A finales de los 70 hubo un programa en televisión –en la única– de nombre ‘La segunda oportunidad’. Recreaba accidentes de tráfico con especialistas y trataba de enseñar cómo evitarlos. Tengo el recuerdo de que me impactó, nunca mejor dicho, y me sirvió para descubrir que eso del coche era un peligro que se cernía sobre mí cuando cumpliera la mayoría de edad y obtuviera el carnet de conducir.
Lo bueno del programa es que cada caso terminaba con un final feliz, gracias a la gentileza de contar con una segunda oportunidad. Te estrellabas contra otro vehículo o te salías de la carretera en una curva con tierra o agua y allí estaba el presentador, Paco Costas, para decirte qué tenías que haber hecho y dónde estaba el fallo para no tropezar dos veces en la misma piedra, decían.
Concluía el programa y estabas aliviado, como quizá se sientan en el PP después de la aparatosa colisión del domingo. El accidente ya no lo pueden evitar, pero sí la tragedia absoluta gracias a la segunda oportunidad en las urnas que se presenta en un mes. Conducir con precaución y hacer caso de las recomendaciones para cada situación meteorológica eran las recetas. Y aquí, también: prudentes con las propuestas para no alarmar al electorado y cuidado con las tormentas y con los traicioneros alcances por detrás.
Sostienen que van a corregir errores y que extrapolados los resultados podrían gobernar Segovia con el apoyo de otros. Buena actitud al volante, pero recuerden que aquellos programas se hacían con Seat 600 y no con los vehículos de ahora, que han cambiado y van como balas.