{"id":294,"date":"2016-02-10T11:26:05","date_gmt":"2016-02-10T10:26:05","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/lacanaleja\/?p=294"},"modified":"2016-02-10T11:26:05","modified_gmt":"2016-02-10T10:26:05","slug":"picaros-en-el-azoguejo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/lacanaleja\/2016\/02\/10\/picaros-en-el-azoguejo\/","title":{"rendered":"P\u00edcaros en el Azoguejo"},"content":{"rendered":"<p>El tiempo parece haberse detenido en el Azoguejo. El reloj est\u00e1 congelado en la plaza de entrada a la Segovia monumental, un lugar que fue de mercado y hoy contin\u00faa como espacio de confluencia de gentes. Con la mirada p\u00e9trea del Acueducto,\u00a0 ya no se vende ni se compra, pero sobre sus losas se vive con intensidad, como siempre. No hay arrieros, ni hortelanos, aunque es lugar de peregrinaci\u00f3n al que acude todo el quiere algo con, de, para y por Segovia.<br \/>\nY entre ese rompecabezas de gentes seguro que se han fijado en los vaivenes de quienes reparten publicidad de restaurantes cercanos. Relaciones p\u00fablicas o algo parecido se hacen llamar. Te preguntan si vas a comer, as\u00ed en general, a lo que la mayor\u00eda contesta poniendo una cara de alguna vez habr\u00e9 de hacerlo pues tengo esa bendita costumbre. Somos los abor\u00edgenes del lugar, a los que nos confunden con turistas si vamos con cara de despistados, as\u00ed como los visitantes que ya han concertado la manduca con el viaje organizado correspondiente.<br \/>\nLuego est\u00e1n los que a\u00fan no han previsto donde cumplir con el meollo de la visita a Segovia, que para casi todos no es otro que comer. Suelen vacilar al tiempo que exhiben una expresi\u00f3n de duda. Y los \u2018public relation\u2019 o los mendas de la propaganda, les colocan el panfleto en las manos y sin que puedan reaccionar les explican las bondades del establecimiento y su cocina de toda la vida. A esto le a\u00f1aden que han tenido una gran suerte, porque por ser ellos y por estar en el lugar oportuno y en el momento adecuado les hacen una enorme oferta, imposible de rechazar.<br \/>\nComer\u00e1n judiones, cochinillo y ponche por unos m\u00edseros euros ya que han tenido la fortuna de toparse con \u00e9l o ella. Y porque les cae bien, qu\u00e9 narices, y hace un d\u00eda magn\u00edfico en el que merece la pena darse un homenaje gastron\u00f3mico y llenar la barriga por muy escaso dinero. Si la familia o la parejita consigue desembarazarse del vendedor todo habr\u00e1 terminado all\u00ed sin m\u00e1s. Sin embargo y como es l\u00f3gico, hay quien sucumbe, lo cual est\u00e1 muy bien para el tipo que se llevar\u00e1 su comisi\u00f3n, algo leg\u00edtimo.<br \/>\nHasta ah\u00ed todo dentro del orden civilizado en el que estamos. Ley de la oferta y la demanda, marketing m\u00e1s o menos agresivo y producto adaptable a bolsillos diversos. Todo correcto. Pero siempre hay un pero en esta naci\u00f3n de naciones, en estas Espa\u00f1as donde quien no corre, vuela. Y el pero son los p\u00edcaros, especie que, lejos de extinguirse, se reproduce a lo largo de los siglos como si el progreso y las sagradas tecnolog\u00edas que todo lo saben no les afectaran. Por estupendos europeos que nos pongamos, aqu\u00ed el producto nacional es muy singular y cada espa\u00f1olito lleva un pillo dentro.<br \/>\nLa picaresca viene porque los mendas de la propaganda en el Azoguejo hay d\u00edas que no hacen ni un cliente. Y para solventarlo a algunos se les ocurre detectar a los turistas que quieren ir a C\u00e1ndido. \u2018Come on\u2019 o un \u2018ya les llevo yo\u2019, les largan mientras les conducen a otro lugar que no es la m\u00edtica casa del mesonero. All\u00ed supongo que les ense\u00f1ar\u00e1n elementos t\u00edpicos que no les hagan sospechar,\u00a0 que estos bribones descienden del Busc\u00f3n que desde la primera l\u00ednea ya advert\u00eda que era de Segovia. Y entre leyenda y leyenda, entre Don Pablos y C\u00e1ndido, la vida en el Azoguejo no cambia as\u00ed pasen siglos, turistas y cochinillos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El tiempo parece haberse detenido en el Azoguejo. El reloj est\u00e1 congelado en la plaza de entrada a la Segovia monumental, un lugar que fue de mercado y hoy contin\u00faa como espacio de confluencia de gentes. 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