Continúa la tempestad de candidatos para las dos citas electorales que nos aguardan con los brazos abiertos y, aunque no es la tormenta perfecta, al menos evita la monotonía de lluvia tras los cristales que veía Machado en sus clases. Brotan poco a poco las listas y el personal se asombra ante algunas vocaciones políticas recientes.
Y en este rosario de caras nuevas y otras ya curtidas, se echa de menos a algunos que ya estaban mimetizados con el paisaje político y, por supuesto, con el mediático. Pienso en los titulares –un signo evidente de deformación profesional– y algunos salen sin gracia. Tanto apellido común y repetido, como Sanz, Pérez o Vázquez, nos dejan maniatados para el complicado arte de titular.
Lejos queda el día en el que tres políticos socialistas, de apellidos Gato, Montes y Gordo –Antonio, Félix y Juan Luis, de nombres–, coincidieron en un acto e intentamos incluir a todos en el titular. Pero mezclar gato, con montes (pónganle acento en la ‘e’) y con gordo se pueden imaginar que provocó una carcajada general en la redacción. No recuerdo cómo, aunque lo resolvimos sin dar pie al cachondeo y evitamos así salir como gato escaldado, tirarnos al monte o liarla gorda. Qué caprichosa es la política.