Hoy me voy a meter en un jardín; con flores o yermo, que ya veré conforme avance en el artículo. Pensarán que esta declaración de intenciones es un viejo truco para captar su atención, pero no es mi propósito. El jardín al que pretendo entrar es inmobiliario, ese sector tan aplaudido e, incluso, venerado en otro tiempo no tan lejano y ahora, denostado y tan humillado hasta el punto de hacerle descender a las cavernas.
Y la idea de hablar de este lastre de nuestro tiempo que es el sector viene por la propuesta de IU a través de su único y multiplicado concejal en el Ayuntamiento de Segovia, Luis Peñalosa, de subir el IBI con un recargo del 50% en las viviendas vacías para que sus propietarios las llenen de luz y color. Son cinco mil con las persianas bajadas y plenas de polvo y olvido; toda una ciudad fantasma si las agrupáramos, diáfanas, en una sola zona. Todo con la sana intención de que sus dueños espabilen y las saquen al mercado con más empuje y ánimo que hasta la fecha.
Hasta ahí el asunto seguro que les parece razonable, que ya está bien de aguantar especuladores, esos tipos abyectos que coleccionan viviendas como sellos y que son unos zánganos que no quieren ni oir hablar de compradores o inquilinos que les perturben su paz labrada en los maravillosos años de bonanza. Pero como en toda idea, siempre hay posibilidad de réplica, de rebatirla y, si procede, de desmontarla.
Convendrán conmigo que en los ya míticos tiempos de la opulencia esta propuesta podía tener sentido para evitar que las familias con menor poder adquisitivo fueran excluidas del sacrosanto y constitucional acceso a la vivienda. Sin embargo, ahora, en este frustrante momento económico, la idea es un brindis al sol, una ‘boutade’, porque no cabe en cabeza humana que quien tiene un inmueble se niegue a venderlo o arrendarlo. Lo que ocurre es tan sencillo como que no hay quien los compre o alquile; los carteles en cualquier calle de cualquier ciudad o minúsculo pueblo así lo acreditan de forma contundente.
Si el asunto prospera –que no creo, ya que hay que cambiar la legislación– veo haciendo malabares a los propietarios de las casas desocupadas, que ya saben que hecha la ley, hecha la trampa. Empadrono a un sobrino o a la suegra si hace falta para evitarme así el incremento del impuesto. Lo estoy viendo.
Pero el asunto no acaba ahí, porque la propuesta va más allá, tiene otra pata: aumentar el impuesto a las viviendas de lujo, aquellas con un valor catastral superior a 400.000 euros, así como a las empresas con altos beneficios. Aquí si que ya es un jardín con riego automático y hasta con siete enanitos y la dulce Blancanieves.
Y la propuesta sobre el simpático IBI termina aquí, sin una tercera pata que seguro alguien echa de menos: los inmuebles que no abonan el impuesto, muchos de ellos eclesiásticos o de administraciones públicas. Pero claro ese es un jardín en el que topas con muchas piedras y en el que es mejor no meterse. Para no enredarse, claro.