Sostienen los maledicentes, siempre alerta, que La Granja es Real Sitio en verano y La Granjilla, en invierno. Que la agradable temperatura estival y la llegada de a quienes llaman veraneantes lo convierte en un paraíso, en contraste con el duro tiempo de las nieves, cuando el edén se transforma en un puñetero e inhabitable lugar. Creánme si les desmonto el mito, después de diez meses entre ellos, para asegurarles que es un paraíso todo el año, con calor o frío o con simpáticos veraneantes o sin ellos.
Uno de los ejemplos de ser un edén anual es su fábrica de vidrio –la fábrica, así, en general–, que es una gloria del empleo las cuatro estaciones y que con cerca de 450 trabajadores es la empresa que más asalariados posee en la provincia. Integrada en el paisaje, sus espigadas chimeneas no desentonan entre tanta belleza natural, como no lo hace la producción silenciosa e inodora de sus millones de frascos.
Ahora cambia de manos, de un fondo de inversión de esos cuyo apellido buitre atemoriza a otro que parece menos depredador, con buen fondo, y que se anuncia viene en son de paz, como una paloma. Su proyecto a tres años es crear más empleo y, lo que es más importante, permanecer con la mirada en Peñalara sin las tentaciones de deslocalización que tanto asustan.
El paraíso está contento y expectante, con la convicción de que la fábrica continuará muchos años y con un alto porcentaje de empleados de los Reales Sitios de La Granja y Valsaín. Y qué menos, después de abrirles las puertas del edén a todos los que han querido venir, es de esperar que los nuevos no escriban su nombre sobre un vidrio mojado.