El primer aniversario de la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca está permitiendo descubrir una serie de aspectos -sobre él como líder político y sobre lo que fue su campaña- que muchos de ellos, en vísperas de que empiecen a retumbar en Castilla y León los tambores preelectorales autonómicos, permiten trasladar a este escenario una serie de reflexiones sobre lo que se avecina. La más importante, sin duda, la que hace referencia a las herramientas que el presidente norteamericano utilizó para llegar al electorado, para llegar al votante y hacer que éste depositase su voto apoyándole.
Se ha escrito mucho sobre el peso de Internet en la campaña de Obama. Hay un sinfín de opiniones sobre el asunto y prácticamente todas resaltan el peso de la Red en la campaña presidencial de Obama. Pero esa teoría tiene tantos detractores como defensores. Y ha tenido que salir uno de los principales estrategas de la campaña electoral del presidente estadounidense para poner las cosas en su sitio y dejar claro qué intenciones perseguían y cómo las consiguieron.
Cuauhtémoc Figueroa, que así se llama este estratega, artífice de que los votantes latinos de EEUU se inclinasen mayoritariamente (67%) por Obama, ha declarado hace unos días que Internet para Obama y su comité electoral no fue más que un «mero instrumento de campaña», sólo un instrumento. Es decir, desmonta de raíz las innumerables teorías que han avalado el éxito de Obama vinculándolo a la Red. Desde dentro del propio cuartel general electoral del presidente norteamericano han tenido que recordar lo imprescindible en un líder político y en un partido para captar el voto: el mensaje. Es el mensaje lo que llega al elector, el mensaje.
Y ahora que en Castilla y León ya todo empieza a verse en clave electoral (la cita es el 29 de mayo del 2011) cobran especial relevancia las palabras de Cuauhtémoc Figueroa: «Al poder (sea para conquistarlo, sea para mantenerlo) se llega por el mensaje». Eso sí, éste deberá ser condimentado suficientemente para que lo perciba el elector. Un mensaje sin presupuestos no llega; un mensaje sin canales para trasladarlo, no llega; y un mensaje sin alguien con carisma que lo emita, no llega. Pero todo confluye en lo mismo: el mensaje es la clave. No hay otra. El mensaje.
De ahí que la gran incógnita que sobrevuela ahora mismo la política de Castilla y León sea la de en qué mensaje pueden estar trabajando los líderes de los dos principales partidos políticos de la comunidad, PP y PSOE, para convertirlo en el eje de su campaña. Porque son varias las circunstancias que hacen muy, pero que muy especial la próxima campaña autonómica y el periodo 2011-2015 para el que va a ser elegido el nuevo presidente regional. Hay que tener en cuenta que la campaña viene precedida de una crisis económica en la que seguirá sumergido el mundo el próximo año. Que, por ejemplo, la industria regional tiene una dependencia atroz de la automoción y que justo en el 2015 se termina el periodo de trabajo que ha diseñado la primera industria automovilística con sede en la región (Renault) para el plan presentado a las administraciones central y regional recientemente. Que la despoblación seguirá como problema fundamental del medio rural y para dentro de un año estará dando sus primeros pasos la Agenda de Población que Herrera se ha comprometido a presentar en febrero. Y así una interminable relación de problemas que acucian a la comunidad autónoma para los que los líderes políticos que competirán por la Presidencia de la Junta deberán tener un mensaje con el que ilusionar al votante para que se acerque a la urnas. El mensaje; la clave es el mensaje. Sin mensaje, ni líder, ni proyecto, ni campaña. Y, claro, ni votos.
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