Artículo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 19 de mayo de 2014
El macabro asesinato de la presidenta de la Diputación y del PP en León, Isabel Carrasco, ha iluminado los peores perfiles de los que se cobijan en las tinieblas de las redes sociales. El caso de Twitter ha sido francamente bochornoso. Bien es cierto que la mayoría de los tuits publicados contenían palabras de condolencia y condena, sin embargo, no han sido pocos los que han exprimido su ingeniosa cobardía para hacer alarde de un humor negro que ni es humor ni es negro: es impune necedad; necia impunidad. Pero peores que estos han sido los firmados por algunos personajes públicos –prestidigitadores en posesión de la verdad absoluta– que, haciendo uso de su volumen de seguidores, se han apresurado a emitir su veredicto cuando aún se podía escuchar el eco de los disparos. Porque en Twitter el que primero aprieta el gatillo mata dos veces.
Todo por un retuit.
He de reconocer que he escarbado en la red social en busca de los comentarios más dolosos e hirientes, sin embargo, apenas he tenido que ensuciarme las uñas porque son precisamente esos los que más éxito tienen y por tanto, los que antes afloran a la superficie; como la mierda –disculpe el exabrupto–. Citaría algunos casos con nombre y apellidos, pero no querría alimentar su ya de por sí empachado ego.
Todo por un seguidor más.
No soy partidario de censurar las redes sociales, censuro a quienes las deshumanizan, a los frívolos, a los aspirantes a bufón cibernético, esos juglares de saldo. Porque no es la primera vez que ocurre. Es la ofensa gratuita disfrazada de libertad de expresión, y si a esto añadimos que se puede agredir a quien uno quiera parapetado en la trinchera del anonimato, pronto será una moda.
Todo por un favorito.
Como pajarito azul no controle su pico corre el riesgo de ver como su plumaje de libertarias alas azules se tiñe de un vergonzante morado. Morado, sí, como el color del vino que bebo y no pago.
Web: www.perezgellida.es
Twitter: @cpgellida