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Jaime Rojas

La canaleja, crónica social de Segovia

El millón de euros de Adán

Es obvio que el aprecio social a los políticos está en caída libre; que nada ni nadie es suficiente para que su imagen remonte el vuelo y que nada ni nadie parece que quiera tirar de la anilla, que se abra el paracaidas y no se estrellen contra el suelo. Y es también obvio por sabido –y sobre todo inquietante– que después del paro, nuestros próceres de la patria y sus cosas sea lo que más preocupa a los ciudadanos. Es para que se lo hagan mirar y hacérnoslo mirar, porque igualmente es obvio que a la llamada clase política la hemos creado entre todos y crear un monstruo es evidente sinónimo de problemas.
Aunque les parezca extraño y algo snob, voy a arriesgarme y romper una lanza en favor de los servidores de la cosa pública, esos a los que la exigencia de la sociedad les va a dejar sin resuello. El tipo este de La Canaleja se ha vuelto loco, pensarán; esto de los navidades y tanto tiempo sin escribir la sección le ha reblandecido el alma y ahora es abogado defensor de quienes casi tienen menos defensa que un asesino en serie. Un suicidio, vamos, una forma de no ser políticamente correcto y nunca mejor dicho.
Pero déjenme que les explique. Seguía con fruición estas últimas semanas el ‘caso Casillas’, ese que para el que no sea futbolero consiste en que el todopoderoso portero del Real Madrid no ha jugado un par de partidos sin que estuviera de baja y solo por decisión del eterno quejica Mourinho, ese fulano con aspecto de vendedor de cafeteras, que es el entrenador, el que manda, vaya. Y para consumar la infamia que el asunto ha supuesto para millones de aficionados ha colocado en el puesto a un tal Adán, un portero que hacía más horas sentado en el banquillo que sus homónimos de fincas urbanas.
Las consecuencias, ya saben: debate encendido, las dos Españas y la madre que parió a los siete pecados capitales, esos que cultivamos pase lo que pase, en tiempo de crisis o de bonanza. Y en el fragor de la desigual batalla en la que todos con Casillas y nadie con el pobre Adán, surge la voz del cursi para decir que Adán es un ser humano y si me apuran y en términos bíblicos, el primer ser humano, el que se comió la manzana en un episodio que hoy estaría censurado por machista al describir a Eva como una arpía o por homófobo, al retratar a Adán como un pánfilo.
Pues claro que Adán, el portero, también es hijo de Dios y merece un respeto y el abrigo de todos nosotros, sus compañeros de especie. Pero uno lee, rasca y se fija y el tal Adán no es un pobrecillo de comedor social, ni un marginado, ni vive en un ambiente desestructurado como gusta ahora llamar a los bajos fondos. No, Adán, el joven aprendiz veinteañero al que nadie defiende frente a su maestro Casillas, tiene un sueldo anual de un millón de euros. Sí han leido bien: un millón de euros por estar en la trastienda sin despachar al público. La misma cantidad que gana todo el Consejo de Ministros junto. Un disparate.
Ahora ya comprenden mi osadía de amparar a los políticos, aunque solo sea para decir que ganan poco si lo comparamos con el menesteroso Adán pese a que muchos son unos adanes, permítanme la broma fácil. Y que los niños quieran ser futbolistas de mayores es algo tradicional y comprensible, pero que los mayores también quisieramos serlo no lo encontraba explicación. Hasta que descubrí el millón de euros del desamparado Adán, una cifra que da para algo más que comer manzanas.

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Sobre el autor

Jaime Rojas, delegado de El Norte de Castilla en Segovia, nos contará, todos los domingos, la crónica social de Segovia, capital y provincia.


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