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Engracia y el ascensor

Si se trata de humanizar algo es que ese ‘algo’ está deshumanizado. Aquí, en Pernambuco y en Sebastopol.
El Clínico de Valladolid ha decidido poner en marcha un proyecto de humanización siguiendo el ejemplo de centros de Madrid y de Castilla-La Mancha que, según comentan los expertos, “están a la vanguardia en este tipo de actuaciones”.
Parece mentira que se tenga que llegar a estos procesos cuando deberían existir ‘per se’ en hospitales, sanatorios, clínicas o como quieran llamarse los lugares de atención a los enfermos.
Si se está hablando de proyectos de humanización es que ésta está ausente. No lo digo yo, lo dicen las palabras, el lenguaje utilizado. Y si no lo estuviera, que busquen otros términos para que no nos tengamos que sonrojar.
Y así lo ha hecho el gerente del Clínico. Javier Vadillo prefiere hablar de rehumanización al referirse a la labor de los profesionales: “Ésta tiene que basarse en aquellos elementos que siempre han caracterizado la actividad de cuidar al enfermo, que son la comprensión, la generosidad y la tolerancia”.
Eso es, lo que se necesita es una reactivación: “Somos personas y trabajamos con personas, por lo que la humanización forma parte de nuestro ADN; es algo que debe ser consustancial a nuestro trabajo”. Con estas palabras, el gerente del Río Hortega, José Miguel García Vela, alude al material genético del que están hechos los profesionales de la salud, y que no es precisamente una fuente de circuitos y algoritmos, aunque a veces nos lo parezca.
Yo no creo realmente que nuestros hospitales estén deshumanizados; las carencias son de otro tipo. Bien está que se plantee la idea de hacer una terraza con juegos para los pequeños ingresados, pero no estaría de más que alguien hiciera algo por la señora Engracia, una viejita de 80 años que desde hace dos semanas espera el único ascensor que hay en el Clínico para las visitas. Solamente pretende subir a la 5ª Norte a ver a su marido, recién operado de la cadera. Lo mismo incluso ya le han dado el alta mientras ella anhela que el tumulto le deje un huequecillo para alcanzar el cielo.
Salvo en el caso de pediatría, lo de incrementar y facilitar horarios de visita, no lo veo: con un achuchón y un vuelvo mañana y te cargo la tarjeta de la tele, valdría. Lo demás supone estorbos para el servicio y molestias para el de la otra cama que clama silencio.
Que no se nos olvide: el número de pacientes en lista de espera quirúrgica se incrementa mes a mes y, por supuesto, también los días: 80 de media. Algunos esperan nada menos que 300 para pruebas diagnósticas. Por mucho que se quieran maquillar los datos, éstos siempre cantan y, si no, son los usuarios los que gritan en las manifestaciones: “Nos duele la sanidad”.
La gestión sanitaria, rodeada de recortes, irregularidades y reprobaciones al ‘jefe’, ha tenido un papel preponderante sobre otras cuestiones. Será ésta la que haya que humanizar.

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