Cuando Gustave Courbet pintó ‘El origen del mundo’ no se imaginaba que le iban a censurar en Facebook. Su gran vanidad le hubiera dado pie a colapsar las redes sociales con sus desaires y a ser trending topic en un viaje imaginario desde el siglo XIX hasta la era de la tecnología.
Medio mundo se escandaliza con su explícita imagen del sexo femenino; otro tanto, con la publicidad de un programa dedicado al sexo anal, rasgándose las vestiduras alegando que se promocionó en horario infantil.
En horario infantil, juvenil y senil se enteran muchas familias de lo que cobran los diputados (ya saben, no menos de 4.000 al mes, más las dietitas, el pisito pagado y los viajes en primera) mientras casi cinco millones de parados estiran una patata hasta convertirla en ocho y multiplican los panes y las sardinas por cualquier múltiplo de dos. En horario infantil, también, Celia juega a agrupar frutitas por 7.565 euros al mes en 14 pagas y Andrea Fabra se mofa de los desempleados con un “que se jodan”, y ya lo creo que se joden, porque a veces solamente disponen de un cero para multiplicar sus ingresos y de un millón para multiplicar su desesperación.
En horario infantil, igualmente, y a todas horas, sale una chica rubia que contesta a su entrevistador moviendo las tetas y es noticia en todos los periódicos del país. Otro puñetazo al feminismo.
En horario infantil se producen los desahucios, los suicidios, la violencia en el ámbito familiar, los ajustes de cuentas, los fraudes fiscales, las muertes por hambre, la pobreza energética, los hurtos famélicos: la vida en negro.
Si de proteger la sensibilidad de los menores se trata, algo no me cuadra. Si es tan malo para un menor saber que existe el sexo anal, ¿no lo es más saber que sus padres sufren constantes ataques de avaricia y son capaces incluso de, aun disponiendo de una asignación diaria de cuatro cifras, apropiarse de fondos destinados a niños discapacitados? ¿Son juzgados esos progenitores por atentar contra los sentimientos de sus hijos, contra su educación y su sentido de la ética?
Está claro que la ética ha sufrido tantos puñetazos como el feminismo, tantos como la accesibilidad a un trabajo digno, a una vivienda, a una educación igualitaria, a la sanidad… Los derechos sociales están siendo pisoteados vilmente y sólo se nos ocurre pasar la goma de borrar por los labios mayores de Courbet o tachar de las ondas una publicidad sobre información sexual. Y cuando el puritanismo resurge salen de las cloacas todas las ratas que en las sombras desahogan sus sociopatías.
No pasa nada. Si mis hijos me preguntan algo sobre sexo anal y la ola de represión me invade momentáneamente, ya les diré que es el amor que nos profesan muchos políticos, empresarios con ínfulas de amos y personajes salidos de un cuento de princesas. ¿Qué hago si se dan cuenta de que lo que nos hacen es más bien dar por el culo?