En plena pichicharra de los políticos por el mundo rural y, más en concreto, por la España vacía o vaciada, como gusten, quiero aliviarles su angustia con un pueblo que en breve sobresaldrá en el mapa de los más de ocho mil municipios. Es Nava de la Asunción y el motivo, su equipo de balonmano, que se proyecta hacia la máxima categoría nacional.
Desde la España yerma al infinito y más allá parece viajar la Nava –con el artículo por delante, como dicen los naveros–, en una búsqueda por salir del anonimato a través del deporte. Para nostálgicos quedarán así los tiempos en los que el tren pasaba por su puerta y contaban con cine y discotecas setenteras, una de ellas, la muy egipcia Osiris, recientemente derribada para construir un supermercado en el que mover el esqueleto a golpe de carrito.
Ahora es el momento del balonmano, de competir con equipos de ciudades y municipios con mucha más población que las 2.790 almas de Nava. Será tiempo para que los periodistas deportivos, con evidente querencia al topicazo, hablen del milagro de un pequeño pueblo y confundan su nombre para que terminemos los de aquí diciéndoles resignados: oiga, que sí, que se llama Navas de la Ascensión.