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Jaime Rojas

La canaleja, crónica social de Segovia

La semana de la margarita

Dice mi hija Carolina, adolescente comprometida con la causa de las cosas de su edad, que esta ha sido la semana de la margarita. Ahora hay colegio, ahora, no; ahora otra vez colegio, ahora no. «Se le ha ocurrido a una amiga de clase», asegura en su inocente defensa de los derechos de autor, ese asunto tan legítimo pero que casi nadie respeta, sobre todo después del escándalo en la antipática Sociedad General de Autores, un ente que despierta tal aversión que si hubiera una consulta popular respecto a su continuidad seguro que arrasaban los partidarios de su desaparición o de su conversión en una entidad sin ánimo de lucro. Pero fue su amiga quien lo dijo y no quiere gloria ni prestada ni hurtada.
La semana, pues, la de la margarita. Y polémica. Que si es inviable para las empresas; que si así no hay ni quien trabaje, ni quien se concentre o que si en medio de esta crisis no todo vale y se han perdido mil millones de euros, calculan los empresarios con un ábaco tecnológicamente puntero que realiza operaciones aritméticas tan precisas que ríase usted de de los participantes en una olimpiada de matemáticas. En el polo opuesto, los que defienden que tanta fiesta es buena para la pujante hostelería y que la jornada es anual y si no se trabaja estos días, ya se hace en los largos y tediosos primeros e invernales meses del año, esos en los que los días festivos son más parcos que las vitrinas de trofeos del Real Madrid en los últimos años. Debate y más debate y la amiga de mi hija de cachondeito con la margarita, que si le preguntáramos que flor es adecuada para Zapatero, diría que una amapola –en este caso, un amapolo–, por aquello del bolero de cómo puede vivir tan sola, o solo, claro; aunque podría decir, con menos ingenio, que una rosa, evidentemenete algo marchita.
Margaritas deshojadas, amapolas despechadas o rosas en franco abatimiento, el caso es que la semana ha sido extraña, salvo en las cunas del turismo patrio, entre las que está incluida Segovia. En estos templos del ocio nada insólito ha ocurrido y miles de turistas han optado por no entrar en la discusión de la conveniencia o no del macropuente intermitente y han dejado claro que estas son unas fechas dulces para el sector. En tierras segovianas la invasión ha sido manifiesta, aunque como sucede siempre para unos más que para otros, que les hay que seguro han pinchado en este difícil camino de dar de comer, dormir y gozar a quienes se ponen la crisis por montera.
Pero llega mañana, ¡ay!, la realidad que, como en la semana que concluye, se prevé también discontinua. Que si cena con los compañeros de trabajo –cada vez menos, por motivos obvios–; que si el día de la lotería o de la salud; que Nochebuena con el atrezzo tradicional de la suegra y la cuñada; que si Nochevieja con el también habitual matasuegras, instrumento machista con el que, por puro despiste, no han logrado terminar los héroes de la política de los años precedentes o los Reyes Magos, otros a los que tampoco han podido hincar el diente pese a la alianza de civilizaciones con Papá Noel, un tipo políticamente muy correcto porque solo emite un sonido gutural, que no ofende a las naciones del mundo. Y en medio de este dilatado trámite, habrá nuevo Gobierno.
Cuando ya Rajoy haya deshojado su margarita de ministros  y medidas de choque y la Navidad sea un recuerdo de tópicos y lugares comunes, vendrá el crudo invierno, ese en el que más que nunca aflorarán voces múltiples que alimenten la teoría de que hemos pasado del ‘tengo derecho’ al ‘no hay derecho’. Sí, vendrán para decir que antes teníamos derecho a todo, universal y gratuito, y que ahora por culpa de vaya a saber usted de quién, no hay derecho a que nos quiten los caramelos de la boca, los macropuentes y el fútbol en abierto. Que no; que no hay derecho. Que la amiga de mi hija tenía derecho a que ideara lo de la margarita y ahora no hay derecho a que pasen los festivos a los lunes y viernes y le quiten valor a su ocurrencia y triunfe el chiste fácil de la rosa. Es una verguenza jugar así con el candor de la adolescencia. Luego pasan las cosas que pasan.

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Sobre el autor

Jaime Rojas, delegado de El Norte de Castilla en Segovia, nos contará, todos los domingos, la crónica social de Segovia, capital y provincia.


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