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mis tripas, corazón

Adictos al amarillo

“Reza para que me estalle el corazón”. Con estas palabras Najwa Nimri toca la muerte en el último episodio (por ahora) de una de las grandes series televisivas.

Me llamo Lola y soy adicta a Vis a Vis. Esta noche, ante su ausencia y para rendirle culto, me pondré por tercera vez el de la muerte de Leopoldo. Épico el capítulo.

En esta temporada ha pasado lo que esperábamos, lo que no esperábamos y más. Todos los personajes, aun derrochando infiernos, han tocado el cielo.

Trepidante, apasionante. Alrededor de la serie se ha formado lo que ya se conoce como Marea amarilla, con una legión de seguidores que han optado por este color para visualizar el traje de reclusas de las protagonistas más allá de la pantalla, de esa pequeña que han hecho grande, enorme.

Nadie debería perderse los gestos y las miradas de Najwa convertida en una magnética villana. El personaje de Zulema ha hecho historia en la televisión y, según ella, también en su vida. Nadie hubiera permitido permanecer durante toda la serie a una mala mediocre. La actriz asegura que sus momentos favoritos son los perversos, esos instantes que tanto placer le producen y tanta aversión nos despierta para luego querer quererla cuando, sentada en un banco, roza la hierba con su pie descalzo. Y nos gustaría haber sido brizna, y dedo, y playera.

De la actriz navarro-jordana al leonés-vallisoletano Roberto Enríquez, éste, que nos dio memorables imágenes de sus muslos interpretando a Viriato en Hispania, ha ido demostrando tanto en el teatro como en el cine, que no se le resiste ni Shakespeare ni Chéjov, que desde el 89 no ha dejado de aparecer por nuestras vidas y que si nos pide que le besemos, le besaremos. Sobre Vis a vis asegura tener la sensación de haber estado en el mejor sitio posible en el mejor momento posible. Él es Fabio, el guardián de los infiernos. Y él también llega al cielo.

De la inocencia más tierna a la oscuridad total, Maggie Civantos interpreta a Macarena Ferreiro y de su trabajo en esta serie debería haber salido aquello de que la energía  ni se crea ni se destruye, solamente se transforma. Cada cambio que ella experimenta, lo sufre cada espectador. “Creo que me estoy convirtiendo en un animal”, comenta en una escena. Y a todos nos convierte al tiempo.

En muchos de los 1.800 minutos de ficción que hemos disfrutado hasta ahora, Alba Flores, la nieta de Lola, la hija del desdichado Antonio, ha estado expeliendo intuición ancestral. Una tierna bestia actuando.

Cada escena ha sido todo un acto de coherencia, por muy doloroso que resultara, como la muerte de Leopoldo Ferreiro, el gran Carlos Hipólito. Cada latido de Sole, cada maldad de Anabel, cada perversión del doctor, cada beso de Rizos… Añadir además que los insertos documentales nos han regalado escenas memorables y la total certeza de que el mundo real es mucho más pequeño que el mundo de la imaginación.


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