>

Blogs

lolaleonardo

mis tripas, corazón

Ni reina de las fiestas

Estimado Felipe, no creo que sea merecedora de ostentar el título de duquesa, ni de Palma ni de Matapozuelos, más ahora cuando el antiguo régimen está tocado y asistimos, casi incrédulos pero felices, a su inevitable y más que esperada caída. No podría yo, en estas circunstancias, volver al tocino rancio.

Quienes me conocen saben que los títulos me producen más alergia que los banqueros. Sé que es debido a un trauma de juventud provocado cuando, año tras año en mi mocedad, veía pasar por delante de mis narices el título de reina de las fiestas y siempre era para otras, que incluso cuando no hubo mozas en el pueblo porque todas emigraron o ya no eran mozas y ya me veía ese verano coronada y enflorada, prefirieron dárselo a Quique el de la Patro, porque lucía mejor que yo en tacones; aún lo hace. Y no hubo ni damas de honor aquel agosto.

Fíjese que desde entonces comencé una cruzada contra los títulos y, salvo en los de crédito, no creo en ninguno; ni siquiera recogí el de maestra de primera enseñanza, que en gloria esté (no mi título, la enseñanza pública).

De mi lucha dialéctica contra los grandes habrá tenido noticias todos estos años, lucha que culminó en los sesenta con la creación del Comando Durruti y que, con la llegada de la crisis, dejó a un lado sus ataques contra la nobleza latifundista para emprender caminos junto a los olvidados. Porque para nosotros ya era conmovedor hace años lo que significaba la ciudadanía y ahora mi amiga Manuela, la de Madrid, lo ha soltado a los cuatro vientos: ¡Qué bien ha sonado en primavera!

Comprenderá que, con estos nuevos tiempos y con mi trayectoria sociovital, me niegue a aceptar el Ducado, aunque sigo fumando negro. No quiero que este rechazo se convierta en una afrenta a la ciudadanía de Palma, ni siquiera a la de Matapozuelos, cuando ambos lugares representan para mi perra Canela y para mí una referencia de fuertes e importantes recuerdos, a pesar de que a la primera la conozca más que nada en postales de mi amigo Jordi. Pero aun así, que no se vea como un desdén mi gesto, que también. Que a estas alturas de la vida,  ya rozando los setenta, lo más cómodo sería aceptar la distinción sin reparos y pasar a firmar mis cartas como tía Enriqueta, duquesa de los desarrapados. Pero hace tiempo que dejé de enviar manuscritos, justo cuando el Jordi me enganchó a los mensajes de telefonía móvil. Y ahí no rubrico.

Comprenderá que liderar el comando del frío o la pandilla famélica me ha reportado muchas más satisfacciones que las que me podría suponer cualquier etiqueta nobiliaria que, permítame la sugerencia, debería no volver a irrumpir en estos tiempos.

PD: No sé si con el título vacante había pensado en mi persona para ‘ocuparlo’, pero antes de que regresen las mozas al pueblo este verano, me atrevo a rechazarlo.

Firmado: Enriqueta, la hija del cabrero, moza a perpetuidad. (No tengo sello)


junio 2015
MTWTFSS
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
2930