No cabe duda alguna que hemos cambiado, que la sociedad española tiene un estado de ánimo muy diferente al de hace años. Y no solo por la convulsión económica que vivimos en este largo túnel en el que se ha convertido este principio de siglo, sino más bien por una transformación de los gustos y las ideas. Los valores, quien los tenga, son los mismos, esos que nunca perecen pase lo que pase y gobierne quien gobierne, pero lo que es correcto o rechazable ha variado de una manera que a veces roza el ridículo.
En esta sociedad bastante bobalicona nos llevamos las manos a la cabeza por unas tonterías que provocarían estupor a las generaciones precedentes, esas que vivieron una guerra, una posguerra y tiempos de cambio en la mitificada transición. Díganme si no es irrisible que toda la gloria informativa de Fitur –la feria de turismo más importante del año en un país que vive de este invento– se la hayan llevado dos azafatas de una discoteca de la playera Gandía. Que iban muy provocativas con una indumentaria ajustada y de color rojo era su pecado. Y ya saben que eso es utilizar el cuerpo de la mujer para promocionar un producto, algo que es incorrecto pero que se ha hecho, se hace y se hará. De lo demás, de la caída libre en el número de países participantes en el acontecimiento y de que la feria ya no es lo que era en gasto y en negocio, poco o nada. Es que eso carece de importancia frente al escándalo mayúsculo de que unas jóvenes vayan vestidas de una manera que ¡sorpresa! no va casi ninguna otra cualquier fin de semana en cualquier discoteca de cualquier pueblo o ciudad del suelo patrio.
Pues, nada, incorrecto y libertino; una perversión en lo que es la gran noticia del año y de la década, si me apuran. Algo para rezar por sus almas perdidas en misa de doce, a la que posiblemente no acudan los fieles y fielas de organizaciones de ideas modernas –o eso dicen– que han puesto el grito en el cielo. A la hoguera con ellas y con los abyectos tipos o tipas que las han contratado y las han obligado a sufrir embutidas en esos monos rojos.
Y es curioso que unos metros más allá, en el expositor de Melilla, reproducían una playa con chicas en bikini. Aquí el escándalo era menos porque también había muchachos en bañador y eso amortigua el golpe de desenfreno. El responsable del asunto decía que ellos promocionan la playa, que es lo que venden, y que lo lógico es que estuvieran con ropa de baño. Pues nada, les ponemos indumentaria de esquiador e igual creamos tendencia, debió pensar el hombre al percibir el follón.
Sociedad bobalicona, decía. Sociedad que ve incorrecciones por todos los lados. Hay cosas que se han podido hacer con normalidad y ahora ha cambiado el cuento y lo que era aceptado es rechazado por estos talibanes de la vieja España. Me viene a la cabeza qué hubieran dicho por ejemplo de dos rockeros nada sospechosos de atentar contra los principios fundamentales del progresismo como son el grupo Burning o Loquillo. En los ochenta y noventa los primeros decían en una canción ‘miéntelas, ellas lo prefieren así’ y el otro hablaba de ‘pisa el acelerador’. Incorrecto, por vejatorio en un caso y por peligroso en el otro. Hoy no podrían interpretar esas canciones por riesgo de montar un escándalo tan enorme como el de las chicas de Gandía.
Si alguno que yo sé levantara la cabeza estaría muy satisfecho de tanta corrección y pensamiento único. Pues eso, a ser buenos no vaya a ser que resucite.