Bien entrada la primavera era costumbre hacer limpieza general y la lana era devuelta a los altillos. Salían de entre las sombras las camisas ligeras y los vestidos de flores. Se aprovechaba el cambio de vestuario para retirar muebles y blanquear techos (allá donde me llega la infancia chiquita recuerdo a las mujeres enjalbegando fachadas) y así recibir el buen tiempo con olores renovados y con colores de luz.
El final de la primavera me recordaba siempre a Picasso porque adivinaba el verano en el fondo de sus cuadros, que no eran más, entonces, que simples estampas de arte incompleto en un libro inconcluso de arte mermado. Los gestores de la educación habían hecho limpieza general en un invierno eterno de tinieblas y santos.
El electricista de Picasso, que hizo la luz en su residencia de Mougins, ha guardado durante 37 años en su garaje 271 obras del malagueño y ahora es condenado porque los descendientes del pintor aseguran que son producto de un robo. Esto nos invita a pensar que Pierre Le Guennec es un señor de ésos de cronotipo lento y genotipo lelo, capaz de pasar penurias durmiendo al lado de 60 millones, cifra en la que está valorado el lote que guardaba en una caja, junto a las mantas de invierno y a los vestidos de primavera.
Aquí, al sur de la bella Francia, también tenemos un electricista, Fernández Castiñeiras, con querencia por obras de arte y su depósito en cochera. Éste afanó el Códice Calixtino -y así gran parte de los mortales supimos de su existencia-, pero como su genotipo era de los espabilados, lo acompañó de dos millones que manaban de la Catedral de Santiago para su subsistencia y la de su familia.
En mi pueblo, mientras las mujeres encalaban casas, el tío Electricista (llamado así en un alarde de originalidad semántica) cayó de un poste tras recibir una descarga de quién sabe cuántos voltios dejando un brazo en el camino y una pierna en el cielo. También conocido como ´tío Chispa’, como era del genotipo honrado, se conformó con una pensión de invalidez y con poder pasear a trancas y barrancas por las calles de la villa.
Los electricistas de la hornada d.c. (desde la crisis) lo más que hacen es evitar emitir alguna factura a fin de que los impuestos aniden, se reproduzcan y engorden en sus diarias pesadillas de autónomos castigados por ser autónomos. Son éstos del genotipo ‘dios que no llego a fin de mes’.
Por todo el país pasean seres repugnantes del cronotipo rápido y del genotipo ‘me lo llevo todo’, que un día visitan la cárcel y al siguiente el casino. Ni crisis ni descargas eléctricas han hecho mella en sus gustos de marqueses.
Bien entradita esta primavera se procederá a una limpieza general con la intención de meter toda esta basura en bolsas y quemarla en el Hoyo de las Brujas. Después se enjalbegarán todas las casas porque el humo procedente del genotipo rata es más negro que el alma de sus tarjetas.