Juan Vicente Herrera no inventó ayer el realismo, pero lo patentó para referirse a partir de ahora a una comunidad que lejos de tener como seña de identidad la despoblación debe tener la población; que lejos de estar deshabitada está habitada y por muy buena gente; que… En fin, que dio una patada al “des”, mandó el prefijo a la papelera y dijo que o sacamos pecho o nos van a dar hasta en el carné. Quien no supiera leer ayer en las formas, vía imagen, al presidente de la Junta de Castilla y León, que se dedique a cualquier cosa menos a la política. Primera muestra de Herrera en la tribuna, tono de voz, mensaje y postura incluidas: humildad; la humildad de quien admite que no ha tenido éxito con un programa (la anterior Estrategia de la Población, del 2005) y vuelve a presentarse con una segunda propuesta más atrevida, arriesgada y, la verdad, llena de ambiciones y sueños. A fin de cuentas, qué somos si no soñamos; pues eso.
A la humildad de quien reconoce un error, se añadió ayer en Herrera (y aquí el tono de voz de la réplica a la portavoz socialista y la insistencia en invitar al PSOE al acuerdo fueron definitorios), se le añadió el optimismo. Optimismo no ya porque no estemos tan mal, que no lo estamos, sino porque el mensaje es: estamos bien, pero vamos a ver dónde están los desequilibrios. Aquí se vio a un Herrera nada utópico, que además se amparó en datos de órganos y medidores estatales (gestionados por el Gobierno de Zapatero desde hace seis años) para que no le acusen de que usa la estadística regional en beneficio propio. Para evitarlo, la estadística de Zapatero.
Y, finalmente, el Herrera realista, humilde y optimista trató de redondear el discurso con una imagen combativa: hay que asumir las cuestiones relacionadas con la población «sin complejos». Así que manos a la obra. Ya sabe que con el PSOE no cuenta. Ahora empieza un mes y medio de contactos con todos los colectivos y agentes sociales y económicos. Y, sin complejos, con los apoyos que recabe, en abril en marcha. Pocas veces una segunda oportunidad ha sido tan necesaria y, a la vez, tan reclamada.