominan los gurús de las grandes ciudades el reto demográfico.
Probablemente lo dijo con la boca pequeña y porque estamos en campaña, ya que en estos territorios tiene pocos adeptos. Y además están vacíos, no como el paraíso madrileño, con muchos posibles votantes y dicen que todos de pura cepa de Madrid.