Ya toca desengrasar de tanta política y a la espera de que termine el parto de los pactos, hablemos de música; para ser más exacto, de espectáculo. Porque se aproxima el Festival Musical de Segovia, gloria internacional que fue de la ciudad y que vuelve a hacerse un hueco en la oferta amplia de certámenes musicales en la España estival.
Segovia sonaba bien hace unos años con su prestigioso festival. Luego llegaron tiempos de engañosa música celestial, cuando el dinero desafinaba y estrechaba el presupuesto. De artistas de enorme caché pasamos a cosas más modestas, de calidad también, sí, pero más humildes en repercusión. Y ahora parece que los primeros acordes del rebautizado el verano anterior como Museg reaparecen en nuestros oídos.
Para que esto haya ocurrido, amén de que los instrumentos dinerarios sean más numerosos con la incorporación de la Diputación al elenco de patrocinadores, el empuje de una persona ha sido vital: Noelia Gómez, la directora de la Fundación Juan de Borbón. Su arrojo y su sensibilidad de oficio con la música han impulsado el renacimiento de un festival que bastante hacía con sobrevivir a comienzos de siglo.
Ahora sonarán también los pueblos y si la Sala de la Galera en el Alcázar o el Jardín de los Zuloaga son patrias del festival, nada tienen que envidiar las nuevos territorios conquistados para la música como el impresionante claustro del Monasterio de Santa María la Real de Nieva o los castillos de Turégano y Cuéllar.
Con esos escenarios las notas sonarán a diálogo entre la ciudad y la provincia, entre los amantes de la música y los que están por descubrirla. Entre tanto arte político, o lo que sea a lo que asistimos, afinen el oído y disfruten porque el Museg suena bien.