{"id":195,"date":"2014-04-14T12:04:43","date_gmt":"2014-04-14T11:04:43","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/lacanaleja\/?p=195"},"modified":"2014-04-14T12:04:43","modified_gmt":"2014-04-14T11:04:43","slug":"paseante-no-hay-paseo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/lacanaleja\/2014\/04\/14\/paseante-no-hay-paseo\/","title":{"rendered":"Paseante, no hay paseo"},"content":{"rendered":"<p>De vez en cuando sufrimos golpes inesperados que nos afectan a la bendita cabeza. Nos da por cambiar de h\u00e1bitos de forma estrepitosa, sin encomendarnos ni a la m\u00e1s m\u00ednima ley de la prudencia. A m\u00ed me ha pasado en los \u00faltimos tiempos y he abrazado sin reparo la teor\u00eda del ejercicio f\u00edsico. Y todo sin pasar por un t\u00e9rmino medio, que de sedentario irredento he dado en cuasiobsesionado por mover las piernas. Un disparate, si se tiene en cuenta que todos los excesos son poco recomendables y que los cambios bruscos y extremos no conducen a nada bueno.<br \/>\nPues ahora \u2013y perdonen que les cuente mi vida, algo que dicen mis hijas practico mucho con desconocidos, lo que provoca siempre su guasa\u2013 me ha dado por pasear a primer\u00edsima hora de la ma\u00f1ana por la deliciosa Alameda del Parral y su entorno. All\u00ed me encuentro con las mismas caras casi siempre y como relojes est\u00e1n los primeros mis amigos Mach\u00edn o Pepe Niza o el otro Pepe, el de la Matita, o Alberto, del Jos\u00e9 Mar\u00eda. Ellos corren, preparados y con todo lujo de detalles en la indumentaria; yo, no, que tampoco hay que sobreactuar. Un pescador con bigote es tambi\u00e9n habitual del amanecer; bien pertrechado, de verde como mandan los c\u00e1nones, cambia de posici\u00f3n supongo que buscando el sitio adecuado, que en este asunto de los peces uno entiende m\u00e1s bien poco.<br \/>\nCuando voy algo m\u00e1s tarde, aquello ya empieza a poblarse. Mam\u00e1s y pap\u00e1s que han dejado a los ni\u00f1os en el cole son los pobladores de las nueve de la ma\u00f1ana y entre ellos mi amigo Dani, el de la tele local. Despu\u00e9s de esa hora ya no he experimentado, pero presumo que los andarines cambian, como lo hacen el fin de semana. Ya saben que esta es una ciudad partida en dos, primero por el Acueducto y, tambi\u00e9n, por el perfil de los transe\u00fantes: a diario los nativos y en festivos, los turistas, esos tipos que criticamos cuando vienen aqu\u00ed pero en los que, obviamente, nos convertimos cuando traspasamos la raya segoviana.<br \/>\nPues partida, como les digo que ocurre doblemente con la ciudad, est\u00e1 tambi\u00e9n la extraordinaria zona de la alameda y aleda\u00f1os, ese cintur\u00f3n verde que discurre por la ribera del Eresma. El paseo que, como bien conocen, recorri\u00f3 Machado para cantarlo en los versos que est\u00e1n reflejados en el puente que conduce al ed\u00e9n segoviano: En Segovia, una tarde, de paseo,\/por la alameda que el Eresma ba\u00f1a,\/para leer mi Biblia\/ ech\u00e9 mano al estuche de las gafas\/\u00a0 en busca de ese andamio de mis ojos,\/mi volado balc\u00f3n de la mirada.<br \/>\nSeguro que ahora si Don Antonio lo viera buscar\u00eda otro lugar de inspiraci\u00f3n, salvo que hubiera querido describir un paisaje despu\u00e9s de la batalla. Sus gafas, su balc\u00f3n de la mirada, se tambalear\u00edan entre tanto bache, tanta arena desplazada y tanta rama que impide al r\u00edo discurrir con fluidez. La riada del mes pasado as\u00ed lo ha querido, sobre todo\u00a0 entre el puente de la Moneda y la pradera de San Marcos. Un kil\u00f3metro que m\u00e1s parece zona de guerra que de ocio. Un mont\u00f3n de euros tienen la culpa para que aquello vuelva a ser lugar en el que segoviano que va, segoviano que se engancha. Un sitio al que hoy Don Antonio le hubiera dedicado un paseante, no hay paseo, se hace paseo con no s\u00e9 cuantos miles de euros que cuesta arreglar el desaguisado de la naturaleza y de quienes han de vigilarla.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De vez en cuando sufrimos golpes inesperados que nos afectan a la bendita cabeza. Nos da por cambiar de h\u00e1bitos de forma estrepitosa, sin encomendarnos ni a la m\u00e1s m\u00ednima ley de la prudencia. A m\u00ed me ha pasado en los \u00faltimos tiempos y he abrazado sin reparo la teor\u00eda del ejercicio f\u00edsico. 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