Cuando ya parecía que habíamos hundido en el profundo barro el sistema patriarcal, resurge el paternalista. Y esta palabra, a la que han convertido a su antojo en un eufemismo de la anterior, se refiere a un sistema que no es más que un reflejo de esta sociedad a la que le ha dado por patear todo lo rancio debido al clamor popular y lo vuelve a exhibir disfrazado y aderezado con nuevas ropas y perfumes frescos.
Son lo mismo: patriarcado y paternalismo. Un zarpazo más contra las libertades. Contra las de las mujeres, claro. Ya lo he dejado caer en alguna ocasión entre estas páginas, pero lo repetiré porque se han empeñado en hablar por nosotras creyéndonos incapaces. Se han erigido en figuras paternalistas creyéndonos menores mentales. Se han obcecado en dirigir nuestras vidas creyéndose capaces de ser dueños, pastores, coach de almas y de úteros.
Cuando así se actúa, cuando así se gobierna, cuando así se vive, no se educa para la libertad sino para la sumisión.
Ahora también nos intentan proteger de los bomberos de Zaragoza porque las imágenes de su próximo calendario solidario, además de “sexistas”, profundizan en unos parámetros estéticos “muy alejados” de la realidad del común de los mortales; una visión idealizada que “podría promover trastornos, frustraciones o inseguridades entre hombres y mujeres”, aseguran desde la Consejería de Servicios Públicos del Ayuntamiento de Zaragoza.
Y me pregunto yo si estos padres amorosos no se han dado cuenta de que, si ver año tras año (desde 1995), el desfile de los ángeles de Victoria’s Secret, no ha llevado a alguna mujer a la depresión por la frustración de no tener alas y una caja torácica donde encajar un sujetador de dos millones de dólares. Pues ahí está, con una audiencia potencial de 800 millones de espectadores y preparando show para noviembre. Este año, seguro, tampoco nos van a llamar.
Lo mismo sucede con los desfiles convencionales de moda. Porque por mucho que se haya protestado contra la extrema delgadez de algunas de las modelos, ahí están ellas, cada vez más extinguidas, más lánguidas y más púberes.
Y nosotras, cada vez más molladas, más vigorosas y con más canas, lo único que echamos de menos es la diversidad. Allá ellas, que vuelen como quieran o que el viento las arrastre. No nos representan, no, pero ¿quién quiere que le represente la Barbie superstar? Esa que cantaba Sabina de “los pies diminutos y los ojos color verde marihuana”, ella que, decía Neruda, es “toda de espumas delgadas y ligeras”.
De la imagen insolente de estas muñecas perfectas, nos defendemos solas, de los bomberos descamisados, habrá que hacer una exhaustiva valoración (envíenme un calendario), de los cada vez más numerosos personajes paternalistas habrá que irse arrancando babas. Intentan de nuevo la supremacía, y de la asimetría de poder al abuso de poder hay sólo un paso. Dos mujeres muertas más, dos niñas y Eli, una transexual. Son los datos negros de los últimos tres días.