Todo olía a despedida en el acto del Día de la Provincia que llenó de segovianismo el jueves el teatro Juan Bravo. Hasta las lágrimas de una de las personas distinguidas, Pilar Cernuda, gallega ya segovianizada después de 30 años con residencia en Marugán, visibilizaron sin ella pretenderlo el adiós melancólico de algunos de los diputados provinciales, que están pero no volverán.
La periodista llenó el escenario en una breve intervención quebrada por la emoción –«soy muy llorona», acertó a decir–, como lo hicieron el entrañable músico Ismael, el verbo fácil de Antonio Horcajo o la solemnidad de Rafael Cantalejo; o la altura intelectual de Álvaro Gil-Robles y la espontaneidad de los alcaldes distinguidos por llevar muchos años en su ingrato y no remunerado cargo de sus pequeños pueblos. «Es un honor arreglar tuberías», lanzó Mariano Iglesias, regidor de Cobos de Fuentidueña.
Luego, entre las bambalinas del cóctel posterior, codo con codo, las conversaciones fueron monotema: las elecciones, quién se queda o se va o cómo le ha ido a este o al otro. Algunos como seguidores de Mariano, hicieron suya la frase para consolarse al pensar que sí hay honor en servir a tu pueblo. Y mucho, arregles o no tuberías.